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INTRODUCCIÓN
Hacia el año 1000, la Ciencia era Árabe.
Es la época en la cual Harkem II, Califa de Córdoba
hace construir escuelas para que los niños pobres
puedan ser instruidos gratuitamente. No se trataba de
venir en ayuda solamente de aquellos de raza Mora, sino
más bien de asistir al pueblo de cualquier raza
o religión que fuese.
Así, España contaba con 27 nuevas Escuelas,
mientras que en todo el resto de Europa los mismos eclesiásticos
no sabían leer y escribir... Hubo igualmente
la fundación de una biblioteca con 400.000 volúmenes.
En fin, esa España Mora se convirtió en
el país de las maravillas, las comarcas de los
Misterios, del Saber y de las riquezas en todos los
dominios. El Obispo Álvaro de Córdoba,
se quejaba: Mis correligionarios descuidan totalmente
el Latín. Por el contrario, leen con avidez poemas
y cuentos árabes...
La tolerancia de los príncipes árabes
es legendaria; ellos tenían un profundo respeto
de todas las otras religiones, dado lo cual se vio rápidamente
la influencia de su civilización sobre toda Europa.
La Universidad de Córdoba no estaba abierta solamente
a los musulmanes y a los miembros de los partidos del
Imperio Islámico, sino a todos, ya fueran judíos
o cristianos.
Los árabes adoptaron el sistema de numeración
hindú, incluyendo el cero que los babilonios
habían utilizado también. Es así
que nuestras cifras que nosotros llamamos cifras árabes
(para diferenciarlas de las cifras romanas),
fueron introducidas por el monje Gerbert (quien estudió
en Córdoba, pero fue seguramente iniciado en
los Colegios Esotéricos).
Pastorcillo de Auvernia, a mediados del siglo X, fue
advertido por el sabio Abad Clemente y muy rápidamente
se hizo monaguillo en Aurillac; no quedó allí
mucho tiempo y no solamente se escapó del Convento,
sino que aún dejó Francia para ir a España
y más tarde a Roma; después en 972, enseñó
en Reims donde durante una decena de años trabajó
mucho las matemáticas y escribió igualmente.
Parecía querer instalarse entonces en Francia
y tomó aún parte en diversos movimientos,
ayudando también a Otón III a subir al
trono; es por eso que fue grandemente gratificado y
se le nombró Arzobispo de Reims. Accedió
en fin, en 999 a la Santa Sede, bajo el nombre de Silvestre
II (se le llama a menudo el PapaMago). Se dice
que él habría inventado un reloj a ruedas
(997), pero lo que es cierto es que ha dado numerosas
obras de alquimia, de astrología y de magia.
Otro nombre importante en astrología es el de
Regiomontanus, que es en Latín la traducción
del lugar de origen de Johannes Muller, nacido en Fraconia,
Konigsburgo (en latín Regiomontanus).
El Magister Purbach tomó en 1454, el lugar de
su maestro Johannes von Gmunden en la Dirección
de la Universidad de Matemática de Viena. J.
Muller de Konigsburgo vino a reunirse con su maestro
Purbach a fin de observar juntos el Cielo. Trabajando
en común fueron llamados a Roma para un trabajo
importante (traducción del manuscrito griego
El Almageste). Inútil es decir que
ese Tolomeo en el texto original les interesaba en sumo
grado, pero apenas habían aceptado, Purbach murió,
antes de haber podido siquiera comenzar el trabajo.
Regiomontanus tuvo derecho a toda la herencia de su
maestro y recogió de ese modo las notas, los
aparatos y se fue a Roma a hacer el famoso trabajo.
Viajó después a Venecia, a Padua, etc...
y al fin, a Viena, cuando el rey de Hungría (Matías
Corvinus) lo llamó para establecer nuevas Tablas
astronómicas. Recibió una hospitalidad
principesca y pudo trabajar con toda comodidad fabricando
también instrumentos de observación y
convirtiéndose en el Consejero y Astrólogo
del Rey.
Más tarde vino a instalarse en Nuremberg, donde
construyó su observatorio y montó su propia
imprenta así como su propio taller de instrumentos
astronómicos. Sus obras tuvieron mucho éxito
y sus efemérides tuvieron ecos cerca
del Papa Sixto IV quien le pidió ir a Roma para
reformar el calendario; desgraciadamente, Regiomontanus
murió (el 6 de Julio de 1476) sin haber podido
comenzar su trabajo (tenía apenas 40 años).
Claudio Tolomeo, el astrónomo griego, nació
en Tolomaeus (Alto Egipto) en el siglo II. Él
consideraba a la Tierra como el centro del mundo (al
menos en esos trabajos, lo cual era quizás una
consideración en el sentido de la facilidad de
sus enunciados, pero quizás también tenía
el conocimiento del movimiento heliocéntrico).
Platón enseñaba la rotación cotidiana
de la Tierra y Plutarco confirma que Platón no
consideraba a la Tierra como centro del Todo, dando
ese lugar a un astro mejor... Platón es quizás
por consiguiente, el primero que ha manifestado claramente
la existencia del sistema heliocéntrico. Un siglo
más tarde, Aristarco de Samos retomó esa
idea de Platón es de allí que Copérnico,
mucho más tarde, tomó su experiencia.
Los escritos de Aristarco de Samos se han perdido, pero
las pruebas de esa frase de Plutarco es completada todavía
por una citación de Arquímedes: Aristarco
expone en principio que la Tierra gira alrededor del
Sol, tomándolo como centro.
En El Hombre en su persecución del Tiempo
(pag. 82), Helga Pohl, escribe: Cuando los cristianos
empezaron a establecerse por todas partes, la acumulación
de conocimientos científicos en el Museion les
molestaba considerablemente. Y un día, la Biblioteca
de Alejandría quemóse de arriba abajo.
El Arzobispo Teodosio, con una banda de fanáticos
hacía su obra... Y cuando la sabia Hypatia (filósofa
y matemática griega, nacida en Alejandría
(370415), hija de Theón de Alejandría)
que ocupaba la cátedra de matemáticas,
fue torturada y llevada a la muerte bajo la orden el
Patriarca
Cirillus, los sabios que habían ejercido hasta
ese día sus funciones en Alejandría, fugaron
en todas las direcciones y el lugar donde florecía
la Ciencia se convirtió entonces en un desierto....
Es flagrante que todos aquellos que han venido a presentarse
en nombre del progreso y con la misión de preparar
a los pueblos, hablasen de un mensaje de reeducación
del mundo al mismo tiempo que destruían las pruebas
del Saber (César, él solo, destruyó
500.000 rollos de papiros).
Alejandría era una gran plancha girante que
reunía toda Babilonia, Egipto y Grecia. El Serapeion
era la biblioteca más grande del mundo, y el
Museion, el centro del más grande
Saber.
Erastóstenes, ese Espíritu Universal,
era el Director de la Biblioteca. En el Museion, Euclides
trabajaba su geometría y Arquímedes su
esfera (ese globo celeste movido hidráulicamente
mostrando los movimientos de los planetas). Es en Alejandría
que Eratóstenes fundó la geografía
científica; Hiparco (de Nicea), la astronomía
científica; Herófilos, la medicina científica,
Erasistrato continuó sus trabajos poniendo, de
una manera general, la medida del tiempo al servicio
de la medicina.
Así, las cuatro grandes fechas que marcan las
estaciones (Primavera, Verano, Otoño e Invierno)
que están caracterizadas por la entrada del Sol
en los signos cardinales, Cordero, Cangrejo, Balanza
y Capricornio, no pueden más ser admitidas científicamente
como siendo el 21 de Marzo, 22 de Junio, 21 de Septiembre
y 22 de Diciembre.
Esta consideración había sido aceptada
ya en otra ocasión; es así que el 22 de
Diciembre, fecha tan importante en el signo del Zodiaco
(cero grados del signo Macho Cabrío) sirve para
señalar no solamente el solsticio de Invierno,
sino el punto culminante, como la cima del Zodiaco,
parece estar predestinada a simbolizar el nacimiento
del Cristo Jesús. En efecto, ese Zenit
zodiacal, el emblema de la Cruz, presenta su cabeza
cuyo pie estaría en el punto que caracteriza
el solsticio de Verano (cero grados del signo del Cangrejo)
y los brazos que reposan sobre los puntos marcados por
los equinoccios de Primavera (cero grados del Cordero)
y del Otoño (cero grados de la Balanza). El Gran
Mesías tan esperado no podía nacer sino
con una tal posición solar, iluminando el mundo
zodiacal como su Palabra habría de traer la Luz
a los Hombres.
No obstante, esa célebre natividad no podía
ser una fecha fija puesto que ella simbolizaba tanto
el nacimiento de un Mesías para los hombres,
como una llamada al Cristo Cósmico; por ello,
la festividad a respetar fue sobre todo la entrada del
Sol en el signo de Capricornio (Macho Cabrío).
Ahora bien, si en aquella época el Sol se presentaba
en el grado cero del signo del Macho Cabrío,
el 22 de Diciembre, setenta y dos años más
tarde, se trataba del 23 de Diciembre; ciento cuarenta
y cuatro años más tarde, el Sol no alcanzaba
ese punto del solsticio sino el 24 de Diciembre y doscientos
diez y seis años después de ese gran acontecimiento,
el Sol no se presentaría delante de ese grado
crístico sino el 25 de Diciembre. Así
cada 72 años, la fiesta de Navidad era retrasada
un día; desgraciadamente la Iglesia de Roma,
que había dado ese primer ejemplo de respeto
científico en la simbología, creyó
en una cierta época que debía estancarse
sobre la fecha en uso y es desde entonces que toda la
cristiandad festeja la ceremonia de navidad en una fecha
que de todas maneras se funda en nada preciso.
En efecto, las verdaderas festividades iniciáticas
habrían debido respetar esa Cruz
que se presenta desde siempre en el Zodiaco, pero únicamente
observando (no las fechas de los diversos calendarios
que son cambiables) los 4 puntos fijos formados por
los Ejes: EquinocciosSolsticios.
Más ay! desde el tercer siglo, la Iglesia Apostólica
romana creía útil ya tomar medidas contra
los Astrólogos (*). Por otra parte
en el año 295, Dioclesiano había adoptado
también varias medidas de represión con
respecto a los iniciados. En su expedición
militar para dominar al Egipto sublevado, ordenó
tomar los libros de Ciencias Ocultas y quemarlos. La
misma idea hizo lanzar una Ley contra los Astrólogos
(quedada sin vigor evidentemente), pero que insertada
en el Código Justiniano ejerció desde
entonces una cierta influencia sobre los Padres y sobre
su conducta en lo que concierne a las Ciencias Ocultas
(Doctrina Esotérica, Tradición Iniciática,
Arte Sagrado, en una palabra la Magia en su sentido
de Magisterio o Dominio sobre el plano de
los Altos Estudios Espirituales: la Verdad Eterna).
(*) Se calificaba así a los matemáticos,
a los médicos, a los filósofos y a todos
los iniciados que no se conformaban con la teología
de la época. Son sin embargo esos mismos Astrólogos
quienes habían advertido el nacimiento de un
Mesías (se sabe que los 3 Magos son el emblema
de los 3 Colegios iniciáticos: ellos simbolizan
también las 3 Ciencias Sagradas: Astrología,
Qabbalah, Magia). En Oriente, los Astrólogos
son los encargados desde siempre de advertir la llegada
de los Cristos, Avatares y otros Grandes Instructores;
los Budas son aún así anunciados.
En el Tíbet, los nienches indican
el lugar y la familia en la cual el futuro DalaiLama
reencarnará.
No olvidemos nunca que aquello que fue conocido hace
millares de años se perdió y se olvidó
y ahora es que la ciencia va recuperando sus conocimientos
perdidos; nuestros físicos modernos son de hecho
brujos, y si bien la radio, el radar, la radioactividad,
etc., podrían haber sido calificadas de hechicería
hace dos o tres siglos, en cambio ciertamente no asombraría
a los Sacerdotes de ON (que los griegos han llamado
Heliópolis) o a los Iniciados de hace 20.000
o 30.000 años. Esa magnífica ciencia llamada
Guametría deformada en vaga numerología
es una prueba de la decadencia científica; así
como la pobre ciencia natural que nos ha
quedado en vez de la síntesis del conocimiento
de los seres llamada en aquella época fisiogonía.
También está la célebre alquimia
que permitió a los incas la manuabilidad del
oro, a los egipcios la coloración del cristal,
a los chinos el tinturar las telas, en los Templos de
la Atlántida conocer la electricidad, etc., y
que se ha transformado en la química
de los tiempos modernos que se pierde en la fabricación
de productos para inficionar la tierra, deteriorando
nuestros productos alimenticios y teniendo como consecuencia
las muertes prematuras, sin hablar de los bellos
inventos para aniquilar las muchedumbres más
rápidamente con las máquinas de guerra
siempre listas a ser empleadas con un buen motivo.
Se le tiene admiración al célebre zodíaco
de Tentira (escrito a veces Denderah) o al famoso calendario
azteca, pero, no precisamente por comprender (realizar)
el completo conocimiento de sus autores, pues no se
trataba para los astrólogos de la antigüedad
de predicciones del porvenir (que no era
más que una pequeña sección comprendida
por los pequeños profetas), sino que el título
de astrólogo implicaba los conocimientos de la
astronomía, de la medicina, de la alquimia, de
la filosofía, etc.... La parte esotérica
de la ciencia astrológica es la base de todas
las religiones, y así se trate de las 12 tribus
de Israel (en relación con los 12 signos del
Zodíaco), o de las 12 puertas de la nueva Jerusalem,
o de los 12 hijos de Jacob, o de los 12 Apóstoles
de Jesús (quien tuvo 72 instructores con relación
a los 72 semidecanos del Zodíaco y 360 afiliados
simbolizando los 360 grados del círculo zodiacal),
por todas partes se encuentran los valores correspondientes
a los 24 medios signos, a los 7 planetas o a los 4 signos
fijos (Toro-León-Aguila-Aguador), como están
tan claramente mencionados en el Apocalipsis IV, Vers.
4, 5, 6 y 7 o en el libro de Ezequiel I, Vers. 5 y 10.
En el mundo occidental la astrología fue preservada
naturalmente por las autoridades religiosas; los Papas,
los cardenales, los prelados, la predicaron y enseñaron
hasta la Edad Media, época en la que se produjo
una decadencia y parece que desde entonces la astrología
ya no fue muy bien comprendida.
La Francmasonería tiene por objeto en particular
el estudio de las ciencias (según el Manual de
la Francmasonería, la definición de la
Masonería es: Institución filantrópica,
filosófica y progresiva que tiene por objeto
el ejercicio de la beneficencia, el estudio de la moral
universal, de las ciencias y de las artes así
como la practica de todas las virtudes.) y desde
su primer grado la iniciación lleva al conocimiento
de los astros como ciencia y simbolismo.
Además del General Albert Pick a quien yo considero
como el iluminador de la masonería americana,
se ha distinguido Franck C. Higgins, grado 32, Past-Master
de New York, por sus artículos sobre El
Zodíaco y la Francmasonería, y él
está entre aquellos que se han mostrado como
verdaderos M.?. M.?., como Stanislas de Gaeita, Eliphas
Levi, Jean Marie Ragon, etc.
Higgins, en el Ancient Craft Masonery, art.VI, escribe
que: La doctrina secreta de Egipto fue el culto
al universal Jehová fundado pura y simplemente
sobre las partes avanzadas de las Ciencias básicas
del Mundo Antiguo, y, en particular, de la astrología,
de la geometría y de las matemáticas,
y lo que es más increíble para nosotros
y que es, sin embargo, la auténtica verdad: sobre
los más altos conocimientos en química,
óptica, cirugía y ciencias físicas,
siendo obvio mencionar la arquitectura, que en ninguna
parte del mundo en ningún período hasta
nuestros días, estuvo tan desarrollada como en
Egipto.
Este autor llega más lejos y con igual insistencia
en lo que respecta a los conocimientos antiguos que
es preciso recuperar: La base apropiada para el
estudio científico de la Egiptología no
está aún plenamente aceptada por millares
de científicos, pero la insistencia masónica
ha previsto siempre que Egipto fue el país de
mayor desarrollo de la Francmasoneria y que en sus caracteres
pictóricos de los cofres para momias o en sus
columnas esculpidas, tienen temas muy importantes que
guardaban escondidos bajo los espléndidos camouflages
de sus pomposas ceremonias y de sus suntuosos establecimientos
sacerdotales.
El S:.P:.D:.R:.S:. Franck Higgins deja traslucir en
sus textos un alto saber de esoterismo en general y
de iniciación masónica en particular.
El expone especialmente la división del Zodíaco
en relación con los misterios egipcios así
como el ojo de Horus comparable a aquel del triángulo
vigilando a los Templos.
El Poderoso Ojo-que-todo-lo-ve de la Masonería
es derivado del Ojo de Assur de los babilonios, el cual
tenía las pestañas repartidas en tres
grupos (de 3, 4 y 5 pestañas) lo que ha dado
nacimiento al símbolo del triángulo, del
cual veremos más adelante su uso. Utchat, el
Ojo de Horus, puede asimilarse también a aquellos
símbolos de la visión todopoderosa, es
decir, de la fuente inmediata de la existencia caracterizada
por el Sol demostrando el infalible canon del tiempo,
del espacio y del número representado por el
célebre triángulo.
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