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Saturno, el que conserva y garantiza nuestra existencia,
pasa por notables variaciones de su propia luminosidad,
cosa que sucede siempre cuando -como ahora en agosto
1995- atraviesa el signo de Piscis y sucesivamente el
de Virgo. Las viejas generaciones de astrólogos,
si procedemos hacia atrás en el tiempo hasta
la antigüedad, hablaban de siete años
gordos y siete años flacos y en la tradición
popular muchísimas leyendas acompañaban
a este fenómeno.
La expresión flaco pone en evidencia
que estos siete años pueden ser entendidos como
años de vida pobre, por lo tanto con cosechas
escasas, negocios escasos y posibles situaciones de
emergencia. Aunque hoy en día vivamos en un mundo
de prosperidad, respecto a los siglos pasados, es posible
notar también hoy los síntomas psicológicos
de miedo de masa respecto a los años flacos,
debido a que en tales períodos la mayoría
de las personas teme por su propia existencia, independientemente
de la presencia o no de motivaciones racionales para
temores de este tipo. Como consecuencia de ello se piensa
pues de tener que ahorrar sobre cosas inútiles,
dirigiendo el propio dinero hacia valores reales.
Pero detrás de estos síntomas se esconde
también una efectiva regularidad astronómica.
Los siete años gordos se identifican con los
siete años aproximados de fuerte luminosidad
de Saturno, a los que siguen siempre siete años
de luminosidad reducida (años flacos); ¿cómo
se explica pero que Saturno, al que atribuimos persistencia
y constancia, presente tales variaciones lunáticas?
Fue el famoso astrónomo y constructor de telescopios,
el holandés Huygens que en 1655 descubrió
el misterio. El fenómeno de la luminosidad variable
tiene que ver con los anillos de Saturno, cuya existencia
no se conocía antes de Huygens. El descubrió
que Saturno, según sus mismas palabras Annulo
congitur tenui, planum, nusquam cohaerente, ad eclipticam
inclinato que traducido quiere decir rodeado
por un anillo que, plano y no sujeto, se inclina hacia
la eclíptica.
Hoy en día todos conocemos las bellas fotografías
que las sondas espaciales nos han enviado desde Saturno:
una esfera rodeada por un anillo plano. La mayoría
de estas fotos siempre nos presenta a Saturno según
el mismo ángulo, es decir desde lo alto
e inclinado. Pero tal postura, no siempre, nos
es ofrecida a los terrestres porque durante su revolución
alrededor del Sol, que tarda casi treinta años,
Saturno nos presenta todos sus lados (1 año de
Saturno = 29,457 años solares). El eje alrededor
del cual Saturno gira en 10 horas y 14 minutos está
inclinado -como el eje terrestre- hacia la eclíptica
(órbita solar), cosa que allí también
conlleva acentuaciones de las estaciones. Y no sólo
esto: sus anillos forman un ángulo recto con
el eje de Saturno y por lo tanto también forman
un ángulo respecto a la eclíptica, es
decir se encuentran dirigidos hacia arriba en nuestro
campo visual, tal y como expresan las palabras de Huygens.
Consideraciones
Durante su órbita alrededor del Sol, el eje de
Saturno queda siempre rígidamente orientado hacia
los signos de Géminis y Sagitario. Los puntos
(cardinales) equinocciales y solsticiales no se encuentran
por lo tanto, al contrario de lo que pasa para la Tierra,
sobre la Cruz Cardinal sino sobre la Cruz Mutable.
Cuando, durante su recorrido, llega al signo de Sagitario,
podemos entrever desde lo alto sus anillos en su mayor
inclinación, mientras cuando, cerca de 15 años
después, llega al signo de Géminis, vemos
estos anillos de manera óptima desde abajo. Esto
hace que la esfera planetaria junto con los anillos
refleje la luz solar que representa la luz llena
de Saturno. Cuando en cambio se encuentra a mitad de
camino entre estos dos signos, por lo tanto en el signo
de Virgo o de Piscis, entrevemos los anillos por sus
bordes que en la Tierra son visibles sólo como
líneas muy finas, visibles a través de
potentes telescopios pero no a simple vista. Los anillos,
desde nuestra perspectiva, no reflejan la luz solar,
sólo lo hace el cuerpo del planeta; esto significa
que para nosotros Saturno ha perdido, por un determinado
período de tiempo, sus anillos, lo cual implica
una luz mucho más flaca. Actualmente
se le puede notar en el cielo sólo en la segunda
parte de la noche; pero es indispensable saber, entre
las estrellas fijas perceptibles, cual sea Saturno porque
no resulta particularmente notable entre las estrellas
fijas que le rodean. Durante los períodos más
gordos en cambio consigue oscurecer, con
su luminosidad, hasta las estrellas más luminosas.
Esto ha pasado hace 7 años (más o menos
en 1988) en Sagitario, y se repetirá dentro de
7 años cuando cruce el signo de Géminis.
Da la casualidad que las zonas que Saturno cruza durante
los períodos de luz más intensa sean también
las zonas con una mayor concentración de estrellas
y por éstas más iluminadas de todo el
cielo de las estrellas fijas (la zona en que la Vía
Láctea cruza la eclíptica en las constelaciones
Tauro/Géminis y Escorpio/Sagitario).
En los años flacos en cambio Saturno
pasa por zonas del Zodíaco con pocas estrellas
y de luminosidad limitada, al menos a simple vista,
(los signos de Virgo/Libra Acuario/Piscis).
Angustias existenciales
El eje Virgo/Piscis es notoriamente el eje existencial
del Zodíaco. Cuando Saturno atraviesa uno de
estos signos, llegando por tanto a su luminosidad mínima,
se pueden notar en la colectividad humana claros síntomas,
más o menos evidentes, de angustias existenciales
que pueden presentarse bajo las formas más diferentes
según el grupo étnico o el individuo.
La escala de esta angustia puede ir desde un sentimiento
de amenaza por parte del destino, por parte de la sociedad
o por parte de otras personas, a través de un
sentimiento general de pesimismo o de derrota, hasta
la agresión o hasta incluso, como proyección
y defensa, la disponibilidad a la beligerancia (reacción
de cruzada).
Extrañamente estas formas de ansiedad y de miedo,
analizando más de cerca las circunstancias concomitantes,
a menudo no se pueden reconducir a verdaderas situaciones
amenazantes; parece por el contrario que se trate de
una forma de psicosis de masas de la cual el individuo
casi no se da cuenta. Además se reacciona de
manera distinta al paso por el signo de Piscis respecto
al paso por el signo de Virgo: En Piscis nos sentimos
a menudo más víctimas de circunstancias
negativas, crece el sentimiento de perplejidad y de
abandono y se pueden notar fuertes signos de resignación.
En el caso de Virgo también se manifiesta la
tendencia a la queja pero se nota una más marcada
tendencia a actuar activamente contra la amenaza vislumbrada.
Han sido ofrecidas muchas propuestas de solución
y recetas universales de las cuales sin embargo muchas,
razonadas a posterior, se revelan como unas poco realistas
luchas contra molinos de viento.
Se pueden notar análogas formas de reacción,
como efectivos rasgos característicos, también
en las personas nacidas en estos períodos y que
tienen por lo tanto en el horóscopo natal Saturno
en Piscis o en Virgo. Es obvio que los rasgos del carácter,
en su expresión personal, son modificadas por
la posición de las Casas (influencias del medio
ambiente) que resulta distinta de un individuo a otro.
Además estas posiciones de Saturno llevan, según
los diferentes aspectos, a una interpretación
distinta y personal y a reelaboraciones individuales
de esas mismas cualidades de Saturno.
Pérdida de los anillos
Cuando Saturno se encuentra en la condición de
pérdida temporal de anillos, es decir
en el período más largo o más corto
en que los anillos no son absolutamente visibles, las
propiedades descritas arriba se vuelven más relevantes,
tanto respecto a la situación de los acontecimientos
del colectivo relativos a ese período como respecto
al carácter de las personas con Saturno en Piscis
o en Virgo.
La duración de esta fase varía según
los casos. Depende de si se verifica cerca de la oposición
o de la conjunción con el Sol. Cerca de la conjunción,
el proceso de la pérdida de los anillos dura
entre tres y cuatro meses, en cambio en el período
de la oposición entre los nueve y los trece meses.
De las siete pérdidas de anillos&rldquo;
que han tenido lugar en este siglo, sólo una
(1950) ha tenido una duración corta. La actual
(1995-96) ya empezó en marzo 1995 y seguirá
hasta marzo 1996 (recordamos que este artículo
fué escrito en agosto 1995), por lo que en total
durará 12 meses. El momento cero absoluto, es
decir, cuando no se localiza nada ni con un instrumento
de 10 pulgadas, se repite tres veces: el 12 de mayo
1995, el 10 de agosto de 1995 y el 12 de febrero de
1996. Ya desde mayo de 1996 el observador atento podría
notar un sensible aumento de la intensidad luminosa
de Saturno, si mientras tanto Saturno no hubiera pasado
ya al cielo diurno.
Para poder definir el período de pérdida
de los anillos en un horóscopo personal se puede
partir, como fórmula muy genérica, de
la siguiente afirmación: cuando Saturno se encuentra
en Piscis o Virgo y al mismo tiempo en conjunción
u oposición respecto al Sol.
Se puede sin duda tener en consideración, para
el período de la luminosidad decisivamente flaca,
-como han demostrado las observaciones astrológicas-
una duración de alrededor de dos años
que por otra parte corresponde casi al paso completo
a través de Piscis y de Virgo. Los años
flacos en cambio tienen una duración
de entre los seis y los ocho años.
Los acontecimientos de la posición de los bordes
de Saturno, como la definen los astrónomos, están
separados por 13,75 años en el recorrido desde
Piscis a través de Géminis hasta Virgo,
o por 15,75 años en el recorrido desde Virgo
a través de Sagitario hasta Piscis. En la mitad
de estos recorridos se encuentran los relativos siete
años gordos, por lo que en la próxima
fase el caso se repetirá más o menos entre
el 1998 y el 2005.
Resumiendo, podemos afirmar que: Cuando Saturno pierde
sus anillos, reacciona con irritación e inseguridad
porque sus anillos representan su capacidad de mantener
lejos todos los peligros (anillos de protección).
Por consiguiente en el hombre se presenta una pérdida
de confianza en la propia capacidad de protegerse (inseguridad
existencial) y esto, por antonomasia, destruye la confianza
en uno mismo.
(Boletín nº 15, enero-marzo
1997)
por Bruno Huber
(colaboración de Ana Lombardía)
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