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Todos lo sabemos: los tiempos van pisándose
los talones en lo que a nuevas formas de comunicación
se refiere. La visión de la presentida influencia
de la llamada Sociedad de la Información y las
tecnologías relacionadas en el devenir humano
provocan vértigo en la mente de los visionarios.
Los debates abiertos son innumerables, porque no hay
referencias en la historia que nos sirvan de guía
para navegar en este nuevo mar.
Comprender el fenómeno de Internet bajo una
luz amplia y una perspectiva espiritual demandará
algo más que un simple artículo, porque
no tenemos una visión de conjunto de los desarrollos
que, a todas luces comienzan, en esta etapa de la humanidad
la cual no podemos sino relacionar con el emergente
VII Rayo y la era de Acuario. Ni siquiera tenemos elementos
de juicio para una interpretación ecopolítica,
yendo las cosas como van o como parecen ir seguimos
en un mundo dominado por la apariencia de los fenómenos,
en el que cuesta comprender el significado esotérico
y subjetivo de los acontecimientos. Así que solo
podemos aspirar a explorar algunas de sus implicaciones.
Lo primero que haremos es identificar la información
y los fenómenos de comunicación con el
principio mutable, y la tecnología que ahora
le da su marcado carácter, con el principio fijo.
El principio cardinal nunca ha estado al margen del
desarrollo de los medios de comunicación y cada
vez menos. Esto tiene y ha tenido una amplia repercusión
en las corrientes de opinión colectivas. La mente
de la humanidad, sus contenidos, es modelada por el
remedo humano de la energía de I Rayo, que se
ocupa del desarrollo a gran escala de totalidades como
naciones y grupos sociales supranacionales.
¿Pero de que humanidad estamos hablando? Precisamente
los medios de comunicación nos han permitido
a una pequeña parte de la humanidad tomar conciencia
de las condiciones de vida del resto, y por ende de
la gran fractura de la civilización - fractura
que el desarrollo tecnológico no parece sino
aumentar - y de que la administración del Hogar
va en contra de sus mismos principios los límites
entre ecología y economía se difuminan..
A nivel planetario, la primera iniciación cierne
su desafío sobre la totalidad en forma de desigualdades
lacerantes, fruto del egoísmo más cristalizado
de unas clases políticas que no hacen sino reflejar
el estado de conciencia de las mayorías.
Una analogía puede darnos alguna luz: sólo
un diez por ciento de las células del cerebro
pueden considerarse despiertas y plenamente activas,
y la humanidad es considerada el cerebro del planeta.
La cuestión es si el pequeño porcentaje
será capaz de catalizar el desarrollo del resto.
No es una cuestión de capacidad, sino de voluntad,
voluntad de establecer correctas relaciones humanas.
El surgimiento de Internet se perfiló como la
condensación del potencial arquetípico
de comunicación en la Mente Divina, el reflejo
de la comunicación telepática entre almas.
Surgió como un fenómeno absolutamente
mutable y horizontal, un espacio libertario sin presiones
políticas o económicas. El debate ahora
mismo es que esto puede dejar de ser así: las
presiones por conseguir el control de la red se suceden
en todos los ámbitos, presagiando el mundo que
Orwell visualizó, agarrándose para ello
a las patentes distorsiones del principio mutable; por
ejemplo, la pornografía y otras distorsiones
neptunianas en forma de mundos ficticios se ha difundido
en la red como un veneno en un estanque. Sin embargo,
mientras la presencia en la red esté al margen
de motivaciones económicas creo que será
posible encontrar un resquicio al margen del Ojo del
Gran Hermano.
A pesar de todo, las distancias de comunicación
entre los seres humanos desaparecen a golpe de clic,
y el potencial sigue siendo impredecible. Al menos para
algunos y eso implicará acrecentada responsabilidad
ya es posible comunicarse de forma nunca antes soñadas,
con el "pequeño" handicap de la dependencia
tecnológica si lo comparamos con las previstas
posibilidades de la mente humana. Las posibilidades
que la red nos ofrece más el explosivo desarrollo
de la telefonía móvil han estimulado la
comunicación por la comunicación, induciendo
otra forma de consumo imprevista, hablar por hablar.
Los medios están ahí, falta descubrir
las correctas motivaciones para usarlos.
Quizás, desde el principio mutable, la aportación
más valiosa se de en el ámbito de la educación.
En principio la sola disponibilidad de información
a efectos educativos en realidad formativos ya es de
apreciar.
El principio mutable aspira a un flujo de información
libre, e Internet colma con creces la necesidades del
individuo con tales aspiraciones. Ya Umberto Eco habló
hace años del nuevo problema: la necesidad de
aprender a discriminar de forma útil entre los
torrentes de información, y este aprendizaje
resulta en sí valioso. Pero son las formas de
interactividad las que presagian nuevos modelos de aprendizaje.
En la Escuela hemos dado los primeros y modestos pasos
en tal sentido, mediante cursos asistidos por listas
de distribución en las que plantear dudas, preguntas
o sugerencias. Aún es pronto para evaluar los
resultados, pero a medida en que nos familiaricemos
con los nuevos medios la sociedad de la información
nos impone un estrés añadido se nos irán
ocurriendo nuevas fórmulas que signifiquen un
mayor contacto, una mayor inmediatez y un mayor intercambio
de ideas.
¿Astrología on-line? Desde sus inicios,
hace ya unos años, la Astrología ha inundado
la red, si bien de forma espuria en la mayor parte de
los casos. En la red es posible desarrollar sentimientos
de pertenencia grupal basados en afinidades de ideas,
y tras el anonimato un tanto engañoso de los
chats late una forma de impersonalidad que busca servicio
grupal sin fotos personales. La red está llena
de esfuerzos solidarios y de contribuciones generosas
sin mayor beneficio personal como la vida misma. Podemos
crear correctas relaciones humanas y nuevas formas de
comunicación, podemos asumir la responsabilidad
de contribuir desde nuestra privilegiada posición
a la catálisis de las ideas que darán
forma a un mundo por ahora incierto.
José Antonio Rodríguez,
Diplomado API
jar@astro-nex.com
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