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La astrología esotérica se interesa por
el factor subjetivo el alma - en el mecanismo
humano y el sistema de energía que describe una
carta astrológica, buscando e interpretando en
la misma señales de la vida del alma - como patrones
de motivación, conciencia e identidad superiores,
y su expresión a través de mecanismos
personales.
Adoptamos la perspectiva que nos proporcionan los
modelos de crecimiento psicoespiritual que tienen su
origen en los conocimientos inmemoriales de psicología
esotérica que en este momento están a
nuestra alcance, y en las formulaciones adaptadas de
ese conocimiento a una visión acorde con nuestros
actuales conocimientos de psicología como
la Psicosíntesis y el método Huber de
psicología astrológica.
Desde esta perspectiva, y a modo de sencilla recapitulación,
el alma es una entidad en evolución, cuyas principales
facultades son conciencia amorosa y voluntad, y que
utiliza vehículos temporales inmersos en planos
más densos de substancia como medios para promover
esta evolución mediante ciclos de aprendizaje.
El mecanismo por el cual la evolución del alma
procede, según esto, consiste en periódicas
incursiones en la materia mediante la apropiación
de sustancia apropiada, que conocemos como el mecanismo
de la reencarnación. El propósito perseguido
mediante tal mecanismo es el aprendizaje y el desarrollo
de sus facultades:
- el desarrollo de la sensibilidad y la comprensión
inteligente respecto a las fuerzas que operan en los
mundos de vibración inferior a la de su propio
plano
- el dominio de las fuerzas y la sustancia de esos
planos para que permitan la expresión y la irradiación
de cualidades y motivaciones superiores, cuyo fin último
es la espiritualización de la materia o síntesis
última entre espíritu y materia
El reino de las almas forma parte de una vasta corriente
de vida que evoluciona paralelamente a otras corrientes
vitales cuya existencia y naturaleza apenas vislumbramos,
evolución conjunta que responde a una finalidad
que desconocemos, y que denominamos el Propósito
de la Deidad. Al despliegue de leyes y medidas que observamos
en la naturaleza, tendentes a la realización
de este Propósito, lo llamamos el Plan.
El trabajo del alma refleja a pequeña escala
el procedimiento de la deidad. Cada manifestación
del alma en la forma persigue el establecimiento de
un centro de fuerzas que pueda responder a las emanaciones
del centro de conciencia y voluntad que el alma es
un centro negativo frente a la energía positiva
del alma, en conjunto un reflejo de la polaridad creativa
básica.
Por tanto, el aprendizaje evolutivo pasa por:
- la coordinación y la integración de
la personalidad como vehículo de expresión
y como centro de fuerzas receptivo al propósito
del alma
- el dominio de las circunstancias como resultado
de la integración de la personalidad, adaptando
el medio ambiente a la expresión de la personalidad
La integración de la personalidad procede de
forma gradual a lo largo de un dilatado proceso en el
tiempo, durante el cual se produce un paulatino refinamiento
en la percepción de las realidades interna y
externa, y una relación cada vez más estrecha
entre alma y personalidad la integración
de la personalidad permite la realización del
deseo último de servir del alma: la participación
consciente en el Plan, la irradiación de sus
cualidades esenciales y la producción de ciertos
efectos en los mundos inferiores. Y en última
instancia, la liberación de la conciencia de
las limitaciones del mundo de la forma mediante la espiritualización
de la materia y el agotamiento de la sed de experiencia.
Los aspirantes siempre han utilizado diversos métodos
para promover el crecimiento espiritual a instancia
de sus propias almas. Estos métodos que
en conjunto constituyen el Sendero del Discipulado y
el Sendero de la Iniciación han variado
su enfoque dependiendo del estado de conciencia de la
humanidad y de la meta inmediatamente alcanzable, yendo
desde la disciplina física y el fervor devocional
hasta formas de meditación más centradas
en el control del vehículo mental y el despertar
de la intuición.
Una participación efectiva en el proceso demanda,
entre otros posibles, de un enfoque científico.
Desde el punto de vista del alma, todos los centros
constituidos en planos más densos de sustancia
se consideran como mecanismos de transmisión
de energías y fuerzas.
En última instancia, una participación
inteligente implica el conocimiento del mecanismo y
de los procesos de transmisión de energía,
y la aplicación de técnicas para promover
los resultados deseados. La psicología y la astrología
esotéricas se inscriben dentro de este enfoque.
Una característica del conocimiento científico
es la separación entre el conocedor y el campo
del conocimiento, el establecimiento de una necesaria
distancia entre sujeto y objeto. Así pues, debemos
observarnos a nosotros mismos como el objeto de estudio,
y asumir al mismo tiempo la postura del observador
que es la postura del alma cuando observa su mecanismo.
De ahí la importancia de los ejercicios de desidentificación
en psicosíntesis. No podemos estudiarnos de modo
objetivo estando identificados con la personalidad o
alguno de sus elementos. Al adoptar la actitud del observador
estamos adoptando la actitud del alma cuando mira hacia
abajo, y la práctica constante de este
mirarnos como si fuéramos el alma
estabiliza la conciencia en la perspectiva del alma
y a la larga la anclará en ese punto.
Para el alma, un centro subjetivo, los centros objetivos
de fuerzas son máquinas. Mecanismos
de exquisita complejidad y funcionamiento, que rebasan
a menudo los límites de nuestra inteligencia,
y que difieren sustancialmente de los mecanismos que
el ser humano mismo crea en la espiral más baja
de su emulación de los procesos divinos. Un mecanismo
es un sistema de transmisión de fuerzas, un conjunto
articulado de componentes que responde a cierta funcionalidad.
Todos los mecanismos dependen de una fuente de energía
para funcionar. Cuando esta fuente de energía
es vital, tenemos un organismo, un sistema orgánico
caracterizado por el crecimiento, la adaptación
y el intercambio de sustancia y energía con el
entorno.
Esotéricamente, la fuerzas se consideran la
expresión en los mundos objetivos de energías
vitales subjetivas la vida en sí permanece
velada u oculta tras las envolturas materiales
tras la conversión y adaptación de frecuencias
espirituales o de alta vibración
a las frecuencias más lentas de las formas.
El mecanismo divino se articula siempre en tres fases
o aspectos:
- La energía, la vida -el Ser en movimiento-
es pura intención o propósito oculto.
- Las formas, aglomerados de vibraciones, manifiestan
determinado propósito, símbolos por tanto
de realidades ocultas; en virtud de la energía
espiritual que las anima, las forman irradian cualidad
y expresan propósito.
- La cualidad es susceptible de conocimiento mediante
el principio sensible consciente; mediante la apreciación
de cualidad captamos el propósito.
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Vida
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Cualidad
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Apariencia
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Espíritu
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Alma
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Personalidad
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Voluntad
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Conciencia
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Inteligencia
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El proceso evolutivo del alma mediante encarnaciones
sucesivas nos enmarca en una línea temporal de
evolución: el alma sigue una trayectoria de desenvolvimientos
pasados, presentes y futuros, sin considerar lo ilusoria
que esta trayectoria sea realmente. Como resultado,
el alma tiene un bagaje de experiencia. Una parte de
esa experiencia es transmutada en sabiduría,
en visión y comprensión clara de las causas
y los efectos en el mundo de la forma. El alma asimila
esta experiencia en la medida en que su significado
-su propósito- es comprendido e integrado. La
experiencia sus efectos y resultados se
liquida cuando causas y efectos se neutralizan entre
sí, cuando las fuerzas dejan de existir al agotarse
el impulso que las generó.
Parte del bagaje del alma lo constituye el conglomerado
de fuerzas sin neutralizar y residuos psíquicos,
formado a lo largo de una serie, presumiblemente elevada,
de encarnaciones. A esto lo llamamos de manera informal
como karma. Más allá de discusiones filosóficas
a menudo teñidas de juicios morales, el karma
es la constatación de un error, y el error es
un elemento esencial y permanente del proceso de aprendizaje
del ser humano, sin el que ninguna progresión
psicológica sería posible.
Por tanto parte de la tarea del alma es la neutralización
de modelos de percepción erróneos que
bloquean el desarrollo. La línea de atención
de la conciencia se desplaza de los niveles inferiores
de la forma a los superiores, como una estrecha franja
que separa desarrollos pasados y potenciales futuros,
subconscientes y supraconscientes, del ámbito
de la conciencia diurna. Los impulsos y las fuerzas
inerciales que constituyen el karma operan en la medida
en que permanecen inconscientes como fuerzas vivas en
el mecanismo, ejerciendo cierto grado de control a modo
de resistencia, y esperando su integración, asimilación
y eliminación.
En esta dinámica de crecimiento y progresión
psicológica, que significa elevar el nivel en
el que la conciencia puede operar, la tensión
espiritual o el trabajo de alineación con el
alma demanda un esfuerzo de concentración en
el futuro, en la presentida intencionalidad
de desarrollo del alma. La línea de menor resistencia
consiste en mantener el estado de conciencia que ha
alcanzado estabilidad; el estado de conciencia de la
humanidad actual como un todo se describe como kama-manásico,
un estado mental coloreado por el deseo en el que predominan
los procesos imaginativos semiconscientes, y en el que
somos fácil presa del control de los impulsos
kármico-inconscientes. Por lo tanto mantener
la tensión espiritual demanda la voluntad de
establecer la conciencia en el punto en el que es posible
una interacción con los modelos superiores del
alma, mediante las técnicas de meditación
adecuadas. Hasta que esto suceda de forma automática,
es preciso el entrenamiento de las facultades de la
abstracción (la liberación de la atención
de la atracción de las sensaciones y atracciones
de los vehículos inferiores), la concentración
(o enfoque deliberado de la atención en un campo
de conocimiento) y meditación (o creación
de formas mentales adecuadas como vehículo de
impresiones superiores).
Como fruto del esfuerzo por lograr la estabilización
en un nivel superior de conciencia, el sistema pasa
por fases de estabilidad y consolidación, seguido
por fases de transición y de iniciación
a niveles de mayor energía espiritual
según las conocidas principios astrológicos,
cardinal, fijo y mutable. Todo aspirante, como sistema
vivo debe atravesar crisis de desarrollo y pasar por
fases de inestabilidad. Una crisis representa una inadecuación
entre forma y propósito debido a un desfase de
la conciencia, y al colapso de un modelo de desarrollo,
sugiriendo la necesidad de reorientación.
Modelos
El modelo esotérico del ser humano nos es bien
conocido, y describe un quíntuple sistema de
energías:
Alma en encarnación Personalidad
Vehículos mental, emocional y físico.
Otros puntos de interés a considerar:
- La Tríada Espiritual.
- El antakharana.
- El cuerpo causal o loto egoico: tres círculos
triples de pétalos más un círculo
triple central, doce en total.
- Los átomos permanentes.
- El cuerpo etérico, con sus siete centros
de energía principales.
- El chakra cardíaco, con doce vórtices
o pétalos de energía.
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