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Introducción
El presente ensayo tiene por objeto exponer un marco
conceptual y metodológico que sirva de base para
el diseño de un proceso de crecimiento personal,
guiado astrológicamente e implementado mediante
técnicas de Psicosíntesis personal y Transpersonal,
e intenta delinear este proceso. Se trata, por tanto,
de un trabajo de síntesis entre diversos enfoques
y disciplinas, que trata además de enlazar de
modo creativo con un modelo psicológico válido
para la inmediata fase de nuestro desarrollo evolutivo:
una Psicología del Alma.
Al hablar de Psicología del Alma, nos referimos
explícitamente a la doctrina esotérica
del desenvolvimiento de la conciencia humana, tal y
como ha sido expuesta de modo germinal en lo
que se refiere a su puesta en práctica ,
por el Maestro D.K. en Psicología Esotérica
Vol. II, de su extenso Tratado sobre los Siete Rayos.
Es conocido que este volumen, entre otros escritos de
Alice A. Bailey, tenía el propósito de
servir de guía a uno de los nueve Grupos de Servicio
establecidos por el Maestro Tibetano abarcando
entre todos las disciplinas que el pensaba que eran
indispensables para el desenvolvimiento de la humanidad.
El octavo grupo, de Psicólogos (y Astrólogos)
Esotéricos, tiene como propósito relacionar,
a través de prácticas aprobadas, el alma
y la personalidad para llegar a la revelación
de la divinidad por medio de la humanidad. Este
el marco de referencia más elevado y amplio que
podemos concebir, un objetivo todavía lejano,
pero hacia el que ya se han dado pasos definidos por
parte de diversas instituciones educativas.
La Psicología Esotérica, estudiando como
lo hace el desarrollo evolutivo de la conciencia del
ser humano, está inextricablemente unida al mismo
proceso evolutivo de expansión de conciencia
que llamamos proceso iniciatorio, articulado técnica
y esotéricamente en el Sendero Probatorio y el
Sendero del Discipulado, esbozado programáticamente
en las Catorce Reglas para la iniciación espiritual
(de las cuales existe un excelente y reciente comentario
de Zachary F. Lansdowne en su libro Rules for Spiritual
Initiation), y detallado más minuciosamente en
Tratado de Magia Blanca un estudio atento del
libro de Lansdowne revela que determinadas fases del
proceso iniciatorio corresponden a lo que llamamos terapia,
bien como terapia de apoyo o bien como autoterapia.
El punto de vista esotérico parte del axioma
de que todo es energía.El ser humano es visto
como nadando en un mundo de energías y constituido
el mismo por energías de diferente origen y cualidad.
La evolución humana de la conciencia consiste
en el desarrollo de la capacidad de reconocer y responder
sensiblemente a las energías que impactan sobre
el ser humano y su fin el control consciente de aquellas
energías que constituyen su identidad, organizadas
jerárquicamente en virtud de su diferente grado
de vibración.
Por tanto está claro que cuando hablamos de
crecimiento personal lo hacemos en el marco de la evolución
de la conciencia y las expansiones de la misma llamadas
iniciaciones, impulsadas en última instancia
por la fuerza del propio proceso evolutivo,y que ocurren
a lo largo de todo el Sendero del Discipulado. El crecimiento
es un corolario inevitable del amplio proceso evolutivo
en el que estamos inmersos, y como seres humanos, lo
confrontamos constantemente. Otra verdad esotérica
nos dice que este proceso es autoiniciado, que todo
ser humano se autoinicia a sí mismo, y que en
términos de energía, el crecimiento de
la conciencia conlleva el conocimiento de aquello que
hace del ser humano lo que es. El autoconocimiento es
pues un imperativo del crecimiento en conciencia.
Autoconocimiento
El estudio esotérico del ser humano tiene una
vertiente genérica, que comprende el estudio
de su constitución esotérica, es decir,
los planos de energía en los que el ser humano
es potencialmente consciente mediante las constelaciones
energéticas que vehiculan la conciencia en evolución,
de la dinámica de esos vehículos, y de
las diferentes etapas del mismo proceso en sí,
los mecanismos por los cuales la conciencia evoluciona,
y el propósito o meta del proceso. Y tiene una
vertiente individual que comprende el estudio cualitativo
de los cuerpos y centros de energía mediante
los que actúa cada ser humano en una encarnación
determinada, de cara a un efectivo control y manejo
de la energía y establecer su verdadera identidad
espiritual. La identidad del ser humano está
determinada por el nivel en el que se encuentra el foco
de su conciencia. A mayor nivel, más amplia e
inclusiva es la conciencia resultante, mayor desidentificación
de los niveles inferiores, y mayor control sobre los
mismos. El conocimiento y estudio objetivo el
autoconocimiento de los campos de energía
y fuerza que maneja o por los que es manejado
un ser humano en particular posibilita un mayor
grado de desidentificación, y por ende, establecer
el foco la conciencia en un nivel más elevado.
La doctrina esotérica provee abundante material
para el estudio de la vertiente genérica, que
constituye en sí la Psicología Esotérica.
Y nos provee de dos importantes disciplinas sobre las
que articular el autoconocimiento: las Astrología
y la Psicología de los Siete Rayos o Rayología.
Energía, cualidad e identidad
La doctrina esotérica postula la existencia de
una Gran Entidad manifestándose y originando
al hacerlo diferentes planos de existencia. Concebimos
esta Entidad (la suma total de lo que existe), como
hemos mencionado, en términos de energía.
Por tanto, el concepto de energía y el concepto
de Ser están estrechamente relacionados, y ambos
son tan fundamentales que resultan indefinibles. Siguiendo
a Michael Robbins en Tapestry of the Gods, podríamos
considerar esotéricamente que la energía
es la manifestación móvil del ser, el
ser en actividad[1] .Pese a esta irreductibilidad,
existen tipos de energía diferenciados entre
sí por su tasa de vibración o frecuencia.
Estas diferenciaciones de energía dan cuenta
de las distintas entidades o identidades individuales.
Cada entidad humana se manifiesta como un agregado complejo
de frecuencias o hilos de energía diferentes
esotéricamente, rayos , cuya suma
total crea el patrón energético de esa
entidad y ese patrón energético constituye
su identidad. Por tanto la identidad de cualquier entidad
es un patrón emanado divinamente y altamente
organizado de rayos interrelacionados o frecuencias[2].
Llamamos cualidad a toda diferenciación perceptible
de energía, frecuencia o vibración. La
cualidad global de una entidad es producto de la frecuencia
resultante de los muchos hilos de energía que
componen su modelo energético, y esta cualidad
global o frecuencia resultante es la clave de su identidad
diferenciada. En otros términos, a los rasgos
del carácter de una persona, o 'bandas de frecuencia
psicológicas', los llamamos cualidades, y al
efecto total de sus cualidades, su Cualidad, emanación
o efecto global. Cuando experimentamos esta Cualidad
global, experimentamos su identidad.
Partimos de la idea de que la mayor responsabilidad
espiritual del ser humano es volverse consciente de
su verdadero arquetipo espiritual su patrón
sutil de energías diferenciadas , y manifestarlo,
expresando totalmente su modelo e identidad espiritual.
Por tanto es de completa importancia comprender conscientemente
quienes somos, comprender el modelo del sistema de energía
propio, espiritual y personal.
Constitución esotérica
del ser humano
Dentro y emanando de la Gran Entidad que
llamamos Espacio existen innumerables entidades en distintos
grados de evolución, jerárquica y orgánicamente
dependientes. Como cualquier entidad, nuestra Divinidad
'local', el Logos Solar existe en planos de manifestación
esotéricamente un plano es un estado de
conciencia. El ser humano, a imagen y semejanza
de la Divinidad emanante, comparte con Ella su complejidad
estructural aunque sólo sea de modo potencial.
En nuestro estado de evolución sólo podemos
aspirar a saber algo de la complejidad de la Divinidad
mediante conceptos abstractos, pero sabemos que la naturaleza
de nuestro Logos Solar es triple en esencia (de
lo que dan cuenta formulaciones ternarias como Espíritu-Conciencia-Forma,
Vida-Cualidad-Apariencia, Voluntad-Amor-Inteligencia,
todas ellas aludiendo a la misma triplicidad fundamental),
que evoluciona en siete planos de manifestación
a través siete planetas sagrados y cinco no sagrados,
y que responde a las energías septenarias de
tres entidades suprazodiacales enfocadas sobre el sistema
a través de las doce entidades zodiacales. Así,
esotéricamente el ser humano es visto como una
entidad poseyendo un aspecto espiritual o Mónada,
transmisor de la Vida Una en cada entidad, un Alma transmitiendo
el aspecto Conciencia , y una Personalidad, manifestándose
periódicamente en el mundo de las formas
los tres planos más densos del sistema: mental,
emocional y físico-etérico.
En la anterior declaración reside implícito
el hecho de que la entidad evolucionante utiliza en
los diversos planos del sistema vehículos de
manifestación, cuerpos o en la terminología
de Tapestry of the Gods campos. Un
campo es un área del espacio que se distingue
por una clase distinta de energía/substancia[3].
La cualidad distintiva de cada campo es determinada
por las específicas frecuencias vibratorias de
la energía/substancia que cubre ese campo. De
este modo, la Mónada se proyecta en la Tríada
Espiritual en los planos superiores del sistema o 'sin
forma', utilizándola como vehículo de
manifestación en esos planos Átmico,
Búdico u Manásico , en los que así
se enfocan la Voluntad Espiritual, el Amor Espiritual
y la Inteligencia Espiritual de la Mónada. Y
el alma, como centro de conciencia, es a su vez una
proyección de la Tríada Espiritual, y
toma forma en los niveles abstractos del plano mental,
con la ayuda inmemorial de un Ángel Solar, en
el llamado Cuerpo Causal.
Sin embargo, desde el punto de vista de la Psicología
Esotérica y del actual estado de evolución
humana, el ser humano es considerado una entidad de
naturaleza quíntuple, y por tanto se estudian
cinco campos principales:
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-El campo transpersonal
el campo del Alma o Yo Superior
-El campo de la personalidad, formado por la integración
de los tres campos inferiores, y sede del sentido
limitado del yo
-El campo o cuerpo mental
-El campo o cuerpo emocional
-El campo vital-etérico, bio-campo o cuerpo
etérico-físico |
La relación entre estos campos es jerárquica,
funcional y evolutivamente hablando. A su vez, los tres
cuerpos que forman la personalidad están estructurados
en siete centros focales de energía o chacras,
que reciben la energía vital del sistema, la
energía de algún aspecto de la personalidad
o de la personalidad integrada como un todo, o la energía
transpersonal que proviene del Alma, energías
que determinan la actividad del ser humano en manifestación.
Cada uno de los tres vehículos de la personalidad
está formado por substancia del plano respectivo
y animado por una vida elemental involucionante. La
substancia de cada cuerpo pertenece a su vez a los distintos
subplanos siete de cada plano, y la cantidad
relativa de substancia de los subplanos superiores determina
la relativa pureza de los vehículos.
La personalidad en sí, es una vida elemental
de orden superior a los vehículos que la integran.
Puesto que el Alma tiene su sede el Cuerpo Causal
en el subplano inferior del plano mental abstracto,
y la personalidad se encuentra entre el Alma y la unidad
mental funcionando en el plano mental concreto, la naturaleza
de la personalidad es también mental por tanto,
y su substancia constituida por imágenes y conceptos
del yo, sujeta a la dinámica del plano mental,
e imbuida de las facultades de dicho plano.
A destacar aquí de estas facultades, la creatividad
o la tendencia de la substancia mental o 'chitta' a
crear formas mentales diferenciadas, y la facultad de
fijación de esas formas mentales en agregados
permanentes. De hecho, de esta última facultad
depende la formación de una personalidad estable
o 'fuerte', i.e., la creación de un concepto
o imagen del yo (identidad personal) relativamente permanente.
Esta facultad de fijación relacionada
con la de concentración depende en última
instancia de la facilidad de la substancia mental para
traducir la Voluntad y el Propósito emanados
desde niveles superiores en Planes y diseños
(en este caso, personales).
Dinámica del proceso evolutivo
El propósito del proceso evolutivo es obtener
conciencia en cada plano en el que el ser humano se
manifiesta y lograr el control efectivo de las energías
que pueda manejar en cada plano, para que de ese modo
sea posible la realización de la parte del Plan
Divino que a la humanidad como un todo le corresponde,
Plan que implementa el todavía desconocido Propósito
de la Deidad.
En lo que al ser humano concierne, el mecanismo diseñado
para la evolución de la conciencia es el de la
reencarnación. El Alma, un centro relativamente
estable de conciencia, experimenta periódicamente
el impulso de 'tomar' forma. El motor de la evolución
es la identificación o apego a algún aspecto
del mundo de las formas, i.e., el deseo. En las primeras
etapas evolutivas, el impulso a encarnar viene determinado
por la sed de experimentar algún aspecto de los
planos inferiores de manifestación. Luego, este
impulso viene determinado de forma grupal la
conciencia del Alma en su propio plano es conciencia
grupal para responder a alguna necesidad del
mundo. Como es sabido, el Alma retiene en el Cuerpo
Causal la experiencia de encarnaciones previas, y retoma
el proceso evolutivo en cada encarnación subsiguiente,
transmitiendo la información causal a través
de los puntos focales de energía llamados átomos
permanentes.
Cada encarnación plantea una nueva lección
evolutiva (o la continuación de lecciones previas)
o dharma, y está asimismo condicionada por la
ley de causa y efecto, acción y reacción
o karma, que permite restablecer el equilibrio del balance
energético causal mediante compensaciones a distintos
niveles (individual, grupal, nacional, racial, etc.).
Alternativa o simultáneamente dependiendo
del nivel de evolución alcanzado , el deseo
y la sed de experiencia personal o el propósito
transpersonal del Alma guían a la misma a las
circunstancias vitales de una encarnación determinada.
Gran parte de esta información queda recogida
en la carta natal del individuo, aunque su correcta
interpretación no es una tarea sencilla sin la
ayuda de la intuición.
Por otro lado, en virtud de que toda la energía/substancia
existente pertenece a uno de siete tipos diferenciados
de la misma, o rayos, el Alma y sus vehículos
están cualificados por un determinado rayo. El
rayo del Alma permanece constante durante la serie de
incontables encarnaciones, pero los rayos de la personalidad
y de los tres cuerpos cambian de una encarnación
a otra.
Sumariamente, la evolución de la personalidad
comienza con la identificación del foco activo
de la conciencia en el nivel físico, y procede
a lo largo de una serie de integraciones tras lograr
cierta medida de estructuración funcional del
vehículo que permita un control consciente de
la energía en el plano físico. La coordinación
del autómata físico y el cuerpo etérico
representa un primer logro, y en esta etapa, el ser
humano es básicamente instintivo, y movido por
pulsiones, y los centros activos fundamentalmente el
centro en la base de la columna en grado suficiente
para transmitir el instinto de supervivencia o la voluntad
de existir , y el centro sacro, transmitiendo
el impulso de reproducción.
La siguiente integración implica al cuerpo emocional,
dando lugar a una potente vida de deseos, estimulados
por la representación imaginativa y la anticipación
de la satisfacción de las necesidades básicas.
Las reacciones de placer y dolor dirigen el mecanismo
selectivo de experiencias, y el plexo solar concentra
las energías del nivel alcanzado de integración
personal. Los estados emocionales de apego y repulsión,
y los sueños de anticipación ocupan la
conciencia.
La necesidad de alcanzar de modo más eficiente
los objetivos deseados obliga a despertar a la unidad
mental y señala el comienzo de proceso racionales
incipientes. La coordinación inicial entre el
cuerpo emocional (y la implícita integración
entre éste y el vehículo físico-etércio)
y la unidad mental determina la aparición del
hombre kama-manásico, en el que los procesos
mentales están totalmente subordinados a la vida
de deseos. A medida que la actividad mental se vuelve
más refinada, se evidencia la capacidad del ser
humano para vivir su vida de modo más inteligente
mediante planes de mayor alcance que garanticen de forma
más eficiente los objetivos de la personalidad
aún no integrada. Con un mayor grado de polarización
mental, el sentido del yo diferenciado, y de la importancia
y autoafirmación personal emergen como valores
prioritarios, y esta etapa precede a la integración
de la personalidad. El centro laríngeo comienza
a entrar en actividad como resultado de la creciente
habilidad para crear formas mentales, y el hombre comienza
a ser creativo en algún área determinada.
La serie de integraciones sucesivas produce en cada
caso una expansión de conciencia e introducción
en un nuevo campo, hasta ahora inconsciente (supraconsciente),
más amplio e incluyente; al mismo tiempo campos
de percepción de un nivel inferior van quedando
bajo el umbral de la conciencia, deviniendo inconscientes.
La emergencia de un nuevo campo de expresión
produce siempre un aflujo de energía que insta
a los niveles hasta ese punto integrados a adaptarse
a valores y principios superiores, suscitando resistencia
y conflicto. Por tanto cualquier integración
va precedida por correspondientes e insoslayables mecanismos
de crisis, de cambio y salto evolutivo hacia un área
de expresión hasta ahora desconocida. Cada integración
supone igualmente el desplazamiento del foco de conciencia,
la identificación con el campo emergente y la
desidentificación con los campos precedentes.
Debido a que toda identificación transitoria
implica numerosos vínculos de apego, originados
en la naturaleza emocional, el periodo entre identificaciones
suele ir acompañado de dolor e incertidumbre.
La ontogénesis del ser humano desde el estado
de embrión hasta el estado de adulto puede verse
como una recapitulación de todo el proceso evolutivo
genérico e individual recorrido hasta ahora por
el individuo. Esta recapitulación individualizada
ha sido hasta ahora estudiada de forma exhaustiva por
la Psicología Evolutiva, dando lugar a numerosos
modelos de las etapas evolutivas, de los cuales uno
de los más significativos en relación
al punto de vista esotérico es el paradigma psicológico
propuesto por Ken Wilber en sus diferentes escritos.
Integración personal y
transpersonal
La etapa de integración que cada individuo afronta
depende del campo de expresión o cuerpo en el
que se haya polarizado con el que se halla mayormente
identificado , y esto indica el siguiente nivel
que ha de esforzarse por dominar aunque el dominio
de cualquier campo nunca es lineal ni definitivo hasta
un punto elevado de evolución. Cada campo provee
las facultades y modalidades de expresión que
permiten solucionar satisfactoriamente los problemas
de integración suscitados desde el nivel inmediatamente
inferior, y emerge cuando este último alcanza
cierto grado de desarrollo. Es preciso por tanto un
alto grado de desarrollo mental antes de que pueda hablarse
de integración de la personalidad o constitución
de un control de conciencia personal fuerte, y la polarización
en el cuerpo mental es la tarea que afronta la raza
humana como un todo. Del mismo modo, es preciso alcanzar
cierto grado de integración personal funcionar
como una personalidad , antes de comenzar a trabajar
en la fusión de los campos personal y transpersonal,
es decir, en la identificación consciente con
el Alma. La Psicología Esotérica se ocupa
principalmente de estas dos últimas etapas de
integración, personal y transpersonal, ante las
que se encuentra buena parte de la humanidad.
En Psicología Esotérica Vol.II [4], el
Maestro D.K. enumera algunas de las acepciones del término
personalidad. Una personalidad es un ser
humano separado (consciente de su individualidad), que
actúa coordinadamente en su triple instrumento
(influyendo en su medio ambiente y dominando sus circunstancias),
con un sentido del destino (que lo lleva a emplear su
fuerza de voluntad para someter su naturaleza a la disciplina
necesaria para alcanzarlo), y totalmente integrado (pudiendo
funcionar como uno sólo con un mecanismo totalmente
unificado y subordinado al propósito percibido.
A esto ha de añadirse que la verdadera significación
de la personalidad se alcanza cuando ésta y el
Alma se han fusionado. Entonces la personalidad actúa
como perfecta expresión en el mundo de las formas
de su verdadera identidad espiritual. Del mismo modo
que la Mónada representa el aspecto Voluntad
del ser humano y el Alma el aspecto Amor-Sabiduría,
la Personalidad (integrada) está llamada a expresar
el aspecto Inteligencia.
En Tapestry of the Gods, Michael Robbins amplía
y ordena estas ideas sobre la dinámica y funciones
de la personalidad en forma de parámetros susceptibles
de investigación e indagación psicosintética
y rayológica:
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- Expresión del
alma en los tres mundos de manifestación
humana. Se recuerda aquí que la personalidad
en una vida elemental involutiva, perteneciente
al mundo de la forma, incialmente renuente a conformarse
a impulsos superiores, cuya principal función
es servir de instrumento de expresión del
Alma, a cuyo efecto debe cultivar sensibilidad a
los impulsos de la misma.
-Integración de los campos mental, sensorio
y físico. El desarrollo de la conciencia
personal fuerza la integración de los conflictos
entre los tres campos y entre los diversos aspectos
mismos de la personalidad (subpersonalidades), gracias
a la 'fuerza centralizadora de la autoidentidad',
compeliendo a los vehículos inferiores a
funcionar como uno.
-Coordinación y dirección de la actividad
en el plano físico. La personalidad está
relacionada con el plano físico de la misma
manera que el Alma los está con el plano
sensorio o emocional y la Mónada lo está
con el plano mental. El campo natural de aplicación
de la personalidad es el plano físico concreto,
en dónde debe manifestar efectividad y dominio.
-Identidad centralizada. Esto implica un fuerte
proceso de individualización y un sentido
permanente e inalienable del yo situado en el centro
de su propio mundo. Esta centralización de
la identidad conlleva poder, eficiencia y reconocimiento.
-Autonomía, independencia y originalidad.
La fuerza centralizadora de la personalidad fuerza
a la entidad humana a verse así misma como
un punto y una fuente diferenciada e independiente
de conciencia y de poder, un punto de origen capaz
de sostener una percibida y diferenciada manera
de ser.
-Establecimiento de la vocación preliminar.
Una personalidad integrada posee un patrón
vibratorio diferenciado que intenta expresarse a
través una actividad que ponga de relieve
esta individualidad, experimentando la llamada
a construir su propio camino en el mundo. |
Existen además dinámicas negativas que
surgen de la resistencia del elemental de la personalidad
a ceder el control una vez que se ha obtenido cierto
grado de dominio: obstaculizar la expresión del
Yo Superior, evadir la llamada superior,
rehusarse a crecer y limitar la expansión, expresar
egoísmo y separatividad, y establecer constante
autoreferencia y egocentrismo.
A su vez, la dinámica del campo transpersonal
y las distintas maneras en que este puede ser reconocido
y experimentado por la personalidad puede estudiarse
como áreas de expresión susceptibles de
indagación, que emanan en última instancia
de las leyes a las que el alma responde en su propio
plano. La modalidad de expresión en cada área
depende del rayo al que el Alma pertenece. Michael Robbins
propone considerar al Alma como:
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-Fuente de la mayor contribución
y servicio la verdadera vocación.
Tanto en los planos internos como en los externos,
la cualidad determina la función. La clave
de la identidad transpersonal es la diferenciación
funcional, de acuerdo a las afiliaciones grupales
subjetivas del alma y a su propio modelo de energía.
Al cumplir esta función dominante el Alma
cumple su parte en el Plan Divino, y esta contribución
es en sí misma servicio: lo mejor que un
individuo puede ofrecer de sí, ligado a la
plena expresión de su identidad. Buscar la
verdadera vocación es buscar la verdadera
identidad y expresarla.
-Fuente del autodesinterés y altruismo propios.
El Alma es esencialmente conciencia grupal, y bajo
la ley de sacrificio busca darse a través
de los impulsos de un centro cardiaco abierto. Los
demás (altrui) son percibidos
como formando parte integral de uno mismo como resultado
de los impulsos altruistas del alma.
-Fuente de la verdadera conciencia. El alma dirige
la conducta y al actividad de modo general y sutil,
intentando conformar la personalidad a su designio.
A esto lo llamamos la voz de la conciencia; no se
interesa en los detalles de la vida de la personalidad,
pero intenta corregir pasos equivocados y señalar
omisiones y comisiones. Es posible reconocer la
voz de la conciencia porque siempre hace referencia
al Plan, e intenta encauzar al individuo hacia actividades
de alcance suprapersonal.
-Fuente de la actividad más gozosa. Las actividades
inspiradas por el alma son una fuente pura alegría,
de modo que podrían continuarse de modo indefinido
con entusiasmo inagotable. Cuando la búsqueda
de la felicidad de la personalidad se encuentra
con esta fuente de alegría, la verdadera
vocación se encuentra. Todas las actividades
del alma promueven una pérdida de sí
mismo por amor a la propia acción, durante
la cual se pierde el sentido de ser un centro separado.
-Fuente de la mayor percepción de significado.
El significado se crea cuando una parte se relaciona
de modo apropiado con el todo. Cuando la sabiduría
del alma fluye a través de la conciencia
personal, nada de la vida personal permanece sin
relacionar con un propósito más amplio.
Todo entonces cobra sentido a la luz de la visión
superior del alma. Los rayos determinan siete esquemas
de referencia que organizan la visión del
mundo del alma y en términos de los cuales
todas las experiencias son interpretadas.
-Fuente del mayor sentido de lo sagrado. Cuando
el campo del alma se manifiesta poderosamente en
la vida personal, ciertas actividades, personas,
lugares o contactos serán vistos como especiales,
dotados de un aura de santidad. Tales experiencias
serán sentidas infundidas de un profundo
sentido de lo sublime, conduciendo a una profunda
identificación con el todo.
-Fuente de los deseos del corazón.
El deseo profundo del corazón es un reflejo
de la voluntad del alma. Descansa en la raíz
de todos lo individuos como su poder motivante e
inspirador, en el centro del corazón como
la corriente de deseo más puro esperando
ser actualizado. Especialmente cuando el centro
cardiaco comienza a abrirse, el deseo del corazón
revelará al alma. |
El Discipulado y las Catorce Reglas para la Iniciación
Desde la perspectiva esotérica, los procesos
de integración de la personalidad y la posterior
fusión con el Alma sigue un proceso bien estructurado
y delineado por parte de la Jerarquía Planetaria
quinto reino de la naturaleza al que debe acceder
evolutivamente el reino humano o cuarto reino
: el Sendero del Discipulado. En una época relativamente
reciente de la historia de la humanidad, la Jerarquía
de Maestros espirituales instituyó un proceso
en conformidad con las leyes cósmicas, para acelerar
y ayudar a la humanidad en el tránsito al reino
de las Almas. Este proceso está jalonado por
una serie de iniciaciones sucesivas o expansiones de
conciencia, que representan la estabilización
del nivel vibratorio alcanzado en una determinada etapa.
Como dijimos, este proceso es autoiniciado, siendo en
realidad el ser humano quien se inicia a sí mismo.
Los aspectos energéticos y ceremoniales de la
iniciación solo se producen cuando el ser humano
alcanza el nivel requerido para la iniciación,
nivel que la permite recibir el aflujo de energía
estabilizadora de mano de instancias superiores.
El sendero del discipulado es antecedido por el sendero
de probación, y consta de la etapas preparatorias
para cinco iniciaciones que puede recibir el ser humano
antes de pasar al quinto reino como Alma liberada de
la necesidad de reencarnar. Las tres primeras implican
un progresivo control de los vehículos físico,
emocional y mental, y la tercera, o Transfiguración,
define el momento de total identificación de
la personalidad con el alma, la meta, quizás
lejana que podemos percibir como personalidades. Dado
que la cuarta y la quinta iniciaciones la Gran
Renunciación o Crucifixión y la Resurreccción
señalan las etapas finales de desidentificación
con el mundo de las formas, sucediéndose por
lo general en un breve periodo de tiempo, el largo periodo
de tiempo entre el sendero de probación y la
tercera iniciación es el que implica realmente
las tareas de integración de los campos personal
y transpersonal. Las catorce reglas para la iniciación
delinean las etapas de este extenso periodo, y su estudio
resulta del mayor interés desde el punto de vista
de evolución psicológica, pues implican
técnicas y enfoques usados por muchas disciplinas
de integración y crecimiento personal.
Hay que decir que estas reglas fueron enunciadas de
forma simbólica por Alice A. Bailey en Iniciación
humana y solar, y solo recientemente tenemos una exégesis
inteligente e inspirada de las mismas en el libro de
Zachary Lansdowne un resumen de las mismas puede
estudiarse en el apéndice.
El discipulado es contemplado por una institución
esotérica dedicada al entrenamiento de discípulos
como es la Escuela Arcana, como teniendo tres vertientes
inseparables: la meditación, como medio de entrenar
la mente, siguiendo los principios milenarios del Raja
Yoga, a fin de contar con un instrumento de contacto
con el Alma en los planos mentales, sensible al conocimiento
directo e intuitivo que el alma proporciona. El estudio,
a fin de comprender la naturaleza de las energías
y fuerzas que el discípulo debe aprender a manejar,
y las complejas cadenas de causa y efecto del mundo
manifestado el esoterismo es por definición
el estudio de la contraparte subjetiva y determinante
de las apariencias objetivas, es decir de las energías
que son causa de la manifestación; en lo que
respecta al ser humano, su contraparte subjetiva la
constituyen las energías condicionantes del alma.
Y por último el servicio, como de precipitar
las energías del alma en el plano físico
y como expresión de la voluntad y designio espiritual
del alma.
En su libro, Lansdowne encara la exégesis del
simbolismo de las reglas desde dos puntos de vista:
como reglas para la formación del carácter
y como reglas para la meditación nos limitaremos
aquí a la primera serie, más bien a lo
que se desprende de ellas que al simbolismo en concreto.
Lansdowne define la formación del carácter
como el esfuerzo realizado para expresar en el
mundo físico la actitud del alma y la conciencia
del alma a través de la personalidad.[5]
Las primeras siete reglas se aplican a las dos etapas
que constituyen el sendero de probación, y las
últimas siete reglas abarcan el periodo entre
la primera y la tercera iniciación. La naturaleza
autoinducida del proceso requiere que el aspirante o
el discípulo determine por sí mismo la
etapa alcanzada, mediante un reconocimiento de lo logrado,
y que continúe a partir de ahí. El sendero
de probación comienza con un incipiente contacto
con el altruismo del Alma que impele a iniciar un periodo
de autodisciplina y purificación para superar
la división interna percibida. Las siete reglas
elementales pueden considerarse como un constante y
progresivo proceso de crecimiento personal, del que
los rasgos más importantes desde el punto de
vista psicodinámico son:
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- naturaleza cíclica
del proceso; toma de conciencia de substancia impropia
en los campos mental, emocional y físico,
denominada esotérica y respectivamente ilusión,
espejismo y maya; en la meditación se introduce
la técnica de desidentificación (pratyahara)
-introducción de técnicas de invocación
para evocar nuevos modelos de conducta y comenzar
a descubrir las motivaciones subyacentes;
-práctica del servicio impersonal como método
de integración espiritual capaz de evocar
los poderes del Alma
-adquisición de cualidades o virtudes mediante
la reflexión y la visualización creativa
y proyección de imágenes positivas;
práctica de la meditación receptiva
y actitud de escucha
-cultivo de actitudes mentales no separativas producto
de algún logro alcanzado en la autodisciplina;
en la meditación, proyección de afirmaciones
positivas para introducir correcciones de comportamiento
y reforzar actitudes positivas
-introducción de la técnica del como
si, un esfuerzo avanzado de invocación activa
y meditativa del estado de conciencia del Alma;
cultivo de la inspiración del Alma en la
vida diaria |
En las reglas avanzadas (a partir de la primera iniciación):
| |
- continuación de la práctica
del como si y comienzo de un periodo de autoobservación
para llegar a conocerse mejor a sí mismo
y las energías con las que trabaja y contacta,
aprendiendo a dirigirlas efectivamente; cultivo
de la intuición y sensibilidad a la percepción
del Alma en su propio plano
-cultivo de correctas relaciones grupales de cooperación;
en la meditación, construcción del
primer segmento del antahkarana, o puente de substancia
mental entre el cuerpo mental y el Alma, mediante
técnicas más refinadas de visualización
y de creación de formas mentales
-énfasis en técnicas más elevadas
para purificar la naturaleza emocional del espejismo,
cambiando la programación interna del cuerpo
emocional mediante el análisis crítico
realizado con la ayuda de la mente; meditación
reflexiva y creativa
-estudio de los acontecimientos del mundo fenoménico
como símbolos de causas internas a fin de
descubrir soluciones a los problemas globales; formulación
de planes; cultivo de estados de conciencia contemplativos
a fin de conseguir iluminación del Alma
-desarrollo de un servicio verdadero: materialización
de planes con finalidad práctica en el mundo
físico; desarrollo de un mayor contacto con
el Plan; consagración de la personalidad
a la vida del Alma
-cultivo del aspecto voluntad del Alma; desarrollo
e interpretación intuitiva de habilidades
psíquicas |
Es importante observar como estas antiguas reglas
emanan y formulan técnicas y métodos de
crecimiento y desenvolvimiento usadas ampliamente en
corrientes actuales de psicología transpersonal.
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