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Autor: José Antonio Rodríguez
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UNA INTRODUCCIÓN GENERAL A LA CIENCIA DE LOS SIETE RAYOS (I)

La Naturaleza del propósito individual

Cada uno de nosotros tiene un propósito único en la vida. Hay algo que debemos ser, algo que debemos hacer. Cada uno de nosotros tiene (o más bien, es) un arquetipo espiritual que debe ser expresado en tiempo y espacio si es que el grandioso e inefablemente hermoso diseño arquetípico concebido por el Gran Arquitecto de Universo ha de manifestarse según la intención divina. Todos nosotros somos partes integrales e inseparables de una gran y totalmente inclusiva ENTIDAD, y se espera que cooperemos en SU propósito creativo manifestando nuestra naturaleza arquetípica.

En nuestro presente estado de evolución, sin embargo, es fácil olvidar que cada uno de nosotros, esencialmente, es un arquetipo espiritual. Los mundos superiores no son fácilmente accesibles a la conciencia condicionada por el cerebro, e incluso en nuestros momentos más exaltados, resulta más fácil pensar que tenemos un arquetipo espiritual a pensar que lo somos. Aunque esta distinción es filosóficamente esencial, no tenemos por que preocuparnos demasiado por ella con tal de que aprendamos a reconocer y manifestar ese arquetipo espiritual.

De todos los numerosos propósitos que pueden animarnos como seres humanos, nuestro propósito más profundo es manifestar nuestro arquetipo espiritual. Este arquetipo espiritual (el cual es nuestra verdadera [aunque no última] identidad individual) puede desde un punto de vista esotérico ser considerado un patrón sutil de energías diferenciadas (porque, de acuerdo a la Tradición de la Sabiduría intemporal, en el "Mundo del Devenir" [que incluye todas las dimensiones o "planos" de los cuales incluso la conciencia humana avanzada pueda ser consciente en el presente], no hay nada sino energía, y todas las cosas son formas modeladas de esa energía en sus innumerables diferenciaciones y combinaciones). Nuestro modelo arquetípico, espiritual e individual, es parte del Patrón Divino que está en proceso de hacerse manifiesto por medio del Plan Divino. Incluso aunque la tarea de descubrir la fuente cósmica última de nuestro propósito e identidad individual implica mucho pensamiento abstracto acerca de abstrusas consideraciones (y está realmente más allá de nuestras capacidades actuales), la tarea ante cada uno de nosotros es muy simple de comprender, no importa lo difícil que pueda ser realizarla. Debemos simplemente hacernos conscientes de nuestro modelo único de energías, y ser fieles a ese modelo, actualizando de ese modo quienes y qué somos ya en esencia. Nuestra mayor alegría y nuestra mayor responsabilidad espiritual es volvernos quienes realmente somos, lo que significa expresar totalmente nuestro arquetipo espiritual nuestro modelo espiritual, nuestra identidad espiritual. Los psicólogos esotéricos (estudiantes y practicantes de la ciencia del alma) podrían muy bien adoptar un mantra esencial que sería de valor supremo para todos sus estudiantes y clientes: Sé quién eres. Desafortunadamente, la mayoría de nosotros, incluso si sucede que somos relativamente inteligentes, no reconocemos el verdadero patrón de nuestra identidad espiritual, ni vemos realmente nuestro lugar y función en el esquema más vasto de las cosas. A menudo ni siquiera reconocemos el patrón de nuestra identidad personal (que es un patrón menor sobre el que debe ser impuesto el mode lo espiritual). Nuestro usual sentido de identidad es por tanto extremadamente limitado. Nuestro nombre, raza, nacionalidad, religión, origen familiar, unas pocas relaciones personales y grupales, y nuestra vocación mundana y pasatiempos a menudo definen los límites de nuestro autoconcepto. Si trabajamos bajo tal limitación de conciencia, nuestra respuesta a la vieja pregunta ¿Quién soy? será inexacta y confusa. En un sentido, si estamos orientados filosóficamente, ya sabemos quien somos: nosotros somos la UNICA SOLA COSA, porque no existe nada más, y no hay identidad otra que esa IDENTIDAD. Pero durante la fase de "expiración" del Manvantara, la identidad individualizada (lo que podría llamarse 'identidad particular') de hecho existe y (para cualquier propósito práctico) debe ser considerada la verdadera identidad de cualquier entidad verdadera, al menos, en tiempo y espacio.

Para alcanzar una idea más exacta de lo que somos individualmente, debemos comprendernos a nosotros mismos en términos de energía (lo que no quiere decir en términos de la usual definición materialista de energía). Es muy difícil llegar a cualquier definición última de energía. En un último sentido, el concepto de energía está estrechamente relacionado con el concepto del ser, un concepto tan fundamental e irreductible, que resulta, virtualmente, indefinible. Ser es Vida esencial, y la Vida trasciende todas las divisiones y separaciones, y por esto se resiste a ser definida (porque la definición se basa en el proceso de crear distinciones mentales, i.e., separaciones). A efectos prácticos, sin embargo hay algunas maneras filosóficamente significativas de comprender la energía que pueden resultar de valor para el psicólogo esotérico.

 

La Naturaleza de la Energía

De acuerdo a la visión esotérica del mundo, no hay en el Mundo del Devenir sino energía. Aunque las teorizaciones de Einstein se confinaron a lo que los esoteristas llaman el plano físicoetérico, su fórmula ha demostrado que la materia física es energía (y que, lo que los físicos usualmente consideran como energía, puede ser condensado o congelado en materia física). Desde el punto de vista esotérico, podríamos definir la energía de la siguiente manera: energía es la manifestación móvil del ser; o, la energía es el ser en actividad. Dentro de los mundos manifestados (lo que incluye dimensiones que por lo general consideramos como completamente abstractas y subjetivas) todo está en movimiento, todo es energía. Aunque toda energía no es sino una energía (y todo movimiento, un movimiento), existen (a efectos prácticos) tipos de energía que pueden diferenciarse unos de otros por sus tasas de movimiento o vibración, p.e., por sus frecuencias. Por esto, a pesar de la subyacente identidad esencial de todas las energías, parecen existir clases ilimitadas o diferenciaciones de energía en los mundos manifes tados. Son estas diferenciaciones de energía las que dan cuenta de las distintas identidades o entidades individuales. Desde un punto de vista aún más abstruso, existen tantas clases de energía como entidades hay. De hecho, podría decirse (desde una perspectiva filosófica) que la energía es entidad.

Admitiendo que estos pensamientos son abstractos y metafísicos, pero resultan útiles en el intento de comprender un poco la naturaleza y el origen de las energías que el psicólogo esotérico debe reconocer, comprender y manejar. Afortunadamente, el psicólogo esotérico por lo general no ha de preocuparse por tales consideraciones cosmológicas. El autor, por lo tanto desea asegurar a los estudiantes que después de esta breve sección introductoria, el resto del libro se centrará en cuestiones prácticas relativas al desarrollo psicoespiritual del ser humano.

 

Energía e Identidad humana

¿Cómo relacionaremos la identidad humana con el concepto de energía? Los seres humanos son entidades complejas y vivientes. Aunque, de acuerdo a la Sabiduría Eterna, no hay en todo el universo sino UNA ENTIDAD (que puede ser mejor pero inadecuadamente llamada ESPACIO), esa ENTIDAD UNA está paradójicamente subdividida en innumerables subentidades tales como seres humanos y animales, células y órganos, plantas y planetas, sistemas solares y constelaciones, galaxias y supergalaxias, átomos e incluso diminutas entidades en relación a quienes el pequeño átomo físico es inmenso. Todas estas entidades están vivas (p.e., son emanaciones de la VIDA UNA, de la ENTIDAD UNICA). Cada una de estas entidades (excepto la que podría ser llamada la más simple, primordial e irreductible entidad) se manifiesta como un agregado de energías un agregado de frecuencias (o incluso un agregado de entidades). Cada una de estas entidades (de nuevo, excepto la más simple e irreductible) de acuerdo a la doctrina esotérica, está compuesta o 'tejida' por numerosos hilos de energía, o rayos, de frecuencias diferentes.

Esencialmente, todas las entidades (sean minúsculas o inmensas) son idénticas. Pero en los mundos de manifestación, comprenden una inmensa extensión de desarrollo, desde lo más simple (lo que quiera que sea, porque no es el átomo, ni siquiera las partículas subatómicas) hasta lo inimaginablemente complejo. La suma total de todos los hilos de energía que comprende la naturaleza manifestada de cualquier entidad crea el patrón energético de esa entidad. En los mundos manifestados, la identidad es un tapiz tejido de hilos de energía emanados de grandes entidades que son, verdaderamente, Dioses. La identidad es realmente un patrón divinamente emanado y altamente organizado de rayos interrelacionados o frecuencias.

En nuestra actual etapa de evolución no hay manera (sin la ayuda de facultades superiores ocultas) de poder medir realmente la múltiples frecuencias que comprende el patrón energético de cualquier entidad, porque las frecuencias implicadas trascienden de lejos los planos de vibración físicos, e incluso etéricos (en los cuales la ciencia humana está ahora comenzando a penetrar). Pero a nuestra propia opaca y densa manera, podemos empezar a comprender algo de la cualidad vibratoria de las diversas entidades a la que estamos expuestos.

Cuando hablamos de cualidad por lo general queremos dar a entender una diferencia perceptible de frecuencia o vibración, p.e., una diferenciación perceptible de energía. Por ejemplo, consideremos la manera en que la luz blanca conducida a través de un prisma se subdivide en siete perceptibles bandas de color caracterizadas por siete frecuencias mayores. Cada una de estas bandas de frecuencia puede ser comprendida como una cualidad de energía. Por supuesto, dentro de cada ancha banda de frecuencia, existen muchas frecuencias graduadas, que difieren unas de otras en tasa de vibración. Cada una de estas distintas frecuencias podría quizás ser llamada una cualidad, pero generalmente el término cualidad indica una forma de diferenciación más amplia, más global y menos precisa.

Cada entidad en el universo tiene su propia y única frecuencia total, que podría llamarse frecuencia resultante de los muchos hilos de energía o rayos que se combinan para componer su modelo de energía. Ese frecuencia resultante es la 'cualidad global' (o más precisamente, la cualidad com puesta) de la entidad. La frecuencia resultante de la entidad es lo que la distingue de todas las demás entidades. Para estar seguros, cada entidad es multiforme, y tiene numerosas energías y frecuencias subsidiarias que la componen, pero el efecto total de todos aquellos hilos de energía, rayos o frecuencias es el todo combinado que experimentamos como la cualidad compuesta de la entidad, así como un acorde musical es la combinación de las notas que lo componen. Los estudiantes perceptivos de psicología se dan cuenta de que todas las personas (incluso aquellas que llamamos simples) son realmente muy complejas, y tienen muchas partes en su naturaleza; sus personalidades tienen muchos aspectos, facetas, rasgos o (hablando coloquialmente) "venas" (por ejemplo, una "vena amable", una "vena ruin", una "vena loca", etc.). Cuando interactuamos con una persona, uno u otro aspecto de su carácter puede ser activado. Estos aspectos del carácter, estas "venas" (que pueden considerarse como 'bandas de frecuencia psicológicas') son lo que usualmente llamamos las diversas cualidades de una persona. En un sentido, una persona tiene muchas cualidades (muchas diferencias perceptibles de frecuencia), y estas cualidades afectan a aquellos que forman parte de su entorno inmediato. En otro sentido, sin embargo, el efecto global de todas sus cualidades se convierte en lo que podría llamarse un 'vector cualidad' (no cantidad aunque desde un punto de vista, cualidad es cantidad); esta cualidad compuesta es su frecuencia resultante, su Cualidad con 'C' mayúscula. Es esta emanación compuesta la que determina su influencia global sobre el sistema mayor o el todo del que es una parte minúscula. Es la Cualidad con la que se es impresionado cuando uno 'se retira' y experimenta al individuo como un todo más que como una combinación de muchas partes, frecuencias, hilos de energía, rayos, vibraciones, rasgos, facetas, aspectos, venas, etc. (significando todos los términos esencialmente la misma cosa).

Cada entidad, por lo tanto, tiene su emanación o efecto global tanto si la entidad es un átomo o una galaxia. En el estudio de la psicología esotérica, nos interesamos tanto en la Cualidad global (el vector cualidad o frecuencia resultante de cualquier entidad) como en el número de hilos de energía o de cualidades subsidiarias que constituyen las múltiples partes de su patrón total de energía y que se combina para producir su Cualidad general. Ambas son vitalmente importantes.

Por supuesto, es más fácil detectar las múltiples cualidades, que comprender como esas cualidades se combinan para formar la Cualidad global, incluso aunque esa Cualidad pueda ser registrada. La Cualidad como llave a la Identidad A efectos prácticos, cuando registramos frecuencias mayores de energía de otra entidad (y en el campo de la psicología, esas otras entidades son, en su mayor parte, entidades humanas, seres humanos), simplemente llamamos a estas frecuencias de energía cualidades. Cuando deseamos comprender a otra persona, nos ponemos en contacto con ella y empezamos a comprender sus múltiples cualidades, y también su Cualidad global p.e., su emanación total y compuesta. En breve, experimentamos (en la medida que nuestra limitada sensibilidad nos permite) la identidad de la otra persona. Las limitaciones de la inteligencia humana nos impiden conocer las frecuencias matemáticas de todos los hilos de energía o rayos que componen el patrón de identidad de un individuo, pero si podemos sentir el efecto global. Estas limitaciones sólo se aplican cuando pensamos acerca de nuestra propia identidad. No captamos las matemáticas profundamente esotéricas que subyacen detrás de la estructura arquetípica de nuestra identidad (la descripción matemática de nuestro patrón de energía), pero podemos empezar a sentir nuestras principales cualidades, y quizás nuestra Cualidad global o emanación compuesta, aunque esto requiere verse a sí mismo con una cierta 'distancia psicológica'.

Nuestra sensibilidad hacia la cualidad, no cabe duda, continuará creciendo según vayamos permitiéndonos estar abiertos a las demás personas (y otras clases de entidades, como los devas), pero estamos bastante lejos de conocer la verdadera medida de las cosas. Sin embargo, podemos avanzar muy lejos en el desarrollo de la psicología esotérica incluso con nuestras limitaciones. Podemos comprender nuestra propia identidad y la identidad de otros lo suficientemente bien como para determinar los paso prácticos que deben ser dados si esa identidad ha de ser expresada propiamente, y el propósito espiritual cumplido.

Nuestra responsabilidad espiritual es la expresión de nuestra verdadera identidad. En esto no hay nada de egoísta. En vez de eso, al hacerlo estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad hacia el todo mayor. Cada entidad dentro de la mayor ENTIDAD (ESPACIO) es un único patrón o diseño que debe expresarse a sí mismo si la totalidad del Diseño Divino ha de manifestarse. Por eso, si fallamos al descubrir quienes somos, o fallamos al manifestar lo que descubrimos, el Gran Todo queda empobrecido debido a nuestra estupidez o nuestra negligencia.

Luego de alguna manera, a pesar de toda nuestra pequeñez e insignificancia, somos extremadamente significantes. Somos patrones irreemplazables dentro del Gran Patrón. ¡Estamos, literalmente, destinados a SER!. Estamos destinados a manifestar nuestro verdadero “yo mismo”, y más tarde nuestro ESENCIA Monádica. La función de la psicología esotérica es hacer esto posible.

 

Un enfoque del propósito de la vida

Es de la más completa importancia que comprendamos conscientemente quienes somos. Muchas personas de las que dicen que simplemente "siendo ellas mismas" están realmente viviendo instintiva e inconscientemente, responden en realidad a la vida con sólo una fracción de ellas mismos. Cuando dicen que responden espontáneamente a las impresiones, están simplemente respondiendo irreflexivamente. Responden de esa manera porque no tienen ningún concepto de su modelo de energía, o de como se relaciona con los modelos de energía de los demás, o del modelo de energía que está siendo expresado en su entorno como un todo.

El enfoque a propósito de la vida demanda un agudo conocimiento del modelo de energía individual. Esto no significa que uno deba enfocar su mirada de modo narcisista sólo sobre uno mismo, sino que debería comprender el modelo del sistema de energía propio (el modelo arquetípico espiritual, y el modelo personal), igual que un experto piloto comprende la estructura, el propósito y las limitaciones del aeroplano en el que vuela, o como un virtuoso comprende la función de cada parte de su instrumento musical, así como cuidarlo, afinarlo y manejarlo para que se convierta en el mejor vehículo posible para la expresión de su musicalidad.

Desde luego, el instrumento humano es mucho más delicado, complejo y expresivo que cualquier instrumento hecho por el hombre. Y mientras que es bastante fácil alcanzar una "distancia objetiva" de cualquiera de éstos, es muy difícil distinguir el verdadero Self (el Yo mismo Transpersonal o alma) de la mente, emociones y naturaleza física propias p.e., del propio 'instrumento' personal. Las más habilidosas manipulaciones ejecutadas por el más logrado virtuoso no son nada comparadas con la tarea de “tocar” consumadamente las energías y fuerzas de un instrumento humano afinado espiritualmente.

En realidad, expresar la propia identidad es un acto de virtuosismo espiritual un virtuosismo que lleva milenios cultivar. Se requieren un gran conocimiento y una práctica extendida a lo largo de muchas vidas. El propósito de la serie Tapestry of the Gods es proveer al menos algo de ese conocimiento, y familiarizar a los estudiantes con algunos de los métodos que pueden ser usados para facilitar la expresión del patrón exacto de su identidad, y así ayudarles a cumplir su propósito espiritual, y realizar su mayor contribución al bienestar del Todo planetario.

Entidades y emanaciones dentro de nuestro Cosmosistema Local A medida que la realidad de la unidad espiritual (dentro de la ENTIDAD UNA) es cada vez más comprendida, nos damos cuenta que estamos de hecho relacionados con todos los miembros del reino humano. Los más de seis mil millones de entidades humanas en encarnación, y las casi cincuenta y seis mil millones de entidades humanas que no están en encarnación física en un momento dado, todos constituyen una gran familia: la familia humana.

Para la amplia mayoría de nosotros, esta íntima relación con la gran hueste de entidades humanas (quienes no son sino una entidad), no es un hecho consciente. Podemos comprender la unidad intelectualmente, e incluso en ciertos momentos, sentir nuestra unidad con la humanidad, pero no existe (salvo para los grandes iniciados) una conciencia continua de estar relacionado con intimidad espiritual con todos los seres humanos.

El número de seres humanos que tienen realmente cualquier significado personal para nosotros es en realidad muy pequeño. Están los miembros de nuestra familia inmediata, amigos, asociados, conocidos, compañeros de grupo, etc.. Están también aquellas pocas celebridades y "gente muy importante" quienes, a causa de su inusual prominencia, influencian a muchas personas en la sociedad (nosotros incluidos).

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