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La Naturaleza del propósito
individual
Cada uno de nosotros tiene un propósito único
en la vida. Hay algo que debemos ser, algo que debemos
hacer. Cada uno de nosotros tiene (o más bien,
es) un arquetipo espiritual que debe ser expresado en
tiempo y espacio si es que el grandioso e inefablemente
hermoso diseño arquetípico concebido por
el Gran Arquitecto de Universo ha de manifestarse según
la intención divina. Todos nosotros somos partes
integrales e inseparables de una gran y totalmente inclusiva
ENTIDAD, y se espera que cooperemos en SU propósito
creativo manifestando nuestra naturaleza arquetípica.
En nuestro presente estado de evolución, sin
embargo, es fácil olvidar que cada uno de nosotros,
esencialmente, es un arquetipo espiritual. Los mundos
superiores no son fácilmente accesibles a la
conciencia condicionada por el cerebro, e incluso en
nuestros momentos más exaltados, resulta más
fácil pensar que tenemos un arquetipo espiritual
a pensar que lo somos. Aunque esta distinción
es filosóficamente esencial, no tenemos por que
preocuparnos demasiado por ella con tal de que aprendamos
a reconocer y manifestar ese arquetipo espiritual.
De todos los numerosos propósitos que pueden
animarnos como seres humanos, nuestro propósito
más profundo es manifestar nuestro arquetipo
espiritual. Este arquetipo espiritual (el cual es nuestra
verdadera [aunque no última] identidad individual)
puede desde un punto de vista esotérico ser considerado
un patrón sutil de energías diferenciadas
(porque, de acuerdo a la Tradición de la Sabiduría
intemporal, en el "Mundo del Devenir" [que
incluye todas las dimensiones o "planos" de
los cuales incluso la conciencia humana avanzada pueda
ser consciente en el presente], no hay nada sino energía,
y todas las cosas son formas modeladas de esa energía
en sus innumerables diferenciaciones y combinaciones).
Nuestro modelo arquetípico, espiritual e individual,
es parte del Patrón Divino que está en
proceso de hacerse manifiesto por medio del Plan Divino.
Incluso aunque la tarea de descubrir la fuente cósmica
última de nuestro propósito e identidad
individual implica mucho pensamiento abstracto acerca
de abstrusas consideraciones (y está realmente
más allá de nuestras capacidades actuales),
la tarea ante cada uno de nosotros es muy simple de
comprender, no importa lo difícil que pueda ser
realizarla. Debemos simplemente hacernos conscientes
de nuestro modelo único de energías, y
ser fieles a ese modelo, actualizando de ese modo quienes
y qué somos ya en esencia. Nuestra mayor alegría
y nuestra mayor responsabilidad espiritual es volvernos
quienes realmente somos, lo que significa expresar totalmente
nuestro arquetipo espiritual nuestro modelo espiritual,
nuestra identidad espiritual. Los psicólogos
esotéricos (estudiantes y practicantes de la
ciencia del alma) podrían muy bien adoptar un
mantra esencial que sería de valor supremo para
todos sus estudiantes y clientes: Sé quién
eres. Desafortunadamente, la mayoría de nosotros,
incluso si sucede que somos relativamente inteligentes,
no reconocemos el verdadero patrón de nuestra
identidad espiritual, ni vemos realmente nuestro lugar
y función en el esquema más vasto de las
cosas. A menudo ni siquiera reconocemos el patrón
de nuestra identidad personal (que es un patrón
menor sobre el que debe ser impuesto el mode lo espiritual).
Nuestro usual sentido de identidad es por tanto extremadamente
limitado. Nuestro nombre, raza, nacionalidad, religión,
origen familiar, unas pocas relaciones personales y
grupales, y nuestra vocación mundana y pasatiempos
a menudo definen los límites de nuestro autoconcepto.
Si trabajamos bajo tal limitación de conciencia,
nuestra respuesta a la vieja pregunta ¿Quién
soy? será inexacta y confusa. En un sentido,
si estamos orientados filosóficamente, ya sabemos
quien somos: nosotros somos la UNICA SOLA COSA, porque
no existe nada más, y no hay identidad otra que
esa IDENTIDAD. Pero durante la fase de "expiración"
del Manvantara, la identidad individualizada (lo que
podría llamarse 'identidad particular') de hecho
existe y (para cualquier propósito práctico)
debe ser considerada la verdadera identidad de cualquier
entidad verdadera, al menos, en tiempo y espacio.
Para alcanzar una idea más exacta de lo que
somos individualmente, debemos comprendernos a nosotros
mismos en términos de energía (lo que
no quiere decir en términos de la usual definición
materialista de energía). Es muy difícil
llegar a cualquier definición última de
energía. En un último sentido, el concepto
de energía está estrechamente relacionado
con el concepto del ser, un concepto tan fundamental
e irreductible, que resulta, virtualmente, indefinible.
Ser es Vida esencial, y la Vida trasciende todas las
divisiones y separaciones, y por esto se resiste a ser
definida (porque la definición se basa en el
proceso de crear distinciones mentales, i.e., separaciones).
A efectos prácticos, sin embargo hay algunas
maneras filosóficamente significativas de comprender
la energía que pueden resultar de valor para
el psicólogo esotérico.
La Naturaleza de la Energía
De acuerdo a la visión esotérica del
mundo, no hay en el Mundo del Devenir sino energía.
Aunque las teorizaciones de Einstein se confinaron a
lo que los esoteristas llaman el plano físicoetérico,
su fórmula ha demostrado que la materia física
es energía (y que, lo que los físicos
usualmente consideran como energía, puede ser
condensado o congelado en materia física). Desde
el punto de vista esotérico, podríamos
definir la energía de la siguiente manera: energía
es la manifestación móvil del ser; o,
la energía es el ser en actividad. Dentro de
los mundos manifestados (lo que incluye dimensiones
que por lo general consideramos como completamente abstractas
y subjetivas) todo está en movimiento, todo es
energía. Aunque toda energía no es sino
una energía (y todo movimiento, un movimiento),
existen (a efectos prácticos) tipos de energía
que pueden diferenciarse unos de otros por sus tasas
de movimiento o vibración, p.e., por sus frecuencias.
Por esto, a pesar de la subyacente identidad esencial
de todas las energías, parecen existir clases
ilimitadas o diferenciaciones de energía en los
mundos manifes tados. Son estas diferenciaciones de
energía las que dan cuenta de las distintas identidades
o entidades individuales. Desde un punto de vista aún
más abstruso, existen tantas clases de energía
como entidades hay. De hecho, podría decirse
(desde una perspectiva filosófica) que la energía
es entidad.
Admitiendo que estos pensamientos son abstractos y
metafísicos, pero resultan útiles en el
intento de comprender un poco la naturaleza y el origen
de las energías que el psicólogo esotérico
debe reconocer, comprender y manejar. Afortunadamente,
el psicólogo esotérico por lo general
no ha de preocuparse por tales consideraciones cosmológicas.
El autor, por lo tanto desea asegurar a los estudiantes
que después de esta breve sección introductoria,
el resto del libro se centrará en cuestiones
prácticas relativas al desarrollo psicoespiritual
del ser humano.
Energía e Identidad humana
¿Cómo relacionaremos la identidad humana
con el concepto de energía? Los seres humanos
son entidades complejas y vivientes. Aunque, de acuerdo
a la Sabiduría Eterna, no hay en todo el universo
sino UNA ENTIDAD (que puede ser mejor pero inadecuadamente
llamada ESPACIO), esa ENTIDAD UNA está paradójicamente
subdividida en innumerables subentidades tales como
seres humanos y animales, células y órganos,
plantas y planetas, sistemas solares y constelaciones,
galaxias y supergalaxias, átomos e incluso diminutas
entidades en relación a quienes el pequeño
átomo físico es inmenso. Todas estas entidades
están vivas (p.e., son emanaciones de la VIDA
UNA, de la ENTIDAD UNICA). Cada una de estas entidades
(excepto la que podría ser llamada la más
simple, primordial e irreductible entidad) se manifiesta
como un agregado de energías un agregado de frecuencias
(o incluso un agregado de entidades). Cada una de estas
entidades (de nuevo, excepto la más simple e
irreductible) de acuerdo a la doctrina esotérica,
está compuesta o 'tejida' por numerosos hilos
de energía, o rayos, de frecuencias diferentes.
Esencialmente, todas las entidades (sean minúsculas
o inmensas) son idénticas. Pero en los mundos
de manifestación, comprenden una inmensa extensión
de desarrollo, desde lo más simple (lo que quiera
que sea, porque no es el átomo, ni siquiera las
partículas subatómicas) hasta lo inimaginablemente
complejo. La suma total de todos los hilos de energía
que comprende la naturaleza manifestada de cualquier
entidad crea el patrón energético de esa
entidad. En los mundos manifestados, la identidad es
un tapiz tejido de hilos de energía emanados
de grandes entidades que son, verdaderamente, Dioses.
La identidad es realmente un patrón divinamente
emanado y altamente organizado de rayos interrelacionados
o frecuencias.
En nuestra actual etapa de evolución no hay
manera (sin la ayuda de facultades superiores ocultas)
de poder medir realmente la múltiples frecuencias
que comprende el patrón energético de
cualquier entidad, porque las frecuencias implicadas
trascienden de lejos los planos de vibración
físicos, e incluso etéricos (en los cuales
la ciencia humana está ahora comenzando a penetrar).
Pero a nuestra propia opaca y densa manera, podemos
empezar a comprender algo de la cualidad vibratoria
de las diversas entidades a la que estamos expuestos.
Cuando hablamos de cualidad por lo general queremos
dar a entender una diferencia perceptible de frecuencia
o vibración, p.e., una diferenciación
perceptible de energía. Por ejemplo, consideremos
la manera en que la luz blanca conducida a través
de un prisma se subdivide en siete perceptibles bandas
de color caracterizadas por siete frecuencias mayores.
Cada una de estas bandas de frecuencia puede ser comprendida
como una cualidad de energía. Por supuesto, dentro
de cada ancha banda de frecuencia, existen muchas frecuencias
graduadas, que difieren unas de otras en tasa de vibración.
Cada una de estas distintas frecuencias podría
quizás ser llamada una cualidad, pero generalmente
el término cualidad indica una forma de diferenciación
más amplia, más global y menos precisa.
Cada entidad en el universo tiene su propia y única
frecuencia total, que podría llamarse frecuencia
resultante de los muchos hilos de energía o rayos
que se combinan para componer su modelo de energía.
Ese frecuencia resultante es la 'cualidad global' (o
más precisamente, la cualidad com puesta) de
la entidad. La frecuencia resultante de la entidad es
lo que la distingue de todas las demás entidades.
Para estar seguros, cada entidad es multiforme, y tiene
numerosas energías y frecuencias subsidiarias
que la componen, pero el efecto total de todos aquellos
hilos de energía, rayos o frecuencias es el todo
combinado que experimentamos como la cualidad compuesta
de la entidad, así como un acorde musical es
la combinación de las notas que lo componen.
Los estudiantes perceptivos de psicología se
dan cuenta de que todas las personas (incluso aquellas
que llamamos simples) son realmente muy complejas, y
tienen muchas partes en su naturaleza; sus personalidades
tienen muchos aspectos, facetas, rasgos o (hablando
coloquialmente) "venas" (por ejemplo, una
"vena amable", una "vena ruin",
una "vena loca", etc.). Cuando interactuamos
con una persona, uno u otro aspecto de su carácter
puede ser activado. Estos aspectos del carácter,
estas "venas" (que pueden considerarse como
'bandas de frecuencia psicológicas') son lo que
usualmente llamamos las diversas cualidades de una persona.
En un sentido, una persona tiene muchas cualidades (muchas
diferencias perceptibles de frecuencia), y estas cualidades
afectan a aquellos que forman parte de su entorno inmediato.
En otro sentido, sin embargo, el efecto global de todas
sus cualidades se convierte en lo que podría
llamarse un 'vector cualidad' (no cantidad aunque desde
un punto de vista, cualidad es cantidad); esta cualidad
compuesta es su frecuencia resultante, su Cualidad con
'C' mayúscula. Es esta emanación compuesta
la que determina su influencia global sobre el sistema
mayor o el todo del que es una parte minúscula.
Es la Cualidad con la que se es impresionado cuando
uno 'se retira' y experimenta al individuo como un todo
más que como una combinación de muchas
partes, frecuencias, hilos de energía, rayos,
vibraciones, rasgos, facetas, aspectos, venas, etc.
(significando todos los términos esencialmente
la misma cosa).
Cada entidad, por lo tanto, tiene su emanación
o efecto global tanto si la entidad es un átomo
o una galaxia. En el estudio de la psicología
esotérica, nos interesamos tanto en la Cualidad
global (el vector cualidad o frecuencia resultante de
cualquier entidad) como en el número de hilos
de energía o de cualidades subsidiarias que constituyen
las múltiples partes de su patrón total
de energía y que se combina para producir su
Cualidad general. Ambas son vitalmente importantes.
Por supuesto, es más fácil detectar las
múltiples cualidades, que comprender como esas
cualidades se combinan para formar la Cualidad global,
incluso aunque esa Cualidad pueda ser registrada. La
Cualidad como llave a la Identidad A efectos prácticos,
cuando registramos frecuencias mayores de energía
de otra entidad (y en el campo de la psicología,
esas otras entidades son, en su mayor parte, entidades
humanas, seres humanos), simplemente llamamos a estas
frecuencias de energía cualidades. Cuando deseamos
comprender a otra persona, nos ponemos en contacto con
ella y empezamos a comprender sus múltiples cualidades,
y también su Cualidad global p.e., su emanación
total y compuesta. En breve, experimentamos (en la medida
que nuestra limitada sensibilidad nos permite) la identidad
de la otra persona. Las limitaciones de la inteligencia
humana nos impiden conocer las frecuencias matemáticas
de todos los hilos de energía o rayos que componen
el patrón de identidad de un individuo, pero
si podemos sentir el efecto global. Estas limitaciones
sólo se aplican cuando pensamos acerca de nuestra
propia identidad. No captamos las matemáticas
profundamente esotéricas que subyacen detrás
de la estructura arquetípica de nuestra identidad
(la descripción matemática de nuestro
patrón de energía), pero podemos empezar
a sentir nuestras principales cualidades, y quizás
nuestra Cualidad global o emanación compuesta,
aunque esto requiere verse a sí mismo con una
cierta 'distancia psicológica'.
Nuestra sensibilidad hacia la cualidad, no cabe duda,
continuará creciendo según vayamos permitiéndonos
estar abiertos a las demás personas (y otras
clases de entidades, como los devas), pero estamos bastante
lejos de conocer la verdadera medida de las cosas. Sin
embargo, podemos avanzar muy lejos en el desarrollo
de la psicología esotérica incluso con
nuestras limitaciones. Podemos comprender nuestra propia
identidad y la identidad de otros lo suficientemente
bien como para determinar los paso prácticos
que deben ser dados si esa identidad ha de ser expresada
propiamente, y el propósito espiritual cumplido.
Nuestra responsabilidad espiritual es la expresión
de nuestra verdadera identidad. En esto no hay nada
de egoísta. En vez de eso, al hacerlo estamos
cumpliendo con nuestra responsabilidad hacia el todo
mayor. Cada entidad dentro de la mayor ENTIDAD (ESPACIO)
es un único patrón o diseño que
debe expresarse a sí mismo si la totalidad del
Diseño Divino ha de manifestarse. Por eso, si
fallamos al descubrir quienes somos, o fallamos al manifestar
lo que descubrimos, el Gran Todo queda empobrecido debido
a nuestra estupidez o nuestra negligencia.
Luego de alguna manera, a pesar de toda nuestra pequeñez
e insignificancia, somos extremadamente significantes.
Somos patrones irreemplazables dentro del Gran Patrón.
¡Estamos, literalmente, destinados a SER!. Estamos
destinados a manifestar nuestro verdadero yo mismo,
y más tarde nuestro ESENCIA Monádica.
La función de la psicología esotérica
es hacer esto posible.
Un enfoque del propósito de la
vida
Es de la más completa importancia que comprendamos
conscientemente quienes somos. Muchas personas de las
que dicen que simplemente "siendo ellas mismas"
están realmente viviendo instintiva e inconscientemente,
responden en realidad a la vida con sólo una
fracción de ellas mismos. Cuando dicen que responden
espontáneamente a las impresiones, están
simplemente respondiendo irreflexivamente. Responden
de esa manera porque no tienen ningún concepto
de su modelo de energía, o de como se relaciona
con los modelos de energía de los demás,
o del modelo de energía que está siendo
expresado en su entorno como un todo.
El enfoque a propósito de la vida demanda un
agudo conocimiento del modelo de energía individual.
Esto no significa que uno deba enfocar su mirada de
modo narcisista sólo sobre uno mismo, sino que
debería comprender el modelo del sistema de energía
propio (el modelo arquetípico espiritual, y el
modelo personal), igual que un experto piloto comprende
la estructura, el propósito y las limitaciones
del aeroplano en el que vuela, o como un virtuoso comprende
la función de cada parte de su instrumento musical,
así como cuidarlo, afinarlo y manejarlo para
que se convierta en el mejor vehículo posible
para la expresión de su musicalidad.
Desde luego, el instrumento humano es mucho más
delicado, complejo y expresivo que cualquier instrumento
hecho por el hombre. Y mientras que es bastante fácil
alcanzar una "distancia objetiva" de cualquiera
de éstos, es muy difícil distinguir el
verdadero Self (el Yo mismo Transpersonal o alma) de
la mente, emociones y naturaleza física propias
p.e., del propio 'instrumento' personal. Las más
habilidosas manipulaciones ejecutadas por el más
logrado virtuoso no son nada comparadas con la tarea
de tocar consumadamente las energías
y fuerzas de un instrumento humano afinado espiritualmente.
En realidad, expresar la propia identidad es un acto
de virtuosismo espiritual un virtuosismo que lleva milenios
cultivar. Se requieren un gran conocimiento y una práctica
extendida a lo largo de muchas vidas. El propósito
de la serie Tapestry of the Gods es proveer al menos
algo de ese conocimiento, y familiarizar a los estudiantes
con algunos de los métodos que pueden ser usados
para facilitar la expresión del patrón
exacto de su identidad, y así ayudarles a cumplir
su propósito espiritual, y realizar su mayor
contribución al bienestar del Todo planetario.
Entidades y emanaciones dentro de nuestro Cosmosistema
Local A medida que la realidad de la unidad espiritual
(dentro de la ENTIDAD UNA) es cada vez más comprendida,
nos damos cuenta que estamos de hecho relacionados con
todos los miembros del reino humano. Los más
de seis mil millones de entidades humanas en encarnación,
y las casi cincuenta y seis mil millones de entidades
humanas que no están en encarnación física
en un momento dado, todos constituyen una gran familia:
la familia humana.
Para la amplia mayoría de nosotros, esta íntima
relación con la gran hueste de entidades humanas
(quienes no son sino una entidad), no es un hecho consciente.
Podemos comprender la unidad intelectualmente, e incluso
en ciertos momentos, sentir nuestra unidad con la humanidad,
pero no existe (salvo para los grandes iniciados) una
conciencia continua de estar relacionado con intimidad
espiritual con todos los seres humanos.
El número de seres humanos que tienen realmente
cualquier significado personal para nosotros es en realidad
muy pequeño. Están los miembros de nuestra
familia inmediata, amigos, asociados, conocidos, compañeros
de grupo, etc.. Están también aquellas
pocas celebridades y "gente muy importante"
quienes, a causa de su inusual prominencia, influencian
a muchas personas en la sociedad (nosotros incluidos).
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