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Hasta donde comprendo, el Ascendente y la Parte de
la Fortuna están íntimamente relacionados,
son dos caras de una misma moneda.
El ascendente indica la forma en que la persona logrará
adaptarse y comunicarse con el entorno inmediato, según
le convenga en torno a sus necesidades y le permita
convivir relacionarse con otros seres humanos. Por eso,
comúnmente suele decirse que el ascendente es
como una careta que nos ponemos, por que si bien no
estamos de acuerdo con muchas cosas, sufrimos si no
podemos adaptarnos a la sociedad en la cual vivimos.
El primer indicio del Ascendente lo tenemos con nuestros
padres, si ellos son muy exigentes deberé adaptarme
a actuar y manifestar lo que a ellos les agrade para
poder acceder a mis necesidades inmediatas que dependen
de ellos. Representa una fuerza que actúa en
el externo.
La Parte de Fortuna es la misma fuerza pero del lado
interno, esta fuerza traduce todo aquello captado del
entorno por el Ascendente y deberá ser traducido
al mundo interno. Cuando ambas fuerzas trabajan coordinadas,
se produce la magia. La persona se adapta y consigue
relacionar ambos mundos, internos y externo, comprende
al mundo externo, sus pautas establecidas y las relaciona
con sus pautas internas logrando así traducir
la información del interno inmediato hacia el
Ascendente y éste lo adaptara al medio.
Se interpreta del mismo modo que el Ascendente, el
regente del signo donde se encuentra la Parte de Fortuna
indicará la primera motivación real del
ser para activar al Ascendente y buscar la adaptación
y la aceptación, para conseguir aquello que dependan
de otros, si fracasa o no la función de esta
fuerza estará indicado por posición y
contactos del regente del signo donde se encuentra la
Parte de Fortuna.
Por ejemplo, en VII y Leo indica un ego que se expresa
libremente cuando puede hacer feliz a los demás
(la casa VII indica la mayor expresión del ego
y la sombra, lo opuesto al Ascendente, aquello que no
puede adaptarse y por ende no puede integrarse), así
que la persona siente mucho placer y felicidad cuando
aquello que piensa, dice y vive está dedicado
a la persona que ama (una buena comunicación
entre ambos mundos, internos y externo).
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