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A través de todas las casas de la carta natal
hemos ido descubriendo y formando una individualidad
por medio del ego, al llegar a casa XI nos damos cuenta
de que podemos expandirnos fuera de nuestra piel por
medio de relacionarnos con otras personas, sean estos
amigos, grupos. Podemos llegar a ser más de lo
que somos, descubrimos cómo influyen los demás
sobre quienes somos y en ellos hay una influencia de
quienes somos, en nuestras mentes hay una vinculación
recíproca que las afecta en forma directa. La
idea de que existimos como entidades aisladas y estamos
solos internamente va perdiéndose a medida que
va ganando terreno la concepción de un sí
mismo de mayor amplitud y de un sentido más colectivo,
en la casa XII los procesos paralelos de disolución
del ego individual y de fusión con algo más
vasto que el sí mismo no se vivencian, ni se
sienten mentalmente o intelectualmente como en la casa
XI, se vivencia por medio del corazón y el alma
(solo se llega a Dios con el corazón.... solo
el corazón puede romper la roca más dura...solo
el corazón que ha sufrido puede comprender al
amor y cuando el alma se deshoja por él).
El anhelo de disolución vive en todos nosotros,
las ansias de regresar a la seguridad del vientre de
mamá, "al estado de unidad originario".
La psicología dictamina que en la estructura
inicial de la conciencia del niño es previa a
la división sujeto/objeto, y que ignora las limitaciones,
el espacio y el tiempo. Los primeros recuerdos que tenemos
son los más profundos que habitan en nuestro
ser, cada individuo intuye que su naturaleza más
intima es ilimitada, infinita y eterna. Redescubrir
esta integridad es lo que más desea naturalmente
el ser humano, lejos de ser un deseo, es una necesidad.
Los espiritualistas se refieren a esta necesidad como
una urgencia, una avidez mística de unión
con nuestra fuente, y en la experiencia directa de ser
parte de algo mayor que nosotros, algo parecido a una
nostalgia divina. Todo esto suena a algo ideal sereno
y pacífico, sin embargo, hay algo más
en nosotros "el deseo de autopreservación
del yo y su miedo a morir que entra en batalla con esta
necesidad antes mencionada". El ego trabajó
duramente para ganarse una vida independiente ¿Por
qué ahora debería renunciar a lo que tanto
le costó conseguir?
En el símbolo de Piscis encontramos dos peces
nadando en direcciones opuestas, los seres humanos nos
enfrentamos con un dilema existencial, con dos tendencias
opuestas. Cada persona quiere perder su sensación
de aislamiento y trascender su apartamiento individual,
y sin embargo, a todos les aterra la desintegración
y contempla con temor la perdida del sí mismo.
Esta doble unión existencial que todos poseemos
"anhelar la totalidad y sin embargo temerla y colocarle
resistencia" es el principal dilema de la casa
XII. Por producir tanto temor la disolución de
la identidad, la gente busca gratificaciones que reemplacen
los intentos de satisfacer la avidez de autotrascender.
Una de las estrategias para lograr reconectarse con
esta unidad utiliza como medio, el sexo y el amor: "si
me aman, me aceptan, me incluyen, puedo trascender mi
aislamiento". Otro recurso para recuperar el perdido
sentimiento de omnipotencia y omnipresencia recurre
a la posesión del poder y el prestigio: "si
puedo extender mi esfera de influencia cada vez a más
cosas, entonces el resto de la vida estará conectado
conmigo".
La inmersión en el alcohol o las drogas es una
forma más de derribar fronteras y flexibilizar
rigideces, también los deseos de suicidio y otras
maneras diversas de comportamiento autodestructivo,
enmascaran el ansia de regresar al estado de mayor bienaventuranza
propio de un ser no diferenciado. Hay quienes buscan
trascender de una forma más directa, utilizando
la meditación, la plegaria y la devoción
a Dios, la casa XII puede plantear cualquiera de estas
cuestiones. Como sea la forma que abordemos, la casa
XII absorbe, devora, "des-estructura" o engrandece
desmesuradamente la identidad individual. Abandonar
el paradigma "yo aquí dentro" y vos
"ahí afuera" significa que las fronteras
entre nosotros mismos y los otros se vuelven inciertas.
Por esta razón, una fuerte acentuación
en esta casa puede ser el indicio de personas que tienen
grandes dificultades para formarse una identidad claramente
definida, se sienten arrastradas por todo lo que tienen
a su alrededor, influidas por cualquier persona con
quien establezcan contacto. Otras con la misma característica
desfiguran su identidad personal en forma totalmente
desproporcionada. Antes de sacrificar el yo para fundirse
con algo tan divino, es posible que la persona intente
imbuir al propio ego con estas cualidades, en vez de
intentar una reconexión ya sea con Dios, el todo,
etc. La persona intentará representar el papel
de Dios, en otras palabras, cae en una forma de engrandecimiento
llamada por Maslow "desorientación superior".
Ya habíamos dicho que en esta casa se nos presentan
confusiones respecto de quienes somos, y a menudo esto
suele ir acompañado con una confusión
mayor aún respecto a tener una dirección
concreta en la vida. También existe la posibilidad
de que, en algún lugar dentro nuestro, exista
la idea de que todo da igual, ¿qué importancia
tiene nada? Por lo tanto, en cuanto se logra distinguir
una identidad con claridad, o se impone una estructura
a la vida, sucede algo que nos mueve el piso bajo los
pies y la nebulosidad suprema vuelve a reinar. Rápidamente,
como el individuo siente que ha agarrado algo sobre
el cual puede apoyar su idea y sentimiento de un "yo",
ese algo se le escapa o desaparece misteriosamente.
La capacidad de mantener una coherencia entre las cosas
o de sacar adelante sus propios objetivos personales
se evapora en el aire misteriosamente, sin llegar a
saber como, bajo la influencia de un poder mucho mayor
sobre el cual se tiene un poder muy escaso. El oscurecimiento
de las fronteras entre el sí mismo y los otros
puede crear confusión en lo referente a donde
comenzamos y donde terminan los demás, pero también
otorga un grado mayor de empatía y de compasión
hacia aquellos con quienes compartimos la Tierra.
Abrumadas por el sufrimiento que las rodea, algunas
personas que tienen una configuración fuerte
en casa XII buscarán cualquier medio de escaparse
del mundo o apartarse totalmente de él. Otras
que sienten como propio el dolor de afuera, se van a
esforzar, naturalmente por aliviarlo de alguna manera...
en diversos grados la casa XII describe a la personalidad
que ayuda, atrapa o rescata, al mártir o salvador
que toma sobre si las necesidades y causas de otros.
Tradicionalmente la casa XII (conjuntamente con las
otras casas de agua, la IV y la VIII) revela pautas,
impulsos, urgencias y compulsiones que actúan
desde debajo del nivel de la percepción consciente
y sin embargo, influyen significativamente sobre nuestras
opciones, actitudes y orientación en la vida.
Almacenadas en nuestra memoria inconsciente, las experiencias
pasadas condicionan la forma en que vemos el mundo y
nos enfrentamos con él. Habría que preguntarse
tal vez a qué distancia en el pasado se remonta
el origen de estas influencias.
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