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Autor:
Rosa Solé
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LAS DOCE CASAS

¿Qué es la energía?
No la podemos ver pero sabemos que existe por su manifestación en las formas físicas. Utilizando una sencilla analogía, no podemos ver a la electricidad pero notamos sus efectos al abrir el interruptor de la luz o el horno eléctrico. La bombilla o el horno son objetos inanimados hasta que dejamos que fluya la corriente eléctrica. Podemos considerar al cuerpo humano de la misma forma, materia a través de la cual la energía se manifiesta a través de un propósito específico cuya finalidad última es la expresión del espíritu.

La energía, a través de los distintos niveles de la carta, se manifiesta en su estado más puro a través del centro de la misma -el Si Mismo, Yo Superior, Mónada... etc.-. Es la energía Universal que relaciona a todos los seres humanos con el origen de la misma. La podemos experimentar a través del YO de la personalidad y ser conscientes de su expresión transpersonal en nuestra vida diaria.

Desde este centro se manifiesta en el nivel 2) a través de las diversas formas geométricas formadas por los aspectos. El conjunto formado por estas figuras es la estructura de conciencia del ser humano o cuerpo causal, símbolo o mandala vibratorio, donde reside la motivación única para cada persona. Es a este nivel donde reside la causa de todos los acontecimientos que creamos en nuestra vida. J. E. Cirlot observa que “todo símbolo resuena en todos los planos de la realidad y que el ámbito espiritual de la persona es uno de los planos esenciales por la relación reconocida tradicionalmente entre macrocosmos y microcosmos...”

A continuación, en el nivel 3), los planetas -nuestros órganos de expresión y experimentación- reciben la energía del centro que se manifiesta a nivel de motivación interna a través del color y la forma de las figuras de aspectos. Esta recepción crea importantes circuitos de energía que influencian nuestro comportamiento a nivel inconsciente. Parte de nuestro camino es el de explorar estos laberintos internos para descubrir nuestra conexión con la energía Universal.

Los planetas también se nutren de la energía del Signo en que se encuentran, nivel 4), pero esta energía pertenece al inconsciente colectivo, y contiene la suma de toda la experiencia de la humanidad. Como las raíces de un árbol, experimentamos esta energía desde la familia donde hemos crecido hasta niveles más profundos del pasado histórico.

En el nivel 5) los planetas son los receptores de la energía que creamos a través del contacto en el mundo en que vivimos, es decir, se expresan en los diversos campos de acción representados por las Casas. Todo lo que nos rodea posee su propia energía y aprendemos a trabajar con estas energías o a levantar barreras para protegernos de las mismas. Volviendo a la analogía del horno, podemos ver que si limitamos la entrada del flujo eléctrico también limitamos su utilidad. Un horno eléctrico sin demasiada energía no cocinará muy bien la cena, por lo que si hemos creado barreras al entorno también estamos limitando nuestra realización.

Elevando nuestro nivel de conciencia, podemos diferenciar entre los diversos niveles a través de los cuales fluye nuestra energía.

Las Casas astrológicas
Las casas, el nivel más externo de la Carta Natal, representan las situaciones reales y formales de la vida con todos sus tipos de experiencias y actividades. El individuo empieza a vivir de verdad cuando empieza a darse cuenta de su entorno. De ahí la gran importancia del sistema de casas para la persona que quiera vivir conscientemente. A continuación comentamos brevemente algunos de los significados de las doce casas.

La casa primera empieza con el ascendente. Representa la parte activa del espacio del YO, siendo la casa doceava la parte pasiva. En la primera casa no se reflexiona demasiado sobre uno mismo, sino sobre lo realizado. Corresponde a Aries y es una casa de fuego que contiene energía marciana y cardinal que empuja hacia afuera e impulsa hacia adelante. Aquí es donde la persona construye la imagen del YO que luego presentará al mundo, y los planetas que ocupan esta casa ejercen una clara influencia en la personalidad.

El ser interior nacido en la primera casa que camina hacia llegar a ser un YO y de quien el entorno toma buena nota, en la segunda casa llega lentamente al reconocimiento de que no está solo en este mundo. Este descubrimiento ocasiona en el primer momento una confusión. Se tiende a protegerse del entorno y a crear barreras. Aquí nos encontramos con una casa fija: la autoconservación. Procuramos obtener substancias, talentos y capacidades para utilizarlos con provecho en la vida. El sentimiento del propio valor personal aumenta con lo que uno posee y se basa sobre lo que uno posee.

Las casas tercera y cuarta representan las “raíces colectivas” de donde provenimos, lo conocido, donde existimos y donde nos sentimos en nuestro hogar. Aquí encontramos todas las “marcas estructurales” del carácter que recibimos del entorno. Mientras que en la casa tercera, correspondiente al mercuriano signo de Géminis, encontramos en primer plano las funciones intelectuales y mentales, en la casa cuarta los sentimientos y las emociones se encuentran como “en casa”. Existe así pues un contraste entre pensamiento y sentimiento. En la primera se realiza el primer contacto con el entorno, como intentamos adaptarnos y hasta que punto estamos condicionados por el mismo.

En la casa cuarta rigen los sentimientos y las emociones, no el pensamiento colectivo. El interés aquí no es por el saber sino por la “pertenencia grupal”. Sin embargo también se trata aquí del colectivo en el que se busca el nido que proporciona el sentimiento de seguridad. La dependencia que de ello surge es un gran inconveniente. También puede haber la tendencia a bloquearse hacia el exterior y solo aceptar el colectivo al que se pertenece.

En la casa cuarta se ha experimentado el más alto grado de identificación con el colectivo, así que en la casa 5 se percibe la próxima meta de desarrollo, el contacto con el TU. Aquí se toma conciencia de que las personas entre las que uno se mueve no son simplemente una masa, sino que se trata de individuos. Cada uno se diferencia de los otros y por eso también se comporta de una manera distinta.

Como casa social, la casa quinta tiene que ver con que el individuo esté dispuesto a presentarse de una forma tan agradable como sea posible. Aquí se va tras las personas y se intenta actuar y brillar al máximo para impresionarlas. Uno se pone a prueba si mismo en los contactos, quiere vivir sus propias experiencias, arriesgarse, etc. Esta casa contribuye esencialmente a la autorrealización y pone en juego todas las energías creativas, aunque a menudo el comportamiento sea aparatoso para impresionar a los demás.

La casa sexta es más bien una casa de lucha por la existencia. Aquí se va hacia el TU y se espera ser reconocido y aceptado. Las necesidades de la vida figuran en primer plano. Aquí el entorno determina en alto grado lo que nosotros hacemos para dominar nuestra existencia. Aquí también se encuentra un poco de filosofía: el conocimiento, cultivo y desarrollo de las propias capacidades. Y la comprensión de que existir no significa sólo sobrevivir físicamente sino que también consiste en colaborar positivamente con la humanidad.

En la casa séptima el comportamiento no es pasivo sino activo. Como en el resto de casas cardinales, existe una fundamental convicción interior: se parte de determinadas suposiciones, sin discusión y se dispone sin primero preguntar o pedir. La casa séptima es una casa que tiene que ver con la cooperación por la que se produce entendimiento y concertación, y no se debe imponer el propio poder en contra de los semejantes. Cada uno debe cumplir con su contribución para que la totalidad mejore.

Con la casa octava nos encontramos de nuevo en una casa fija. Aquí está claro para las personas que la sociedad es un conjunto de individuos. Ya no se trata de individuos sino del sistema, de la estructura de la sociedad, de las leyes y del conjunto de leyes que regulan la vida conjunta de las personas. La casa octava está situada entre el DC y el MC, dos puntos bien distintos y es la zona en la que estas dos fuerzas se entrecruzan: por una parte no se quieren dejar las ventajas que se tienen con el Tu pero por otra se quiere disfrutar de la libertad que ofrece el MC. Esta oscilación interna permanente lleva a intentar construir una estructura en que los dos estados estén disponibles en buena proporción.

En la casa novena no se trata de lo externo, no se trata de juicios externos, sino de la autoridad interna. Es una casa mutable y, como tal, una casa de conocimiento. La individualidad se entiende como autonomía espiritual; se debe llegar a un pensamiento independiente que es la propia ley.

En la casa novena se debe conseguir la capacidad de reconocer y criticar todo lo contenido en una pregunta, no para ocasionar destrucción sino para identificar la sustancia de las cosas y mediante el conocimiento alcanzado con el propio rendimiento mental, formar una propia filosofía en un proceso creativo. Esta filosofía es la base de la autonomía espiritual y de una libertad más individual y más sana que permite a la personalidad producir una contribución positiva a la familia humana.

En la casa décima se trata de posición y de hechos, de actividad eficiente hacia el exterior. Se conoce como la casa de la autoridad, y hay que cuestionarse si la autoridad se trata o no de un modelo que se intenta imitar pero que no necesariamente corresponde a nuestra propia forma de ser, sino que se ha tomado prestado del entorno ya que puede copiarse el “poder” de uno más fuerte para poder elevarse a su nivel. Sólo cuando en la casa décima uno es responsable de sí mismo, se queda bajo la propia dirección espiritual y se obtiene una verdadera irradiación de autoridad.

La casa onceava pone en contacto con el concepto de amistad. En ello no hay simplemente que entender cualquier tipo de conocimiento, sino la unión que está construida en base a la confianza y que por lo tanto contiene estabilidad y que no puede basarse solo en intereses externos.

La imagen-guía de las personas ideales, tema central de la casa onceava, puede repercutir en distintas direcciones: por una parte escojo determinados amigos, por otra intento efectuar cambios en el mundo para poder realizar mi ideal. Mi imagen de la humanidad determina la elección de mis amigos. En los amigos busco la realización de mi imagen ideal del hombre. Por lo tanto deben poseer en cierta medida las cualidades correspondientes a esa imagen.

La casa doceava es la que más lejos se encuentra en el mundo, en la parte más a la izquierda del horóscopo y la última de las casas. Aquí se adquiere la capacidad de vivir dentro del ser interior en el aislamiento forzado. Constituye un polo del eje de existencia y a veces, el típico miedo de la casa 6, que afecta a cuestiones materiales de la existencia, puede también provocar un efecto “catapulta” y desencadenar las preguntas sobre el ser.

La finalidad de esta casa es el reconocimiento de los verdaderos valores y su transferencia a la vida real como resultado de la unión con nuestra fuente interna.

 
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