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Introducción:
La gran mayoría de los astrólogos subdivide
los planetas en Personales o individuales
y Transpersonales o generacionales, su nombre
nos indica claramente que los segundos tienen un período
orbital mayor que los personales. Por lo general, se
adopta el criterio histórico para situar el límite
entre unos y otros.
Los planetas personales son: la Luna, Mercurio, Venus,
el Sol, Marte, Júpiter y Saturno. Son los planetas
clásicos utilizados desde Ptolomeo y que se pueden
observar a simple vista.
Los planetas transpersonales son: Quirón, Urano,
Neptuno y Plutón. Son los planetas modernos descubiertos
en los tres últimos siglos con el empleo de telescopios.
De Quirón se dice que es la llave de los planetas
transpersonales que hace de intermediario con los planetas
personales.
Otros astrólogos hacen una subdivisión
algo diferente, como Segundo Ruiz, quién realiza
cuatro grupos.
Planetas muy personales: el Sol, la Luna y el
Ascendente.
Planetas personales: Mercurio, Venus y Marte.
Planetas sociales: Júpiter y Saturno.
Planetas transpersonales: Quirón, Urano,
Neptuno y Plutón.
Aunque esta subdivisión representa un avance
respecto a la anterior, seguimos estando ante un punto
de vista geocéntrico, la Tierra sigue faltando.
Los planetas transpersonales son los mismos que los
ya mencionados, los planetas modernos. Pero a diferencia
del modelo anterior, separa a Júpiter y Saturno
de los planetas personales.
Hago esta aclaración previa, porque este punto
de vista geocéntrico influye de forma negativa
a la hora de definir las octavas planetarias e impide
el establecimiento de un modelo completo de octavas.
Al descubrirse los planetas modernos: Urano, Neptuno
y Plutón, empieza a hablarse de las octavas,
se dice que estos tres planetas son las octavas superiores
de tres planetas de los denominados clásicos
o tradicionales porque representan una vibración
más elevada de éstos. Así cuando
se habla de octavas superiores, se refieren únicamente
a dichos planetas transpersonales.
Se propusieron las siguientes octavas:
Mercurio (intelecto)
su octava es
.
.....
Urano (intuición)
Venus (amor)
. su octava
es
. Neptuno (mística)
Marte (acción)
su octava es
Plutón (autotransformación).
El Giro Copernicano:
Desde los antiguos egipcios y griegos, las matemáticas
demostraron que en el universo todo estaba unido en
armonía numérica. El Sol y cada planeta
vibran en octavas diferentes. Estas vibraciones es lo
que se ha dado en llamar "La música de las
esferas".
Si aumentamos la frecuencia de vibración de
una nota musical pasamos a la octava superior inmediata,
si continuamos aumentado la frecuencia pasaremos a la
siguiente octava y así sucesivamente.
De igual modo cada planeta emite una vibración,
incluida la Tierra nuestro planeta. Esta vibración
tiene una frecuencia diferente para cada planeta y si
aumentamos su frecuencia pasamos a la siguiente octava.
Durante la Edad Media se adoptó un modelo geocéntrico
del Sistema Solar. Este modelo es perfectamente válido
para la astrología que estudia como los demás
planetas del Sistema Solar se relacionan con el nuestro.
Así cuando hablamos de aspectos o ángulos
entre planetas es siempre con respecto a la Tierra.
Por ejemplo, si dos planetas están en trígono
no significa que entre ellos haya un ángulo de
120º, sino que en realidad dichos planetas forman
un ángulo de 120º con respecto a la Tierra.
De manera que las energías de dichos planetas
interactúan armoniosamente con la energía
de la Tierra y en consecuencia en la Tierra las cosas
irán bien. La relación armónica
no es entre ellos, sino de ellos con la Tierra.

Hoy sabemos que la Tierra no es el centro del Universo
y ni siquiera del Sistema Solar como se creía en
la Edad Media. Nicolás Copérnico nos demostró
en 1543 que todos los planetas de nuestro sistema orbitan
alrededor del Sol, incluida la Tierra. Si queremos estudiar
la estructura del Sistema Solar, entonces debemos adoptar
el punto de vista heliocéntrico, ya que todos los
planetas se sitúan respecto al Sol y no a la Tierra.
Sólo así obtendremos una secuencia correcta
y completa de octavas planetarias en la que figurará
también la Tierra.
Cada órbita representa un estado diferente que
aumenta en grado proporcionalmente a su distancia y
período de revolución alrededor del Sol.
Hay una relación armónica clara entre
ellos y siempre debemos tomar como referencia al Sol
que es el centro de nuestro sistema planetario.
La Tierra es un planeta más del Sistema Solar
con su propia órbita de traslación alrededor
del Sol, y con su particular frecuencia de vibración.
La Tierra, al igual que los demás planetas, también
tendrá su octava superior.
La Tierra es el planeta más importante para
nosotros, es el que nos da la existencia, vivimos sobre
su superficie y recibimos su vibración directamente
y con mayor intensidad que la de ningún otro
planeta. Su órbita anual alrededor del Sol marca
las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño
e invierno, que condicionan la vida sobre la Tierra
y define un ciclo que se repite año tras año.
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La Simetría del Sistema
Solar:
El Sistema Solar se subdivide en dos partes claramente
definidas: interior y exterior. El Sistema Solar interior
comienza en el Sol, un astro muy masivo, y termina en
el Cinturón de Asteroides; en medio tenemos una
serie de planetas y pequeños cuerpos cruzando
sus órbitas (NEOs: objetos apollo, aten, amor
y apohele). El Sistema Solar exterior empieza en Júpiter,
el planeta más grande, todos los demás
cuerpos juntos representan menos del 40% de su masa,
y termina en el Cinturón de Kuiper, compuesto
por miles de pequeños cuerpos helados; en medio
tenemos una serie de planetas y pequeños cuerpos
cruzando sus órbitas (Centauros). Vemos claramente
la simetría que se produce entre el Sistema Solar
interior y exterior:
Apoyándonos en el principio hermético
universal de Correspondencia que dice así:"Todo
lo que está arriba es como lo que está
abajo, y todo lo que está abajo es como lo que
está arriba", podemos ver como se relacionan
ambas partes del Sistema Solar.
En este principio se basa toda la astrología,
la cual establece una relación recíproca
entre lo que sucede arriba en el cielo con los diferentes
aspectos que forman los astros y lo que sucede aquí
abajo en la tierra con las diferentes relaciones en
las vidas de los hombres.
Si aplicamos este mismo principio al propio Sistema
Solar en su conjunto, podemos establecer una relación
inequívoca entre el Sistema Solar interior (abajo)
que representa el nivel personal del hombre (cuerpo
físico, emocional y mental concreto) y el Sistema
Solar exterior (arriba) que representa el nivel transpersonal
del hombre (mental abstracto, espiritual y el alma),
lo cual nos lleva a la conclusión de que el Sistema
Solar interior es la octava inferior del Sistema Solar
exterior, y viceversa que el Sistema Solar exterior
es la octava superior del Sistema Solar interior. Así
cada cuerpo celeste del Sistema Solar exterior tendrá
su octava inferior en otro cuerpo celeste del Sistema
Solar interior, siguiendo el orden de sus órbitas.
Vemos ahora como cambia la situación cuando
abordamos el Sistema Solar en su conjunto, adoptamos
el modelo heliocéntrico y aplicamos el pincipio
hermético de correspondencia.
Nuevamente hablamos de "personal" y "transpersonal",
pero en su justa dimensión:
- Los planetas personales son los cuerpos celestes del
Sistema Solar interior.
- Los planetas transpersonales son los cuerpos celestes
del Sistema Solar exterior.
Los planetas personales no terminan en Saturno como
se suele decir, sino con el cinturón de asteroides.
Júpiter y Saturno, que como vimos algunos astrólogos
ya separan de los personales y los llaman planetas sociales,
forman parte del Sistema Solar exterior y deben incluirse
entre los planetas transpersonales. La única
diferencia es que al ser visibles a simple vista éstos
se conocen desde la antigüedad y los demás
sólo pudieron descubrirse en tiempos modernos
con el progreso de la tecnología. Por tanto,
Quirón no es la llave entre los planetas personales
y transpersonales, sino que Quirón es la llave
entre lo viejo (Saturno) y lo nuevo (Urano). A lo sumo
podríamos decir de Quirón que hace de
nexo, llave o unión entre los planetas clásicos
o viejos y los planetas modernos o nuevos, pero no entre
personales y transpersonales.
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