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VENUS EN CASA XII (III)

SEGUNDA FASE

Llegado al extremo doloroso, sea por actuación personal o del "destino", esas penosas vivencias llegan a un final. Entonces Ud muy sensible desde el punto de vista afectivo, muy herido, siente que eso acontecido es lo peor que puede pasarle y decide que en adelante nunca más ocurrirá algo ni de cerca semejante. Posiblemente ponga distancias en sus lazos de afecto, o entre en un período de soledad, de no compromiso ni intimidad. Se dice (hasta parece convencerse a sí mismo) que es estar mejor solo, que no precisa de nadie, que el amor es un problema y solo sirve para problematizarle, que no tiene suerte ya que siempre atrae personas complicadas, u otros rebusques mentales para justificar su postura de negación al afecto o la pareja. Elabora fuertes defensas en los afectos; mas ninguna defensa tiene sentido si no hay una vulnerabilidad, un punto sensible, que salvaguardar. En realidad lo que hace es reprimir una parte de su ser. Mas no por reprimido deja de existir! por el contrario va juntando presión hasta llegar esas necesidades a un volumen crítico que en cualquier momento, frente a vivencias que quizá no lo justifican, se desbordan sin control. O imperceptiblemente comenzaría a entrar en otro vínculo afectivo donde termina repitiendo la historia, al anularse por afecto, no ponerse ningún límite, y concederle al ser querido un poder total sobre Ud. Hasta que esa persona nuevamente le falla, le deja, traiciona, complica, etc; o ese desborde afectivo compulsivo le trae problemas y le duele como lo peor. Entrando en una nueva negación y represión, para seguir perpetuando estos círculos viciosos de amores devoradores y soledades que se alternan.

LA CADENA SE PUEDE ROMPER

Cuando reconozca su hambre de afecto y asuma que difícilmente nadie ni nada exterior podrá saciar esas necesidades ni curar las muy viejas heridas afectivas que aún en su interior sangran, habrá dado un importantísimo paso en el proceso de convertir sus demonios internos en fuerzas positivas.

Luego tendrá que contener con compasión, cariño y paciencia a ese niño interior que tiene el corazón herido, que no ha sido amado. O sea, deberá hacer surgir desde la parte más madura de su ser el verdadero amor propio, que aún yace intacto, y desde esa parte más madura aliviar, amar, y ayudar a crecer a su niño interno. Ese amor es por esencia incondicional, sano, positivo, curativo. Entonces, en sintonía armónica con lo profundo de su corazón, vivificado por el Amor, integradas esas dos partes, vivirá relaciones afectivas plenas, muy especiales.

OTRAS POSIBILIDADES EN LOS AFECTOS

Transitando el sendero afectivo podrían presentarse otras situaciones en apariencia distintas, aunque las motivaciones de fondo serían las mismas. Por ejem. su ideal amoroso sería reclusivo y excluyente, intentando que Ud. y su pareja estuvieran solos, aislados, lejos del mundanal ruido, para poder sentir que se impregnan recíprocamente en las emanaciones energéticas de su afecto; en su sentir un amor así está a salvaguarda de amenazas externas.

Eventualmente pudiera ser muy renuente a manifestar pública y abiertamente su amor o sentimientos; mas bien tendería a esperar alguna manifestación de la persona querida que le brinde la seguridad que necesita para Ud expresar sin temores su afectividad, lo que realmente siente en ese plano. Y en plan de lograr esa inicial manifestación de la otra persona, puede incurrir en actitudes bastantes sesgadas o manipuladoras sino se vigila. Además, en la seguridad de la intimidad se muestra dulce, afectuoso, sentimental, tierno. O incurriría en amores de neto corte narcisista, que halagan el ego superficial, la vanidad, muy satisfactorios en su periferia, pero que no calan más hondo para evitar posibles sufrimientos. O amores ocultos, aunque más no fuera en la fantasía. Asimismo puede amar lo oculto, sutil, lo difícil de captar, lo intangible, lo nebuloso. Asimismo es digno de comentar la marcada propensión a sublimar los afectos, idealizarlos en el sentido de espiritualizarlos, tendiendo a trascenderlos, que hagan de puente a lo espiritual sino es que la espiritualidad (o ideologías) juegue su papel allí. Cuando la espiritualidad es bien entendida y no es excusa para enmascarar los traumas sicológicos, cuando las elecciones personales en este ámbito de los sentimientos son realmente libres, pudiera llegar a amores signados por la compasión, la entrega total, el sacrificio, la renuncia, la abnegación. Pero que no se confundan con las mismas actitudes cuando son motivadas por la falta de amor propio, o el ponerse en víctima para recibir alguna compensación.

LOS AMORES IDEALES...

merecen algún comentario más. El amor puede ser asimismo idealizado como consecuencia de las frustraciones afectivas de su pasado: ante la realidad dolorosa e insatisfactoria se refugió en las rosadas imágenes que su fantasía proporcionó, así como en los anhelos de un amor espiritual de total fusión.

Como consecuencia es un enamorado del amor que se prenda más de la imagen, del ideal amoroso, de la relación, más que de la persona de carne y hueso con su realidad. Por ello, al prendarse del alma del ser amado con sus mejores potencialidades (reales para Ud.), soslaya simultáneamente las realidades objetivas, externas, y mundanas, que generalmente al cabo de un tiempo hacen "aterrizar" el vínculo problematizando la relación; a la vez, al priorizar el amor que Ud siente independientemente de lo que sienta el ser amado y obviando la personalidad del otro, tiende a vincularse con parejas luego inadecuadas por lo inexpresivas, frías, no dadoras, carenciadas, incapaces de amar.

LA SOCIABILIDAD AFECTADA

Otros diversos tópicos pudieron, al igual que los afectos, verse tempranamente traumatizados. Enfocamos ahora lo social, las relaciones con los demás en general, los vínculos mundanos, los contactos que la vida civilizada trae, el trato con los otros, con "el otro/a" por contraste con uno mismo. Pues de alguna manera en sus primeros años la sociabilidad se vio estropeada, no propiciada, desvalorizada, estigmatizada, censurada o disciplinada, dificultada, no estimulada, brilló por su ausencia, o los modelos que recibió al respecto fueron negativos.

Muy sensibilizado al respecto, tiende luego a rehuir los contactos mundanos por encontrarse incómodo en ese desenvolvimiento; o los vive con culpa, como una carga u obligación. Pero le importan sobremanera, así que puede empezar el juego de opuestos manifestándose sumamente sociable, con trato fluido, simpático y seductor; hasta que surge algún problema y como le duele mucho, se retrae y no quiere más en adelante nada semejante.

O sino, ya que nadie puede abstenerse totalmente de relacionarse con otros, surgiría una actitud defensiva de marcada sociabilidad, pero sofisticada, artificiosa, no de fondo, que a modo de camuflaje le sirve para aislarse y disimular sus defensas, su no entrega.

DIFICULTADES CON LO FEMENINO

Lo femenino en el sentido de seducción, erotismo, buenas maneras, suavidad, delicadeza, aceptación, quizá se vio adversamente afectado, sea por la madre u otras mujeres allegadas que encarnaron negativos o dolorosos modelos, sea porque esas cualidades en Ud. se vieron censuradas, desvalorizadas, no bien tratadas, castigadas, descuidadas, coercionadas.

El resultado es confusión e inseguridad con la femineidad, tendencia a rehuir lo femenino, o sentir difícil un relacionamiento fluido y natural tanto con mujeres, como con los aspectos femeninos que yacen en su psiquis, y que todos en alguna medida tenemos (el "ánima" en el lenguaje de Jung). Nuevamente un juego de opuestos que no siempre es conciente se presenta: evitar la intimidad con mujeres, para luego dejarse avasallar; o en sí mismo reprimir los aspectos considerados femeninos, negarlos, hacer que no existen, para que luego le abrumen, surjan compulsivamente o de forma perniciosa. Así la historia se repite, hasta que no concientice esta dinámica, y comience a admitir que masculinidad y femineidad no son excluyentes; es decir que Ud., siendo hombre alberga también en su interior una potente fuerza femenina que asimismo forma parte de su ser total. Atender con cuidado y empatía esta parte suya lo volverían un hombre más completo, seguro, sensible, vital, feliz.

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