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SEGUNDA FASE
Llegado al extremo doloroso, sea por actuación
personal o del "destino", esas penosas vivencias
llegan a un final. Entonces Ud muy sensible desde el
punto de vista afectivo, muy herido, siente que eso
acontecido es lo peor que puede pasarle y decide que
en adelante nunca más ocurrirá algo ni
de cerca semejante. Posiblemente ponga distancias en
sus lazos de afecto, o entre en un período de
soledad, de no compromiso ni intimidad. Se dice (hasta
parece convencerse a sí mismo) que es estar mejor
solo, que no precisa de nadie, que el amor es un problema
y solo sirve para problematizarle, que no tiene suerte
ya que siempre atrae personas complicadas, u otros rebusques
mentales para justificar su postura de negación
al afecto o la pareja. Elabora fuertes defensas en los
afectos; mas ninguna defensa tiene sentido si no hay
una vulnerabilidad, un punto sensible, que salvaguardar.
En realidad lo que hace es reprimir una parte de su
ser. Mas no por reprimido deja de existir! por el contrario
va juntando presión hasta llegar esas necesidades
a un volumen crítico que en cualquier momento,
frente a vivencias que quizá no lo justifican,
se desbordan sin control. O imperceptiblemente comenzaría
a entrar en otro vínculo afectivo donde termina
repitiendo la historia, al anularse por afecto, no ponerse
ningún límite, y concederle al ser querido
un poder total sobre Ud. Hasta que esa persona nuevamente
le falla, le deja, traiciona, complica, etc; o ese desborde
afectivo compulsivo le trae problemas y le duele como
lo peor. Entrando en una nueva negación y represión,
para seguir perpetuando estos círculos viciosos
de amores devoradores y soledades que se alternan.
LA CADENA SE PUEDE ROMPER
Cuando reconozca su hambre de afecto y asuma que difícilmente
nadie ni nada exterior podrá saciar esas necesidades
ni curar las muy viejas heridas afectivas que aún
en su interior sangran, habrá dado un importantísimo
paso en el proceso de convertir sus demonios internos
en fuerzas positivas.
Luego tendrá que contener con compasión,
cariño y paciencia a ese niño interior
que tiene el corazón herido, que no ha sido amado.
O sea, deberá hacer surgir desde la parte más
madura de su ser el verdadero amor propio, que aún
yace intacto, y desde esa parte más madura aliviar,
amar, y ayudar a crecer a su niño interno. Ese
amor es por esencia incondicional, sano, positivo, curativo.
Entonces, en sintonía armónica con lo
profundo de su corazón, vivificado por el Amor,
integradas esas dos partes, vivirá relaciones
afectivas plenas, muy especiales.
OTRAS POSIBILIDADES EN LOS AFECTOS
Transitando el sendero afectivo podrían presentarse
otras situaciones en apariencia distintas, aunque las
motivaciones de fondo serían las mismas. Por
ejem. su ideal amoroso sería reclusivo y excluyente,
intentando que Ud. y su pareja estuvieran solos, aislados,
lejos del mundanal ruido, para poder sentir que se impregnan
recíprocamente en las emanaciones energéticas
de su afecto; en su sentir un amor así está
a salvaguarda de amenazas externas.
Eventualmente pudiera ser muy renuente a manifestar
pública y abiertamente su amor o sentimientos;
mas bien tendería a esperar alguna manifestación
de la persona querida que le brinde la seguridad que
necesita para Ud expresar sin temores su afectividad,
lo que realmente siente en ese plano. Y en plan de lograr
esa inicial manifestación de la otra persona,
puede incurrir en actitudes bastantes sesgadas o manipuladoras
sino se vigila. Además, en la seguridad de la
intimidad se muestra dulce, afectuoso, sentimental,
tierno. O incurriría en amores de neto corte
narcisista, que halagan el ego superficial, la vanidad,
muy satisfactorios en su periferia, pero que no calan
más hondo para evitar posibles sufrimientos.
O amores ocultos, aunque más no fuera en la fantasía.
Asimismo puede amar lo oculto, sutil, lo difícil
de captar, lo intangible, lo nebuloso. Asimismo es digno
de comentar la marcada propensión a sublimar
los afectos, idealizarlos en el sentido de espiritualizarlos,
tendiendo a trascenderlos, que hagan de puente a lo
espiritual sino es que la espiritualidad (o ideologías)
juegue su papel allí. Cuando la espiritualidad
es bien entendida y no es excusa para enmascarar los
traumas sicológicos, cuando las elecciones personales
en este ámbito de los sentimientos son realmente
libres, pudiera llegar a amores signados por la compasión,
la entrega total, el sacrificio, la renuncia, la abnegación.
Pero que no se confundan con las mismas actitudes cuando
son motivadas por la falta de amor propio, o el ponerse
en víctima para recibir alguna compensación.
LOS AMORES IDEALES...
merecen algún comentario más. El amor
puede ser asimismo idealizado como consecuencia de las
frustraciones afectivas de su pasado: ante la realidad
dolorosa e insatisfactoria se refugió en las
rosadas imágenes que su fantasía proporcionó,
así como en los anhelos de un amor espiritual
de total fusión.
Como consecuencia es un enamorado del amor que se prenda
más de la imagen, del ideal amoroso, de la relación,
más que de la persona de carne y hueso con su
realidad. Por ello, al prendarse del alma del ser amado
con sus mejores potencialidades (reales para Ud.), soslaya
simultáneamente las realidades objetivas, externas,
y mundanas, que generalmente al cabo de un tiempo hacen
"aterrizar" el vínculo problematizando
la relación; a la vez, al priorizar el amor que
Ud siente independientemente de lo que sienta el ser
amado y obviando la personalidad del otro, tiende a
vincularse con parejas luego inadecuadas por lo inexpresivas,
frías, no dadoras, carenciadas, incapaces de
amar.
LA SOCIABILIDAD AFECTADA
Otros diversos tópicos pudieron, al igual que
los afectos, verse tempranamente traumatizados. Enfocamos
ahora lo social, las relaciones con los demás
en general, los vínculos mundanos, los contactos
que la vida civilizada trae, el trato con los otros,
con "el otro/a" por contraste con uno mismo.
Pues de alguna manera en sus primeros años la
sociabilidad se vio estropeada, no propiciada, desvalorizada,
estigmatizada, censurada o disciplinada, dificultada,
no estimulada, brilló por su ausencia, o los
modelos que recibió al respecto fueron negativos.
Muy sensibilizado al respecto, tiende luego a rehuir
los contactos mundanos por encontrarse incómodo
en ese desenvolvimiento; o los vive con culpa, como
una carga u obligación. Pero le importan sobremanera,
así que puede empezar el juego de opuestos manifestándose
sumamente sociable, con trato fluido, simpático
y seductor; hasta que surge algún problema y
como le duele mucho, se retrae y no quiere más
en adelante nada semejante.
O sino, ya que nadie puede abstenerse totalmente de
relacionarse con otros, surgiría una actitud
defensiva de marcada sociabilidad, pero sofisticada,
artificiosa, no de fondo, que a modo de camuflaje le
sirve para aislarse y disimular sus defensas, su no
entrega.
DIFICULTADES CON LO FEMENINO
Lo femenino en el sentido de seducción, erotismo,
buenas maneras, suavidad, delicadeza, aceptación,
quizá se vio adversamente afectado, sea por la
madre u otras mujeres allegadas que encarnaron negativos
o dolorosos modelos, sea porque esas cualidades en Ud.
se vieron censuradas, desvalorizadas, no bien tratadas,
castigadas, descuidadas, coercionadas.
El resultado es confusión e inseguridad con
la femineidad, tendencia a rehuir lo femenino, o sentir
difícil un relacionamiento fluido y natural tanto
con mujeres, como con los aspectos femeninos que yacen
en su psiquis, y que todos en alguna medida tenemos
(el "ánima" en el lenguaje de Jung).
Nuevamente un juego de opuestos que no siempre es conciente
se presenta: evitar la intimidad con mujeres, para luego
dejarse avasallar; o en sí mismo reprimir los
aspectos considerados femeninos, negarlos, hacer que
no existen, para que luego le abrumen, surjan compulsivamente
o de forma perniciosa. Así la historia se repite,
hasta que no concientice esta dinámica, y comience
a admitir que masculinidad y femineidad no son excluyentes;
es decir que Ud., siendo hombre alberga también
en su interior una potente fuerza femenina que asimismo
forma parte de su ser total. Atender con cuidado y empatía
esta parte suya lo volverían un hombre más
completo, seguro, sensible, vital, feliz.
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