Astro-Campus
Todos los artículos de este autor
.La vida como aprendizaje
.Pronostico meteorológico
.Fuente
.Listado de artículos
.Listado de autores
.General
.Astropsicología
.Astrología Electiva
.Astrología Kármica
.Astrología Mundana
.Astrología Horaria
.Planetas
.Signos
.Partes, nodos, asteroides y
otros puntos
.Casas, cúspides y ejes
.Aspectos y configuraciones
.Técnicas
.Astrología de otras culturas
.Aforismos, grados y decanatos
.Astrología Médica
.Astrología y arte
.Miscelánea
.Primeros pasos
."No sólo de astro..."


LA VIDA COMO APRENDIZAJE (y II)

La vida como escuela, la existencia como aprendizaje

Hemos planteado ya anteriormente, al hablar de las limitaciones del método científico y de la ciencia en estos momentos, la pregunta de ¿cuál es el objetivo de la vida humana? He aquí algo que la Medicina de la Universidad no se interroga ni cree necesario hacerlo, dado que ha decidido limitarse en los últimos siglos a dar soluciones funcionales y trabajar exclusivamente en el cuerpo del hombre. Pero, repetimos nuevamente, el individuo humano no está formado sólo por su cuerpo, sino que se halla constituido al menos por tres niveles claramente diferenciados, los cuales funcionan de modo integrado influyéndose mutuamente (puesto que forman una unidad individualizada): la parte física accesible a los sentidos y a la experimentación, la parte emocional (psíquica, anímica), más profunda y aún no accesible a la ciencia, y la mental (espiritual), el plano más elevado e interno de los tres. Cada plano superior manda sobre el inferior, aunque un suceso en cualquiera de ellos repercute sobre los demás automática e inmediatamente. La división tripartita del ser humano la encontramos ya entre los sumerios, o sea, en la misma patria que la ciencia de los influjos celestes, donde también nacieron la escritura fonética y el sistema de numeración de posición (III milenio a.C.).

El hombre no es simplemente un conjunto formado por compuestos químicos, y no puede ser tratado en exclusiva como tal; sus respuestas van mucho más allá de la Química y la Mecánica. Vive, siente, piensa, goza y sufre, posee un plan de vida que ha de descubrir y cumplir, lo cual condiciona drásticamente lo que sucede en la "planta baja" del edificio humano, constituida por el cuerpo físico (equilibrio salud-enfermedad).

Esta realidad es tomada en consideración de un modo cada vez más amplio en algunas de las llamadas "medicinas alternativas", como es el caso de muchos homeópatas, terapeutas florales y otros. Por su parte, las ciencias de la Antigüedad (Astrología, Alquimia) van más allá y afirman que cada esfera planetaria ha generado su correspondiente réplica en los seres vivos, sobre todo en el hombre, el más completo de todos ellos. En esta visión el cuerpo (parte física) lo ha dado la Tierra, el alma las esferas planetarias y el espíritu las estrellas fijas (ciclos más largos).

La ciencia materialista no puede responder a la cuestión de cuál es el objetivo de nuestro paso por la Tierra, puesto que la razón no está en la materia. Y sin embargo es ésta una interrogante que todo individuo está llamado a hacerse alguna vez en su vida; bajo el punto de vista de algunas escuelas médicas posee una importancia crucial para atajar el binomio salud-enfermedad.

Los homeópatas interpretan que, cuando los síntomas van de "fuera" hacia "dentro", el paciente está empeorando su situación; por ejemplo, si se suprime un eccema con una pomada, al cabo de un tiempo puede aparecer un problema alérgico o asmático, y por tanto la salud está retrocediendo. Si en cambio el proceso va de "dentro" hacia "fuera", aunque pueda resultar molesto, consideran que el paciente está mejorando su salud; a un constipado (mucosas) puede suceder la varicela, que se manifiesta a nivel de la piel. Aunque coloquialmente hablemos de enfermedad, el homeópata interpretará que el paciente está evolucionando hacia la curación total.

Las enfermedades físicas acarrean a la par trastornos en el carácter y en la conducta, incluso pueden venir acompañadas de alteraciones en el estado mental, puesto que, como decimos, el ser humano funciona de modo integrado. Hoy que lo religioso recula en nuestra sociedad, vemos en paralelo una creciente tendencia por parte de algunas escuelas médicas o de muchos profesionales de la Medicina y de la Psicología a considerar la vida como una escuela en la que se debe llevar a cabo un largo aprendizaje; bajo este punto de vista las alteraciones de la salud, los síntomas y las enfermedades pueden y deben ser interpretados como una clave que nos lleve a conocer el error que estamos cometiendo en nuestras acciones cotidianas. No es ningún descubrimiento nuevo, pues ya vemos en el Nuevo Testamento una constante alusión a la relación entre el pecado (error en la vida) y la enfermedad.

Una de las personas que trató con más claridad este asunto en el siglo XX fue Edward Bach (1886-1936), doctor en Medicina y Filosofía, así como licenciado en Ciencias y creador de un sistema terapéutico conocido popularmente como "flores de Bach":

Nunca se erradicará ni se curará la enfermedad con los actuales métodos materialistas, por la sencilla razón de que la enfermedad no es material en su origen. Lo que nosotros conocemos como enfermedad es el último resultado producido en el cuerpo, el producto final de fuerzas profundas y duraderas, y aunque el tratamiento material sólo sea aparentemente eficaz, es un mero alivio temporal si no se suprime la causa real...

La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente, y no se erradicará a no ser con un esfuerzo espiritual y mental. Estos esfuerzos, si se llevan a cabo adecuadamente, con entendimiento, pueden curar y evitar la enfermedad al eliminar esos factores básicos que son su causa primaria. Ningún esfuerzo dirigido únicamente al cuerpo puede hacer algo más que reparar superficialmente el daño, y no hay curación en ello, puesto que la causa sigue siendo operativa y en cualquier momento puede volver a demostrar su presencia en otra forma. De hecho, en muchos casos una aparente mejoría resulta perjudicial, al ocultarle al paciente la auténtica causa de la molestia, y con la satisfacción de una salud aparentemente mejorada, el factor real, no descubierto, puede adquirir renovadas fuerzas(15)...

Otros autores se han levantado contra la corriente general expresándose en términos similares:

Aquí está la diferencia entre combatir la enfermedad y transmutar la enfermedad. La curación se produce exclusivamente desde una enfermedad transmutada, nunca desde un síntoma derrotado...

...Sólo en este contexto puede criticarse la medicina académica. La medicina académica habla de curación sin tomar en consideración este plano, el único en el que es posible la curación... La medicina se limita a adoptar medidas puramente funcionales que, como tales, no son ni buenas ni malas, sino intervenciones viables en el plano material. En este plano la medicina puede ser, incluso, asombrosamente buena; no se pueden condenar todos sus métodos en bloque; si acaso, para uno mismo, nunca para otros(16)...

Volvamos a Edward Bach, que se expresa con toda sencillez y claridad sobre el asunto que nos ocupa:

Para entender la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales.

La primera es que el hombre tiene un Alma que es su ser real; un Ser Divino, Poderoso, Hijo del Creador de todas las cosas, del cual el cuerpo, aunque templo terrenal de esa Alma, no es más que un diminuto reflejo...

El segundo principio es que nosotros, tal y como nos conocemos en el mundo, somos personalidades que estamos aquí para obtener todo el conocimiento y la experiencia que pueda lograrse a lo largo de la existencia terrena, para desarrollar las virtudes que nos falten y para borrar de nosotros todo lo malo que haya, avanzando de ese modo hacia el perfeccionamiento de nuestras naturalezas. El Alma sabe qué entorno y qué circunstancias nos permitirán lograrlo mejor, y por tanto nos sitúa en esa rama de la vida más apropiada para nuestra meta.

En tercer lugar, tenemos que darnos cuenta de que nuestro breve paso por la tierra, que conocemos como vida, no es más que un momento en el curso de nuestra evolución, como un día en el colegio lo es para toda la vida, y aunque por el momento sólo entendamos y veamos ese único día, nuestra intuición nos dice que nuestro nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro principio y que nuestra muerte está infinitamente lejos de nuestro final...

... un cuarto principio, que mientras nuestra Alma y nuestra personalidad estén en buena armonía, todo es paz y alegría, felicidad y salud. Cuando nuestras personalidades se desvían del camino trazado por el alma, o bien por nuestros deseos mundanos o por la persuasión de otros, surge el conflicto. Ese conflicto es la raíz, causa de enfermedad e infelicidad...

... El siguiente gran principio es la comprensión de la Unidad de todas las cosas: el Creador de todas las cosas es Amor, y todo aquello de lo que tenemos conciencia es en su infinito número de formas una manifestación de ese amor...

... Así pues, vemos que hay dos errores fundamentales posibles: la disociación entre nuestra alma y nuestra personalidad, y la crueldad o el mal frente a los demás, pues ése es un pecado contra la Unidad. Cualquiera de estas dos cosas da lugar a un conflicto, que desemboca en la enfermedad. El entender dónde estamos cometiendo el error (cosa que con frecuencia no sabemos ver) y una auténtica voluntad de corregir la falta nos llevará no sólo a una vida de paz y alegría, sino también a la salud(17).

Bach emplea como médico un lenguaje casi religioso, alineándose con ello en la doctrina más clásica que pueda imaginarse; como bacteriólogo y científico entregado a la investigación conocía lo que cualquier colega contemporáneo, pero supo darse cuenta a tiempo de las insuficiencias de las enseñanzas académicas. Él mismo habló de Astrología al relacionar algunos de sus remedios con las posiciones de la Luna en el Zodíaco durante el nacimiento, aunque no dejó escrita gran cosa sobre este asunto; por ello no debe extrañarnos que como causa fundamental de la enfermedad señale el actuar contra la "Unidad" (Capítulo III de Cúrese usted mismo), expresado en siete facetas: orgullo, crueldad, odio, egoísmo, ignorancia, inestabilidad y codicia.

Esto nos recuerda a los "siete pecados capitales" del Catecismo Cristiano, e inmediatamente a los dominios emocionales de las siete esferas planetarias. La inestabilidad se relaciona con la Luna (variabilidad, planeta más rápido, hormonas); la ignorancia con Mercurio (aprendizaje, discriminación); el odio con Venus (amor, armonía con los demás; en las separaciones matrimoniales el "amor" suele transmutarse en odio); el orgullo con el Sol (centro, exclusividad, poder); la crueldad con Marte (agresividad, territorio, lucha); el egoísmo con Júpiter (símbolo del altruismo, su contrario), y la avaricia con Saturno (planeta del desapego).

Ahora podemos ver cómo cualquier tipo de enfermedad que podamos sufrir nos llevará a descubrir el defecto que yace bajo nuestra aflicción. Por ejemplo, el orgullo, que es arrogancia y rigidez de la mente, dará lugar a esas enfermedades que producen rigidez y entumecimiento del cuerpo. El dolor es el resultado de la crueldad, en tanto que el paciente aprende con su sufrimiento personal a no infligirlo a los demás, desde un punto de vista físico o mental. Los castigos del odio son la soledad, los enfados violentos e incontrolables, los tormentos mentales y la histeria. Las enfermedades de la introspección -neurosis, neurastenia y condiciones semejantes-, que privan a la vida de tanta alegría, están provocadas por un excesivo amor a sí mismo, egoísmo. La ignorancia y la falta de sabiduría traen sus dificultades propias a la vida cotidiana, y además, si se da una persistencia en negarse a ver la verdad cuando se nos brinda la oportunidad, la consecuencia es una miopía y mala visión y audición defectuosa. La inestabilidad de la mente debe llevar en el cuerpo a la misma cualidad, con todos esos desórdenes que afectan al movimiento y a la coordinación. El resultado de la codicia y del dominio de los demás son esas enfermedades que harán de quien las padece un esclavo de su propio cuerpo, con los deseos y las ambiciones frenados por la enfermedad.

Por otra parte, la propia zona del cuerpo afectada no es casual, sino que concuerda con la ley de causa y efecto, y una vez más será una guía para ayudarnos(18)...

Volvemos a la doctrina de la unidad e inseparabilidad de las partes en la naturaleza, y por ello estamos plenamente de acuerdo con Bach y otros autores que han trabajado en la misma dirección; pero aquí hemos de añadir que, bajo el punto de vista de la cosmología astrológica, la herramienta horoscópica no nos da solamente una información precisa, extraíble también mediante la interpretación de los signos y síntomas manifestados por el individuo. Las direcciones astrológicas nos proporcionan además la coordenada "tiempo", los planetas implicados en la crisis y la intensidad de ésta (valor numérico, astrodinas), ampliando nuestro conocimiento de lo que sucede al individuo y aumentando las posibilidades de atajar los problemas.

La vida es un laberinto en el que nos movemos permanentemente, de modo que todo lo que nos lleve a comprender dónde estamos y encontrar una salida resulta de enorme utilidad. Este laberinto se inicia en la Tierra con el nacimiento y acaba con la muerte, aunque algo nos insinúa que viene de más atrás y continúa más allá; en tanto nos encontremos sobre esta orilla del mundo, la herramienta astrológica constituye el hilo de Ariadna ideal para moverse en su interior y no perder la conexión con el verdadero ser que habita dentro de nosotros.

Más allá del horóscopo de salud, amor y dinero, la Astrología proporciona la hoja de ruta que el viajero ha de cumplimentar aquí en la Tierra. La interpretación de los síntomas y de las enfermedades resulta también útil, pues estos no son sino las señales enviadas al "exterior" de que algo no marcha bien en el ser interior, a fin de cuentas más real y duradero que el cuerpo; pero la ciencia astrológica va más lejos y nos permite comprender y atajar cada situación, cada etapa de la vida. Nos anuncia qué y cuándo nos va a suceder (siempre en términos de probabilidades), qué lecciones nos toca aprender y cómo hacer para superarlas. De ello nos ocuparemos ampliamente en el Capítulo siguiente.

Por supuesto, la persona es libre de elegir entre las diversas posibilidades que la vida le va ofreciendo, y posee un cierto margen de maniobra para ir labrándose su propio destino; no existe ningún determinismo astrológico, ya que, de poder predecir el futuro con exactitud, siempre tendríamos oportunidad de maniobrar con antelación para modificarlo. Por tanto, todo pronóstico astrológico debe realizarse siempre en términos de probabilidades (lo mismo cabe decir, en general, de toda predicción científica).

La experiencia demuestra que cuando no se superan las pruebas a que continuamente nos está sometiendo la vida, debemos repetir las mismas situaciones; aparecen entonces los complejos psicológicos y las enfermedades, pero siempre hay algo por aprender. Cada día que amanece es una nueva oportunidad para avanzar; cuando esto no se ve así, constituye el aviso de que el individuo renuncia a caminar o se ha hecho viejo, fosilizándose. La Biblia nos habla de la estatua de sal en que se convirtió la mujer de Lot cuando miró atrás (el pasado).

La felicidad, como afirmaba Goethe, no consiste en hacer lo que a uno le gusta, sino en que nos guste lo que hacemos, independientemente de la profesión o de la clase social a la que se pertenezca; más allá de la razón, ocupar el lugar que nos corresponde y seguir el plan que tenemos asignado (el ser interior lo conoce muy bien, sólo hay que saber escucharlo) es la mayor fuente de alegría y bienestar posible. Para llevarlo a cabo basta dejarse llevar por el corazón, relajando los habituales controles de la mente, a la que también hay que dejar expresarse.

Antes de finalizar este punto queremos recordar que, muchas de las personas que se enfrentaron a enfermedades graves y las superaron, dieron a partir de entonces un vuelco radical en sus vidas (nos viene a la memoria Josep Carreras por su gran popularidad, tras vencer a la leucemia); su visión de la existencia y la escala de valores en la que se manejaban sufrieron un giro completo, lo cual se halla en plena sintonía con lo dicho anteriormente.

Más allá de la experiencia común: karma y genética

El término karma es de origen indio y se ha hecho muy popular en Occidente; responde a la Ley de Acción y Reacción, o sea, al encadenamiento de causas y efectos que tiene todo acto natural, y por supuesto las intervenciones humanas. Pero lo más conocido es la aplicación que se ha hecho del karma para interpretar las repercusiones de los actos de una vida en la siguiente; entronca por tanto con la doctrina de la reencarnación, que la Astrología, en tanto se mantenga como ciencia objetiva, no puede aceptar ni negar.

Bajo este punto de vista, algunos nacimientos de seres defectuosos o tarados, malas herencias o vidas marcadas desde su comienzo, en niños aparentemente inocentes, encontrarían así su explicación.

Podríamos encontrar otra vía explicativa, igualmente válida, en la coexistencia de orden y caos en la naturaleza; vemos que todo en el mundo se rige por leyes y principios, los cuales no excluyen los errores. Continuamente se están produciendo mutaciones entre los seres vivos, pero no todas ellas sobreviven, sólo las viables. Hoy hablaríamos de cuestiones relacionadas con la Genética y quedaría zanjada la cuestión; pero, una vez más, las cosas no son tan sencillas como aparentan.

Los antiguos se plantearon estos asuntos mucho antes que nosotros, y tal vez tuvieron también mucho más tiempo para dedicarse a buscar respuestas; los nacimientos "monstruosos" fueron relacionados, en primer lugar, con alteraciones significativas del medio ambiente, y por ello se consideraron de mal augurio. Pero también encontraron correlaciones con las posiciones de los astros, y ello puede constatarse en las obras de Astrología que han llegado hasta nosotros.

Los niños nacidos durante ciertos eclipses de Sol y Luna, o con determinados aspectos planetarios (el Sol a 82° de Saturno, por ejemplo) tenían hasta hace pocos siglos escasas expectativas de vida. Los avances técnicos de la Medicina han dado a esto un giro sustancial en la actualidad, pero, aún así, las taras genéticas siguen teniendo marcadores astronómicos bastante definidos, y lo mismo podemos decir de algunos tipos de conductas que encuentran también su razón de ser en los genes.

¿Podemos quedarnos en el simple plano físico y explicarlo todo en una secuencia de moléculas más o menos complicada, en la que el azar ha producido algunas modificaciones respecto de un patrón general?

La pregunta es apasionante y la respuesta mucho más, sin duda; aunque algo nos lleva a apostar que el azar no existe (!), la respuesta queda en el aire. Presentaremos algunos ejemplos de interés más adelante, lo cual nos llevará a aproximarnos a la respuesta que la Astrología puede aportar en estos momentos.

Notas (de esta segunda parte del artículo):

15.- Dr. Edward Bach. Cúrese usted mismo. Una explicación de la causa real y de la curación de la enfermedad. Editorial EDAF. Madrid, 1991. Capítulo I, págs. 26-27.

16.- Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. La enfermedad como camino. Una interpretación distinta de la Medicina. Plaza & Janés Editores, S.A. Barcelona, 1992. Pág. 19.

17.- Dr. Edward Bach, obra citada, Capítulo II.

18.- Ídem obra anterior, Capítulo III.

Lecturas recomendadas

Textos herméticos. Introducción, traducción y notas de Xavier Renau Nebot. Editorial Gredos. Madrid, 1999.

En diversos tratados se halla esparcida la doctrina del descenso y del ascenso las almas por las esferas planetarias, así como otras interesantes consideraciones acerca del origen del hombre y del objeto de su existencia en la Tierra.

Los gnósticos. Introducción, traducción y notas de José Montserrat Torrents. Editorial Gredos. Madrid, 1991.

Astrología y gnosticismo. Demetrio Santos. Editorial Barath. Madrid, 1986. Existe reedición de autor, 2004.

La curación por las flores. Dr. Edward Bach. Editorial EDAF. Madrid, 1991.

La enfermedad como camino. Una interpretación distinta de la Medicina. Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. Plaza & Janés Editores, S.A. Barcelona, 1992.

Volver al principio del artículo>>
.
.
.
webmaster@astro-campus.com
.
.