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Leo es el quinto signo del zodíaco, su significado,
que deviene del latín, representa al león,
el rey de los animales. En la Argentina el período
rige según la Tabla de Signos, o sea que todos
los nacidos este año dentro de este período
seran beneficiados con esta energía interna.
Está considerado desde hace miles de años
como el signo que gobierna al resto de las constelaciones,
ya que en el hemisferio norte representa el calor la
energía creadora del Sol del verano.
La energía Leonina es una energía que
se representa en el campo de la voluntad, tiene un movimiento
estable, lo que hace que se manifieste a través
de una resistencia a los cambios, una tendencia a los
proyección, a poner en los otros la responsabilidad
de las cosas que le suceden, y a tener necesidad de
poseer, de tener el manejo de los hilos de su alrededor.
Cuando funciona, lo hace a través de la voluntad,
quiere algo, lo desea, emplea su capacidad para lograrlo,
además de dirigir a los demás para el
logro de sus fines, y trata siempre de llegar a la perfección.
Posee sentido artístico, un fuerte magnetismo
personal, entusiasmo, cordialidad y simpatía.
Es el centro de cualquier lugar, y hace cualquier cosa
para serlo, cuando no se le presta atención.
Es noble, digno, posee sentido de autocrítica.
Las características que aparecen en la energía
más densa de Leo, y que deben ser trabajadas
desde este signo son: el orgullo, la tiranía,
el exclusivismo y la dilapidación.
Desde lo anatómico, podemos decir que Leo rige,
primordialmente al corazón y al sistema arterial,
por lo tanto, tiene mucho que ver con la temática
de los afectos. En general trata de conctarse afectivamente
poniendo distancia, ya que teme el dolor de la pérdida
afectiva.
Cabe destacar que Leo es regido, en lo terrenal, por
la energía del Sol, lo que hace que, al ser el
Sol el representante del ego, del yo interior, los nacidos
bajo este signo desarrollen una fuerte estructura interna
que puede permitirles afrontar cualquier circunstancia.
Como anécdota se puede agregar que, en las cortes
europeas, los reyes trataban que sus primogénitos
nacieran bajo la influencia de este signo, ya que creían
que sus hijos iban a ser así buenos gobernantes.
La mitología representa en esta contelación
al León de Nemea, originario de la Luna, al que
Hercules da muerte en su quinto trabajo.
La leyenda cuenta que Tifón y Equidna, en sus
amores, tuvieron como hijos varios monstruos, entre
los cuales estaba el León de Nemea, que desvastaba
los bosques situados entre Nemea y Cleone, que pertenecían
a la Argólida del Peleponeso, y que no podía
ser herido por ningun tipo de arma. Cuando los Dioses
lo convocan a Hércules a combatir al León,
Clionele aconsejó a Hércules en la forma
de combatirlo. Hércules fué encerrando
al León en círculos cada vez más
estrechos hasta que logró llevarlo a su propia
cueva, que poseía dos entradas. Tapó una
de ellas, y luchó con el León hasta estrangularlo
con sus manos. Hércules se cubrió con
la piel del León, la que siguió utilizando
a modo de coraza en sus otros trabajos, y Júpiter,
en conmemoración a la hazaña, colocó
al León entre las constelaciones.
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