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LA CONSULTA ASTROLÓGICA
COMO RITO DE INICIACIÓN.
Dice Campbell, en "El héroe de las mil caras
- Psicoanálisis del mito": "El camino
común de la aventura mitológica del héroe
es la magnificación de la fórmula representada
en los ritos de iniciación: Separación-iniciación-retorno,
que podrían recibir el nombre de unidad nuclear
del monomito" (6).
Y en "Los mitos - Su impacto en el mundo actual",
este mismo autor refiere: "Los mitos son los soportes
mentales de los ritos; los ritos, las representaciones
físicas de los mitos" (7).
Dane Rudhyar refería a la carta astral como un
verdadero mandala celeste; consideración esta
que lleva implícito en su percepción mandálica,
el de convertirse la carta en una "imago mundi",
donde al tiempo que aparece representado el cosmos en
su manifestación micro, también se encuentra
referida la esencia de una persona, así como
el devenir "potencial" de su existencia. Es
decir, en la carta misma no sólo se encuentra
implicada la esencia una del in-dividuo, inmutable por
definición, sino que a un mismo tiempo apreciamos
la infinitud de posibilidades que el ser puede desarrollar
y cuajar a partir del libre ejercicio de su voluntad.
El mapa astral personal, en este sentido es un cuadro
de las probabilidades inciertas, pero presentes, de
opciones múltiples y multiplicativas, dependiendo
de cada uno de nosotros el llegar a plasmarlas en hechos
y situaciones concretas.
Estas apreciaciones son las que convierten a la consulta
astrológica en un verdadero rito de iniciación,
en tanto que el consultante re-actualiza en el aquí
y ahora su ser implícito en la carta. En este
sentido, Mircea Eliade señala: "... al "vivir"
los mitos, se sale del tiempo profano, cronológico,
y se desemboca en un tiempo cualitativamente diferente,
un tiempo "sagrado", a la vez que primordial
e indefinidamente recuperable" (8). Extrapolar
estas apreciaciones a lo que hace a una situación
de consulta astrológica, implica el considerar
la misma como un espacio "sagrado", donde
el consultante no sólo ha de tomar conciencia
de sus potencialidades y debilidades, sino que las habrá
de vivenciar en el aquí y ahora, es decir, no
hablamos tan sólo de la percepción mental
de las mismas, sino de un verdadero "awareness"
o "darse cuenta" experiencial y vivencial
donde no sólo están en juego los sentidos
físicos y la mente, sino también nuestras
emociones y sentimientos más plenos. No es un
re-memorar sino un re-cordar, en las concepciones etimológicas
de ambos términos.
En este sentido la consulta astrológica se convierte
en un verdadero rito de iniciación en tanto que
se opera un verdadero "retorno al origen"
(ab origine), a la manifestación primigenia de
la carta por decirlo de alguna manera, donde al constituirse
en un espacio y en un tiempo "sagrados", nos
aproximamos al mismo dejando de lado nuestras máscaras
tanto personales como sociales.
Y es en la re-actualización de ese tiempo primordial,
donde la carta adquiere la cualidad de convertirse en
algo orgánico, vivo. No es tan sólo un
pensar la carta como un vivir la misma. Ya no asistimos
a la lectura y/o interpretación de un mapa astral
sino que incursionamos en un proceso de auto-descubrimiento
interior personal.
Es entonces este retorno ab-origine, hacia ese "comienzo
primordial" el que ha de dar cuenta de la posibilidad
de operar como una verdadera "renovatio" y
por ende, de constituirse en la posibilidad de re-generar
nuestra existencia.
Cómo vemos la re-actualización de nuestra
carta astral es un proceso dinámico más
que una situación estática, refiriendo
en última instancia a un verdadero "regressus
ad uterum" y es ello lo que la convierte en un
verdadero rito de iniciación; con lo que adquiere
en definitiva rizos de experiencia plutoniana y escorpiana,
en lo que conlleva de trans-formación y trans-mutación
alquímica de nuestro ser.
La consulta astrológica se constituye así
para el consultante en la posibilidad de que opere un
verdadero re-nacimiento (renovatio); un acceso a un
nuevo modo de ser en el mundo.
Así la carta natal, como promesa, a través
del proceso de consulta, deviene una posibilidad de
redención.
EL ASTRÓLOGO COMO CHAMAN.
La posibilidad de que un astrólogo se convierta
en "chamán" trasciende la simple adquisición
de conocimientos a través de una base teórica
y mediante procedimientos pedagógicos de carácter
meramente intelectual.
Hay un viejo aforismo que dice que sólo un cuerpo
lleno de cicatrices puede sanar a otro. Y justamente
es esto lo que ha de transformar a un astrólogo
de ser un mero técnico a convertirse en un verdadero
"chamán", quien devendrá la
capacidad de de-velar el mensaje de las esferas celestes
y trasmitir y guiar al lego por dichos caminos.
Y cómo se lleva a cabo este proceso?
El mismo presenta similares características referidas
en cuanto hace al consultante en lo que hemos referido
como rito de iniciación en el viaje del héroe
y en el proceso de consulta astrológica, motivo
por el cual no lo habremos de repetir. Pero dichas similitudes
operan en cuanto hace a su configuración como
estructura matricial.
El camino se iniciaría a partir del momento en
que el Astrólogo recibe "la llamada"
en el sentido que lo refiere Joseph Campbell, lo que
generalmente se produce a punto de partida de una insatisfacción
con la praxis profesional cotidiana clásica que
llevamos a cabo, instaurándose de esta manera
un sinsabor generado por el anhelo y la intuición
de la existencia de un "algo más".
Y esa es la "herida" que lo (nos) habrá
de conducir a un período de "iniciación".
Y esto implica el ser plenamente conscientes de la presencia
al interior de nosotros mismos de realidades no percibidas
en nuestra cotidianeidad y por otro lado, el asumir
que la negación por nuestra parte, de las mismas,
no implica necesariamente su no-existencia.
Por tanto, aceptar "la llamada" implica emprender
el camino de la experiencia personal, un sendero no
de explicación sino de experimentación
interior.
Y el arquetipo que entonces ha de ser invocado por el
astrólogo que acepte el "llamado" es
el del "Guerrero Espiritual". Cómo
dice Don Juan, el brujo yaqui que "inició"
a Carlos Castaneda: "El guerrero espiritual es
aquel que está en permanente batalla contra si
mismo, en guardia para no perderse, y seguir sólo
"el camino con corazón" " (9).
Dicho camino ha de referir a un proceso dinámicamente
continuo de búsqueda, encuentro, enfrentamiento
y asimilación de nuestros aspectos no aceptados,
de nuestra "sombra" en el sentido junguiano
del término. En una palabra, es transitar a través
de un sendero de auto-des-cubrimiento de nuestra esencia,
mediante la experiencia directa de nuestro ser, tanto
en el camino de ascenso hacia nuestros aspectos espirituales
como de descenso hacia nuestras facetas más instintivas,
siendo ambos mundos comprendidos y aceptados como complementarias
polaridades. Como dijera Rainer María Rilke:
"Tengo miedo de que si mis demonios me abandonan,
mis ángeles lo hagan también" (10).
Y retomando a Castaneda y su camino del guerrero espiritual,
en este proceso iniciático, el astrólogo
ha de enfrentarse a diversos "enemigos" representados
en la propia carta por diversos planetas y configuraciones
"inarmónicas". Y son dichos obstáculos
los que nos han de obligar a utilizar al máximo
nuestros propios recursos, tanto conocidos como des-conocidos,
en tanto los mismos han de operar como verdaderos "dioses
del cambio", en virtud de que habrán de
configurar una "amenaza" sistemática
a todo lo que hemos de considerar como seguro y previsible.
Un proceso en el cual el astrólogo deja de leer
y/o interpretar para convertirse y ser, en definitiva,
para llegar a "en-carnar" su propia carta.
La carta deja de convertirse en un objeto para transformarse
en un ser que lo enfrenta al astrólogo a su si-mismo,
la carta natal se transforma así en el hermano
gemelo, conocido al tiempo que desconocido, al que hacía
referencia Hércules.
Y no es este un proceso con comienzos y fines definidos,
sino que es una espiral dinámicamente eterna,
re-definida y re-configurada a través y mediante
cada consulta que el astrólogo lleva a cabo en
su calidad de "agente de cambio" más
que de técnico.
De esta manera, el astrólogo ha de asumir el
rol de Virgilio conduciendo a Dante a través
de los tres reinos, partiendo del Infierno, pasando
por el Purgatorio, hasta llegar al Paraíso. Pero
esto sólo lo ha de lograr aquel que se haya convertido
en un verdadero psicopompo hermético, es decir,
aquel astrólogo que al igual que el dios Hermes-Mercurio
sea apto de y para guiar a las almas en y a través
de los tres reinos, de lo cual sólo hemos de
ser capaces cuando logremos constituir a los mismos
en nuestro hogar, pues tan sólo cuando nos aceptemos
a nosotros mismos como animales y como dioses, podremos
devenir finalmente como plenamente humanos.
Bibliografía Citada:
(1) Castaneda, C.: "La rueda del tiempo",
pág. 20 - (Biblioteca Nueva Era)
(2) Campbell, J. - Moyers B.: "El poder del mito",
pág. 19 - Emecé Editores - 1991
(3) Ibidem.: pág. 30
(4) Bailey, A. A.: "Los trabajos de Hércules",
pág. 9 (Versión electrónica digitalizada)
(5) Greene, L.: "Relaciones Humanas - Un enfoque
psicológico de la astrología", pág.
90 - Ediciones Urano - 1987
(6) Campbell, J.: "El héroe de las mil caras
- Psicoanálisis del mito", pág. 35
- FCE. - 1997
(7) Campbell, J.: "Los mitos - Su impacto en el
mundo actual", pág. 59 - Ed. Kairós
S.A. - 1994
(8) Eliade, M.: "Mito y realidad", pág.
24 - Ed. Kairós S.A. - 1999
(9) Castaneda, C.: "La rueda del tiempo" 20
- (Biblioteca Nueva Era)
(10) Idemon, R.: "El hilo mágico",
pág. 129 - Ediciones Urano - 1998
Lic. Germán H. PASTORINI
E-mail: gpastorini@gmail.com
Montevideo - Uruguay
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