| Recordemos:
La luna (primera parte).
766. La luna se da como satélite de la tierra
y en su origen fue la brotación o la excrescencia
de otro planeta. Ese planeta se llamó Eupidio
y existió primero que la tierra y en ese entonces
él se daba en órbita mayor de la tierra,
Luego ocurrió que ese planeta se dio en órbita
discordante con los demás planetas y por ese
motivo sucumbió a los designios cósmicos.
A partir de entonces desaparareció el planeta,
y ese planeta dejó de sí lo que hay en
la luna. La luna no existió como tal, sino que
se formó después de la aparición
de la tierra; ésta existió en el momento
en que los restos del planeta desparecido empezaron
a formar un nuevo núcleo y de ese núcleo
se formó la tierra y de ella, se formó
la luna en mitades desiguales.
767. La luna se formó en mitad pero nunca se
agregó a la tierra, era entonces la razón
por la cual, ya no podrían existir juntas. Siendo
lo que fue la luna y siendo lo que es la tierra, ambas
se dieron en una misma unidad cósmica, pero separadas
para la función cósmica, es entonces que
la órbita de la tierra queda justo en el sistema
solar y la luna en perfecto equilibrio con la tierra.
Así se dio la constitución definitiva
y así la vemos como satélite de la tierra.
Hoy la luna es la hermana menor de la tierra y ella
siempre la acompaña para recordarle que ambas
tiene un mismo origen, por eso es que la luna siempre
se acuerda de la tierra y le señala, dentro de
la órbita, que la hermana mayor le da a la menor
la fuerza para existir y la menor se lo agradece, haciéndole
saber de los peligros cósmicos, por eso de da
en todo lo que le advierte, como ser planetario, que
debe recorrer sus curvas sin alterar el sentido de la
proyección por eso la hermana luna siempre se
lo recuerda y la mantiene en órbita solar. Queremos
dar de la luna, lo que la luna nos ofrece a la luz de
los conocimientos cósmicos, y lo primero que
debemos saber es como nace, a quien pertenece y por
qué vive en el espacio cósmico adherida
a la tierra.
768. La luna es la condición fija de la tierra,
y dentro de esa condición expresa los atributos
de la integración cósmica.
769. La luna se da en plena proyección espacial
y dentro de ella, determina las variaciones propias
de la integración espacial.
770. La luna se da en todas las condiciones del espacio,
y dentro de ese espacio nos dice, que el ser se ve en
el mismo, por una integración física que
lo sustenta.
771. La luna se ve como condición de proyección
espacial, en la medida en que está en abierta
manifestación física a los designios del
cosmos.
772. La luna se da por propia iniciativa, toda vez
que ve, en su propia relación con la tierra,
la posibilidad de encontrar, en el camino, la expresión
propia del contenido espacial.
773. La luna se da en su condición de satélite,
como todo lo que se expresa por asociación.
774. La luna interviene en el proceso de emancipación
cósmica, toda vez que da a la tierra el equilibrio
necesario para mantenerse en órbita.
775. La luna se proyecta según las exigencias
de la mecánica celeste, y dentro de ella se da
como la condición de cuerpo oscilante.
776. La luna se perfila en sus cuartos, como condición
necesaria a la división cuaternaria, y dentro
de ella marca sectores o fases en que la luna se expresa
según el sentido de la polaridad. Por sus cuartos
se da y se asemeja a las cuatro edades de la vida y
dentro de ellos, están perfectamente marcados
los cuartos ascendentes y los cuartos descendentes.
777. La luna se cubre de su posición órbital,
mediante el balanceo terrestre y dentro de él
encuentra su propio equilibrio.
778. La luna se opone, en el sentido de la proyección,
toda vez que se da en atípodas direccionales
a la posición del Sol, y dentro de ella la condición
de cuerpo oponente a la gravitación universal.
779. La luna se expresa en el sentido de la conjunción,
toda vez que encuentra la conjugación plena de
la manifestación de la polaridad de sus cuatro
aspectos de la polaridad de la tierra.
780. La luna se da plena de identificación con
la tierra, cuando alcanza el plenilunio y se convierte
en el espejo cósmico por el cual, la luna se
ve en directa proyección con el Sol, es entonces
que se produce la alianza luna-tierra y el sistema toma
la orientación de su propia gravitación
lunar.
781. La luna entra en receso, toda vez que se acerca
al cuarto final de la manifestación de fases,
es entonces que la luna adquiere el concepto de decrepitud
y el sistema abandona el equilibrio para entrar en una
faz de recesión.
782. La luna se da en pleno vigor, cuando logra alcanzar
el cuarto de mayor proporción, y es entonces
que se convierte en la antípoda que es capaz
de decidir las correlaciones de la gravitación
terrestre.
783. La luna se da en el sentido de la proyección,
si ésta opone a su condición la de gravitación
terrestre.
784. La luna se convierte en satélite para satisfacer
las exigencias del sistema, en la medida en que logra
la órbita exacta de manifestación terrestre,
en donde se pueden dar las relaciones de continente,
en relación con los fluidos existentes dentro
de la constitución de la tierra.
785. La luna se proyecta según la órbita
de la tierra, y dentro de ella se da según la
constitución del zodíaco, dando a la tierra
la oportunidad de verse en una sola órbita solar.
786. La luna es el génesis de todo lo que se
da por provocación de tal modo, que toda vez
que la luna se ve como una condición energética
imprime en las especies existentes en la tierra, la
fuerza necesaria para que el germen salga de su lugar
de letargo.
787. La luna da a las especies, la condición
de fructificar según el ciclo lunar, de tal modo,
que luna y procesos biogenéticos se asocian para
determinar una misma condición de existencia
publica.
788. La luna provoca los nacimientos y alterna los
estados de propagación de las especies, es la
fuerza constante que despierta los gérmenes y
los conduce a su emancipación embrionaria.
789. La luna se da de por si, dentro de lo que la fuerza
cósmica le otorga, vale decir, que ella es por
el caudal energético que expresa y no por la
intervención cósmica que expresa.
790. La luna se da plena de manifestaciones dentro
del zodíaco, y ese curso zodiacal toma cada uno
de los campos energéticos y los proyecta sobre
la tierra, dándole a éstos, la oportunidad
de verse doblemente influenciables a través de
ambos cuerpos celestes.
791. La luna se da en condiciones inmejorables de proyección,
toda vez que transita dentro de los grados en que es
coincidente la manifestación de los cuartos lunares.
792. La luna se da en cuerpo físico, para expresar
sobre la tierra, la fuerza de atracción que ésta
ejerce dentro del ámbito en que se dan las fuerzas
del espacio.
793. La luna se da como cuerpo físico, atrayendo
la masa física de todos los cuerpos que están
en analógica constitutiva con la luna, determinando
que tales cuerpos se vean en una misma relación
de espacio físico de manifestación.
794. La luna traduce el fuego permanente de la bondad,
en la medida en que es ella el factor de renunciamiento
para hallar en su hermana, la tierra, la alianza necesaria
para encontrar el equilibrio.
795. La luna se da en todo lo que es constitución
física, y dentro de ella se satura de convencionalismos
astrológicos, en la medida en que participa de
todas las manifestaciones propias de la funcionabilidad
de la tierra. Es así como se hace participe en
más o en menos de lo que ya existe en la tierra.
796. La luna se da por si y por todo lo que se compromete
astrológicamente.
797. La luna se convierte en el minutero por excelencia,
en la medida en que marca a la tierra el momento preciso
en que empieza y termina un proceso que está
regulado en el espacio físico en que se desenvuelve.
798. La luna es el reloj de la tierra, en la medida
en que permite contar períodos iguales sin excepción.
799. La luna se da en cronología con la tierra
y por la tierra, y por tal motivo, se da y se expresa
en todo el sentido de la sincronización.
800. La luna es el principio de toda advertencia periódica.
801. La luna es la consecuencia lógica de los
ciclos que se establecen por propia revolución
planetaria.
802. La luna es todo lo que está dentro del
sistema al que pertenece y por el cual se conjuga a
la tierra, para hacer de ésta, el equilibrio
necesario a toda manifestación cósmica,
hecho lo cual, ella vive según la función
de la rotación y la traslación, permitiendo
a la tierra tomar las influencias del zodíaco
libre de la intervención lunar y segura de hallarse
en curso orbital, dentro de lo que las distancias angulares
le van marcando, a medida que hace su proyección
espacial.
Recordemos: La luna (segunda parte).
803. La luna se da en el sentido de la propia composición
y ella es en sí, lo que su constitución
expresa.
804. La luna es una constitución que absorbe,
todos los componentes físicos que se expresan
según el sentido de la elasticidad.
805. La luna se da por lo que es, y ese ser, está
dado por una constitución que imprime al movimiento,
las más variadas posiciones geográficas,
de tal modo que la variación, se da por propio
desplazamiento dentro del campo en que se la ve actuar.
806. La luna es la consecuente del propio peregrinar
zodiacal, en la medida en que se da en órbita
menor sobre la tierra y pone sobre ésta, todas
las influencias cósmica.
807. La luna se incluye dentro de los cuerpos celestes
que dan a los movimientos, la alternancia necesaria
para sacarlos según la propia progresión
y siempre en el sentido de la propia proyección
zodiacal.
808. La luna se libera de todo compromiso zodiacal,
toda vez que toma el sentido de la traslación,
dentro de lo que la órbita le marca y da a ésta,
el propio sentido de la influencia zodiacal.
809. La luna se da según las alternativas del
positivo y el negativo, y dentro de ella, todo se resuelve
según el sentido de la propia gravitación
lunar.
810. La luna no tuerce el sentido de la propia proyección,
por no estar vinculada al sistema más que como
componente del contenido lunar, por lo tanto, no se
da por separado de la tierra, y queda adherida al compromiso
de manifestación terrestre.
811. La luna se da libre de compromisos, en la medida
en que ella no interviene, mas que en los procesos establecidos
por la tierra.
812. La luna se da en un todo, cuando de ella depende
la orientación propia que tienen los procesos,
dentro de la alternancia zodiacal.
813. La luna permanece indiferente toda vez que ésta
se ve en distancias angulares que no le afectan.
814. La luna transita el zodíaco y se ve envuelta
en un programa terrestre, y hace de él, lo que
está en él señalar como condición
indispensable a la propia integración cósmica.
815. La luna interpreta los movimientos cósmicos
según el propio sentido de la solidaridad.
816. La luna es el consecuente del antecedente que
está en la tierra, y como tal, se expresa según
el sentido de la propia orientación.
817. La luna antepone su propio influjo a los influjos
de otros planetas, toda vez que es ella la que señala
un acontecimiento que esta relacionado con la posición
solar.
818. La luna se da, dentro de la posición solar,
como variante a toda manifestación sentimental.
819. La luna integra el campo de cuerpos celestes que
accede a la propia voluntad, para ver realizados los
designios que están marcados dentro de la posición
solar.
820. La luna y el Sol se encuentran dentro de un punto
común, y él es, el que está marcado
dentro de la órbita lunar, en la medida en que
encuentra los puntos sensibles al Sol, es por lo tanto
un encuentro real, toda vez que el Sol y la luna tienen
relaciones zodiacales para hacer, de cada encuentro
una posibilidad de obtener lo que ella quiere, en relación
al curso normal del Sol, por lo tanto, el Sol y la luna
se dan en una misma condición, toda vez que encuentran
relaciones mutuas de acomodación y hacen de cada
posición, la posibilidad de encontrar una relación
mutua; ello hace que el Sol y la luna se confundan en
la interpretación astrológica y se de
a la luna el lugar del Sol, condición que hace
que se falsee el verdadero sentido de la actuación
lunar.
821. La luna y el Sol se dan en una relación
común, pero eso no hace que una se constituya
en el sustituto del otro, sino que la luna se da por
si misma, en relación a la tierra y la tierra
se da en relación solar, en la medida en que
se constituye en eje del sistema solar, al convertirse
en centro de las manifestaciones astrológicas;
por lo tanto, la influencia solar y la lunar, solo se
juntan para determinar posiciones concluyentes o excluyentes
de los significados de la posición, pero no para
determinar que el ser se ve impedido al ejercicio de
la posición lunar, porque la posición
solar esté demarcada por lo que la luna se da,
dentro de la propia posición; por lo tanto debemos
considerar a la luna, dentro de los términos
de la proyección espacial y el Sol, dentro de
lo que la tierra da por propia sustitución, a
la propia progresión de ésta, dentro de
lo que está marcado en la traslación de
los movimientos espaciales.
822. La luna es un cuerpo que absorbe las corrientes
cósmicas provenientes del Sol, y en tal sentido,
se convierte en un factor de inducción por excelencia,
esa inducción se da en más o en menos,
según polariza la luna las fuerzas de progresión
solar.
823. La luna se sitúa dentro de un cuadro, que
fácilmente se convierte en el contenido de la
propia influencia que recibe, de tal modo, que ésta
se da por propia presencia, dentro del espacio que se
la ve actuar.
824. La luna se da como factor esencial a los fines
de regulación cósmica, en la medida en
que se interpone entre el zodíaco y la fuerza
que emana del propio Sol, haciendo de esta absorción,
la fuerza necesaria para integrarse zodiacalmente y
hacer de su intervención, la condición
suficiente para que la fuerza zodiacal se convierta
en la condición de la propia posición
zodiacal.
Recordemos: La luna (tercera parte).
825. La luna es un ingrediente cósmico que entra
en el trabajo astrológico de la siguiente manera:
1) La luna es dentro del tema, un elemento de polarización.
2) La luna se da, dentro del tema, como variante al
mismo tema.
3) La luna se da, dentro del tema, para definir la
condición expresada en la posición, se
va a determinar por fluxión periódica
o va a alternar con la posición solar.
4) La luna se da dentro del tema, con la posibilidad
de abarcar el mundo sublunar.
5) La luna se da, dentro del tema, con las variantes
propias de sus cuartos lunares.
6) La luna se da, dentro del tema, con la misma intensidad
que si fuera un planeta de posición.
7) La luna se da, dentro del tema, con posición
abierta, toda vez que ella indica los efectos de posición,
y hace de ellos, la resultante de una actividad mayor
o menor.
8) La luna se da, dentro del tema, con las variantes
propias que se producen dentro de la proyección
zodiacal.
9) La luna se da, dentro del tema, con intensidad variable,
y esa intensidad se da según el curso ascendente
o descendente a la propia iluminación lunar.
10) La luna se da, dentro del tema, con las variantes
propias que le imprimen el acercamiento a otra constelación
que se le opone por posición solar.
11) La luna se da, dentro del tema, con los reparos
propios al estado cósmico del dispositor de la
fuerza de posición.
12) La luna se da, dentro del tema, con todas las variantes
y con todas las exigencias del aspectario.
13) La luna se da, dentro del tema, con todas las prerrogativas
propias de un cuerpo celeste, que es capaz de polarizar
la energía cósmica.
14) La luna se da, dentro del tema, con las exigencias
propias de la mediación, en la medida en que
ella constituye un estado de transición, y por
el cual, puede alternar su condición activa de
su posición sin alternación positiva o
negativa.
15) La luna se da, dentro del tema, con una exigencia
mayor, toda vez que alcanza el ciclo alternante con
el Sol.
16) La luna se sumerge en la incomprensión del
tema, toda vez que se la considera separada del Sol.
17) La luna se da plena de conocimiento cósmico,
cuando se la junta al Sol, y se da en el tema, la conformidad
de lo que puede establecer, dentro de lo que las polaridades
pueden determinar en el tema.
18) La luna se da, dentro de la posición solar,
como un agregado a los movimientos de éste, dentro
del tema general.
19) La luna se da en ejercicio astrológico,
toda vez que su posición y su distancia angular
con el Sol, le dicen que está en plena vigencia
su condición de cuerpo celeste orientado hacia
una determinación.
20) La luna se da en todas sus funciones cuando logra
su conjunción con el Sol; es entonces que se
vuelve áltamente significativa la revolución
solar, en torno a la revolución lunar, de tal
modo que ésta alcanza a determinar las influencias
por periodicidad, dentro de lo que la curvatura lunar
puede determinar en su desplazamiento en órbita
estelar al rededor de la tierra; es entonces que la
luna alcanza posiciones que le permiten señalar
los movimientos solares en relación a los lunares
y las condiciones solares pasan a ser de la periodicidad
lunar.
21) La luna se da según las leyes del espacio,
y dentro de esas leyes ella se encuentra que está
sometida a la doble influencia solar y terrestre.
22) La luna se interna dentro de su apreciación
cósmica, en la medida en que es capaz de reflejar
todas las condiciones del zodíaco, una vez que
se halla independizada de toda consideración
cósmica, de tal modo, que esa independencia le
da la condición de poder actuar por separado
de la atracción terrestre.
23) La luna permanece en posición aspectante,
toda vez que el Sol no la alcanza dentro de sus propias
determinaciones.
24) La luna se da dentro de la posición solar
como una antípoda que ejerce su posición,
a los efectos de poder alcanzar los designios de la
posición.
25) La luna se la ve dentro del tema astrológico
como una variante permanente a lo que la posición
le señala.
26) La luna corre en el sentido de la proyección
espacial, en la medida en que no ejerce, dentro de sus
funciones más que una alternancia con los ciclos
de su propia función, y hace de la posición,
la posibilidad de establecer condiciones que ya están
señaladas dentro de la posición.
27) La luna busca, dentro del tema básico en
que se funda la astrológica no intervenir fuera
de su condición alternante, de tal modo que nunca
la veremos dentro de determinaciones específicas,
de tal modo, que ella se ve en una sola función,
y dentro de ella, las determinantes se dan en el ciclo
lunar que ejerce dentro de su constitución.
28) La luna trasunta toda posibilidad de ejercer condiciones
por separado, en la medida en que su constitución
no le permite llegar a la propia determinación,
sino que lo hace según las leyes de la alternancia
de la posición, y se define en más o en
menos de lo que la posición señala.
29) La luna se nos da, dentro del tema, con la fijeza
propia de las fuerzas de posición.
30) La luna nos fija una condición, toda vez
que ésta es partícipe de todas las influencias
que están dadas en el Sol, por lo tanto las posiciones
solares y lunares deben darse dentro de una misma consideración
en el tema que nos ocupa.
31) Así como la luna fija condiciones, esas
condiciones deben ser garantizadas por la relación
solar que guarda con la luna.
32) La luna se junta al Sol para determinar ciclos
alternantes a los movimientos de manifestación
terrestre.
33) La luna y el Sol fijan condiciones mutuas de desenvolvimiento
astrológico, en la medida en que el Sol y la
luna se determinan por propia posición dentro
del tema y hacen de esa consideración lo que
está en sus respectivos estados cósmicos;
es por lo tanto importante no descuidar en un tema,
la relación Sol-luna, por ser de justificativa
importancia lo que ha de ocurrir entre el tema de la
posición solar y lo que ha de ocurrir con el
tema de la posición lunar.
34) Hemos de dar finalmente de la luna los siguientes
consejos, que harán de este satélite la
posibilidad de establecer su verdadero valor utilitario,
dentro del campo astrológico en que se desenvuelve
el tema fundamental, que hace al ejercicio astrológico.
Al respecto diremos:
a) Nunca se considere a la luna en el tema, de tal
modo, que no se la debe incluir en el concepto de planeta.
b) Siempre se la debe considerar en relación
a la posición solar y sacar de esa posición,
las conclusiones propias por asociación.
c) No se debe tomar a la luna con determinaciones que
no están en la posición.
d) No debe alternarse la luna con otros planetas para
realizar determinaciones, su carácter astrológico
no se lo permite en razón de no ser un cuerpo
independiente y con regencia propia.
e) No debe considerarse a la luna por separado del
Sol.
f) No debe buscarse en la luna, las causales que modifican
el curso natural terrestre de los procesos que se dan
como ciclos fijos de ésta.
g) No se deben sumar a la luna, efectos, estados, u
otra posibilidad que no esté marcada en la posición.
h) La luna, nunca, nunca debe ser motivo de valoración
fuera de lo que el Sol señala dentro de su posición.
i) La luna se da en forma permanente y para cada ciclo
lunar, de tal modo que la presesión de sus nodos,
nos marcan los puntos sensibles, a través de
los cuales, se dan en alternancia fija a lo que esta
señalado dentro de la posición, por lo
tanto los nodos lunares nos tienen que dar las pautas
de lo que la luna tiene como condición sensible
a trasladar dentro de su posición.
j) A la luna no se le debe dar valor astrológico
fuera del Sol, y ello está dado, en virtud de
que la luna es un satélite que obedece a los
designios de la tierra, por lo tanto, y siendo la tierra
un sustituto del Sol como posición geocéntrica
al sistema astrológico cabe la sana reflexión
de no atribuir a la luna, la condición de planeta
capaz de realizar los atributos de las propias determinaciones
zodiacales, por lo tanto, la luna se ve en el Sol, como
la tierra en sustitución geocéntrica,
de tal modo que el Sol y la luna se ven en una misma
consideración astrológica, razón
por la cual, y en virtud de mala interpretación
de su rol, la luna ha pasado a ser la confusión
de astrólogos modernos, al atribuir a este cuerpo
celeste, regencia que no puede ejercer. Si tomamos a
la luna en virtud de los principios que han motivado
su formación, veremos que la astrolgía
se convierte en una realidad, en la medida en que nos
da una constante de variación dentro del zodíaco
para hacer del Sol, la constante de manifestación
terrestre en la propia sustitución que ésta
hace del Sol, en el respectivo centro de manifestaciones
astrológicas; por lo tanto y en virtud de que
el Sol cede a la tierra la condición de centro
de sistema, así la tierra se desprende de la
luna para hacer, de ésta, el medio de relación
permanente a esa condición de centro de sistema,
de tal modo que el Sol y la luna pasan a ser una alianza
que permite que el Sol siga siendo centro del sistema
a través de la luna, y la tierra centro del sistema,
por el cual, la astrología se hace valida al
determinar las influencias cósmicas sobre sus
respectivas áreas de desenvolvimiento astrológico.
Recordemos: Casas cardinales.
826. Las casas cardinales nos dan la posibilidad de
albergar, todo el contenido propio de las fuerzas que
buscan concretar, los escenarios propios de la integración
individual.
827. Las casas cardinales nos dan la posibilidad de
establecer, bajo que condiciones el ser ha de aceptar,
las inclemencias propias de la vida de relación,
en el sentido de la propia determinación de espacio.
828. Las casas cardinales nos dan la oportunidad de
apreciar los escenarios, que más nos convienen
a nuestro propio desenvolvimiento.
829. Las casas cardinales, nos dicen, que el ser se
halla dentro de una posibilidad, al adquirir, lo que
le es propio al desenvolvimiento de la naturaleza que
tienen las cosas, en el ser que las conforma.
830. Las casas cardinales nos dan los pro y los contra,
de todo lo que llega al nativo, como imposición
del medio.
831. Las casas cardinales se manifiestan, en el sentido
de encontrar las ventajas propias al albergue personal.
832. Las casas cardinales nos dicen del ser, en función
al medio que le toca vivir.
833. Las casas cardinales nos dicen, de todos los inconvenientes
que el ser puede encontrar allí, donde residen
los que de alguna manera, les impiden la manera de vivir.
834. Las casas cardinales se dan, por el contenido
propio a cada una de las circunstancias, que la vida
pone como escenario del propio desenvolvimiento, sin
considerar las alternativas que pueden dar, en el ser,
la aceptación o rechazo de lo que el medio le
impone.
835. Las casas cardinales se dan, por lo que son, en
la medida en que ellas son las puertas de entrada a
todos los escenarios en que el ser se ve libre de todo
derecho a ejercer soberanía.
836. Las casas cardinales se dan, por lo que ellas
son capaces de imponer, toda vez que el escenario se
da, como una condición al ser que lo ha de tener
que vivir.
837. Las casas cardinales son todas las posibilidades
que tiene el ser, de alcanzar lo objetivos que se dan,
dentro del espacio en que le toca actuar.
838. Las casas cardinales se dan, por lo que ellas
imponen y en esa imposición, está la condición
propia a que se ve compelida la fuerza a actuar, dentro
de ese escenario.
839. Las casas cardinales dan las pautas propias, a
la aceptación de toda consideración propia
al ambiente en que le tocara vivir y desarrollar las
actividades del ser, en tanto y en cuanto son condiciones
impuesta.
840. Las casas cardinales se dan, dentro de una estricta
lógica de aceptación y ello está
dado por la relación que estas guardan con todo
movimiento que tiende a aceptar lo que es impuesto,
dentro de lo que el ser necesita para convivir con lo
ajeno.
841. Las casas cardinales se dan como variantes a todos
los escenarios que están frente al sujeto, y
por los cuales él se ve en la necesidad de optar.
842. Las casas cardinales se dan dentro de una estricta
exigencia de selectividad de medio.
843. Las casas cardinales se consumen, dentro de una
exigencia propia de la vida, que se da dentro de un
escenario, que no da los valores propios, sino los ajenos.
844. Las casas cardinales se dan plena de confianza,
siempre que ellas impresionen, como medio y como forma
de llegar a su aceptación.
845. Las casas cardinales se da, dentro de lo que podría
ser, la más estricta confianza de aceptación,
basada en los principios de apreciación al medio.
846. Las casas cardinales nos llevan a los escenarios,
que están dentro de lo que el ser puede aceptar
como condición de medio, y como condición
de apertura a la convivencia humana.
847. Las casas cardinales se traducen, en toda la posibilidad
que tiene el ser, de permanecer dentro de lo que se
da como ambiente apropiado al propio desarrollo del
sujeto.
848. Las casas cardinales nos dicen, que el ser se
ve dentro y fuera de su propio ambiente, en la medida
en que él es el propio ejecutor de la decisión
del medio.
849. Las casas cardinales se dan, como aceptación
y como rechazo, pero dentro de ello, está la
disposición a permanecer o no, en lo que está
marcado en ellas.
850. Las casas cardinales se confunden, como el propio
medio, en la medida en que ellas son, la prolongación
del ser, dentro de lo que constituye la propia constitución
del medio ambiente en que el ser se va a introducir.
851. Las casas cardinales nos dicen, que el ser se
ve frente a la su propia problemática, al aceptar
o rechazar su ambiente.
852. Las casas cardinales se dan, por todo lo que está
pleno de posibilidades físicas, y con ello va
implícito lo que se da por propio agregado a
lo que ya está dado como escenario de actuación.
853. Las casas cardinales nos confirman que el ser,
está zambullido en su propia necesidad de aceptar
lo que recibe, como medio adecuado a su propio desenvolvimiento.
854. Las casas cardinales se dan por lo que son, en
la medida en que ellas son las que nos propician la
oportunidad de elegir el medio adecuado para la permanencia
física, dentro de lo que es el escenario de sus
propias actuaciones.
855. Las casas cardinales se dan en un todo, dentro
de lo que las variantes de escenarios permiten, por
lo tanto dan la oportunidad de cambio de lugar.
856. Las casas cardinales nos perpetúan en el
deseo de permanecer en determinado lugar.
857. Las casas cardinales se dan, definitivamente,
como una condición que le toca vivir al ser y
no puede cambiar, a menos que él pueda hacerlo
en función de lo que le pertenece. Se da entonces
la posibilidad de permanecer, dentro de un escenario
como agregado o como en disponibilidad de lo que acepta
o rechaza, dando así la oportunidad de ver al
ser, dentro de la posibilidad de ser un agregado o un
independiente, dentro de la aceptación o rechazo
de lo que el medio le ofrece.
Recordemos: Casas fijas.
858. Las casas fijas se nos dan, como accesorios propios
a la vida de relación en que el ser se ve compelido
a mostrar su propio escenario de actuación, y
se da en él, con pleno derecho de desenvolvimiento.
859. Las fuerzas fijas se nos dan, como la propia actitud
del ser a dominar el medio en que vive.
860. Las casas fijas nos dicen, que el ser dispone
lo que es propio, y la disponibilidad que él
tiene, en el medio que lo rodea.
861. Las casas fijas se dan como dominio de espacio,
y dentro de él, como soberanía ajustada
a los deseos y exigencias del ser.
862. Las casas fijas se dan como alternativas de colocar
al ser, dentro de lo que constituye su espacio vital
y por el cual, él se perpetúa en propiedad.
863. Las casas fijas son las que nos dan, el escenario
que no pertenece al prójimo.
864. Las casas fijas son los escenarios propios de
aquel que se desenvuelve con entera prescindencia de
los demás.
865. Las casas fijas son las que nos dan, los atributos
propios de la propiedad física.
866. Las casas fijas son las que se perpetúan
en la decisión propia de permanecer, dentro de
lo que está dado como propiedad privada.
867. Las casas fijas son las que nos proporcionan la
relación cuántica, de lo que el ser posee
para su propio desenvolvimiento de espacio.
868. Las casas fijas son las que nos dan, la medida
de lo que es propio, en relación al espacio ajeno.
869. Las cosas fijas son las que se dan por si solas,
dentro de lo que ellas determinan, no dejando espacio
libre para otro desenvolvimiento.
870. Las casas fijas son las que nos dan los atributos
de la fijeza de espacio, y dentro de él, la posibilidad
de encontrar el contenido propio de las necesidades
físicas.
871. Las casas fijas, se dan, por todo lo que está
en el espacio dirigido al propio fin.
872. Las casas fijas se dan, dentro de ciertas exigencias,
en la medida en que ellas son partícipes de lo
que está ajustado a la exigencia personal de
desenvolvimiento y por lo cual el ser se halla atrapado
en el espacio en que se da en acción.
873. Las casas fijas son las que nos atrapan dentro
de ciertas exigencias de medio, al hacernos saber que
el ser es por el dominio que guarda con el medio.
874. Las casas fijas son aquellas que no atentan contra
la propiedad privada, sino que las dan como tenencia
y resguardo a la propia decisión de quien la
posee.
875. Las casas fijas son las que nos dan el lugar exacto,
en el que el ser se ha de perpetuar, como ser ligado
a su propio terruño.
876. Las casas fijas, son las que nos ponen condiciones,
dentro de lo que el ser quiere ser, como ser movido
por la necesidad de un escenario.
877. Las casas fijas se dan dentro de la más
estricta exigencia, en la medida en que el que el ser
se ve dentro de la posesión, como una condición
a su propia naturaleza por lo tanto, se da en posesión
de si mismo y se prolonga en todo lo que es su propio
escenario de desenvolvimiento personal.
878. Las casas fijas dan al ser, la oportunidad de
verse al mismo tiempo como propiedad y como espacio,
por lo tanto, halla en el espacio y en la propiedad,
la condición necesaria al ejercicio de lo que
él desea hacer.
879. Las casas fijas se confunden con los escenarios
propios de la actividad.
880. Las casas fijas son los escenarios, por los cuales,
el ser se halla inmerso en sus obligaciones.
881. Las casas fijas son las pautas necesarias para
llegar a ser artífices de sus propias pertenencias.
882. Las casas fijas se dan en todo, dentro de la más
estricta exigencia de la consolidación, buscando
siempre plasmar las exigencias propias de la vida terrenal,
es por eso, que ellas se dan como escenarios que buscan
dar al ser, las apropiadas condiciones para su propio
desenvolvimiento. Por lo tanto, se han de dar en las
casas fijas, las condiciones propias a aquel que busca
plasmar sus propias aptitudes físicas.
883. Las casas fijas son aquellas que se dan, dentro
de la propia lealtad, en la medida en que son los baluartes
desde donde se manifiesta el ser.
884. Las casas fijas se nos dan, como atenuantes a
las cardinales, en la medida en que son las que nos
proveen la contraparte de los escenarios, que están
marcados en las cardinales.
885. Las casas fijas son las que nos dicen, que el
ser se da dentro de sus propias exigencias, buscando
siempre consolidar la posición, de tal modo que
el medio constituye un escenario propio a las exigencias
del ser, por lo tanto, ello se da, dentro de la mas
estricta exigencia de consolidación personal.
Tenemos así, lo que se da en el ser como voluntad
de exigir y lo que está en el ser como condición
de aceptar, dándose la oportunidad, de que el
ser se maneje por propia convicción de lo que
necesita para vivir, vivencia que se da, como escenario
apropiado a su desenvolvimiento, es por lo tanto una
condición de existir en un medio apropiado a
subsistir.
886. Las casas fijas se dan plenas de comodidades,
en la medida en que representan las posibilidades posesivas
del ser.
887. Las casas fijas se dan en un todo, como condición
permanente a la necesidad de obtener, lo que constituye
un patrimonio en disponibilidad, se da por lo tanto
como una condición de medio, que busca la propia
estabilidad, dentro de lo que la propiedad representa.
888. Las casas fijas son las que se dan, dentro y fuera
del ser, toda vez que ellas se ajustan a la necesidad
de la disponibilidad parcial o total, de lo que ellas
representan como espacio a ocupar, dándose por
lo tanto, como condición de disponibilidad a
lo que se ofrece y se toma.
889. Las casas fijas nos dan la firmeza de espacio,
y dentro de él, las posibilidades propias de
exigir las consideraciones acordes con lo que establece
la limitación del espacio. Es por lo tanto lo
que nos da la posibilidad de encontrar lo propio, dentro
de lo que la disponibilidad permite.
890. Las casas fijas son finalmente, el punto final
de toda operación, en la medida en que ellas
concretan el espacio en que vivimos.
Recordemos: Casas comunes.
891. Las casas comunes se dan por simple agregado a
las otras casas, en la medida en que ellas suplen el
contenido de las otras facilitando los escenarios comunes
a la manifestación personal.
892. Las casas comunes nos obligan a entrar en los
escenarios por la puerta común de todas las participaciones
colectivas.
893. Las casas comunes son por la utilidad que brindan
los espacios comunes en que se desenvuelven las distintas
actividades humanas.
894. Las casas comunes son las que nos brindan el espacio
societario que no está reservado a ninguno.
895. Las casas comunes son las que nos brindan amparo,
en la medida en que son albergues destinados a las manifestaciones
colectivas y traza el camino propio para darle realidad
a lo privado.
896. Las casas comunes y los espacios comunes son los
que dan oportunidad de la prescindencia del deseo de
la posesión, en la medida en que esto limita
su propia posesión, por falta de disponibilidad
de espacio para llegar a lo propio.
897. Las casas comunes son las que nos brindan la oportunidad
de establecer las condiciones propias a la manifestación
comúm.
898. Las casas comunes son las que nos brindan la amistad,
dentro del espacio en que éstas se desenvuelven
con sentido común al trato.
899. Las casas comunes son las que nos dan el espacio
apropiado a la propia manifestación de intereses
comunes.
900. Las casas comunes son las que están provistas
de todo lo que es espacio dirigido.
901. Las casas comunes son las que están en
pleno desarrollo de las actividades que concurren al
espacio, en que los seres se dan por propio agregado.
902. Las casas comunes son las que nos privan de toda
posibilidad de espacio no compartido, en la medida en
que nos señalan las propias limitaciones.
903. Las casas comunes son las que nos brindan la realidad
de la posesión comunitaria.
904. Las casas comunes son las que nos dan la plena
disponibilidad del espacio dirigido a la manifestación
de los bienes comunes.
905. Las casas comunes son los escenarios apropiados
para el desarrollo de las actividades encaminadas al
bien común.
906. Las casas comunes son las que están dentro
de lo que la exigencia social determina.
907. Las casas comunes son los reservorios donde permanecen
los bienes comunes.
908. Las casas comunes son las múltiples formas
en que se presenta la propiedad fuera de lo particular.
909. Las casas comunes son las que nos dicen que el
ser tiene una condición dentro del ámbito
en que se desenvuelve, y ese ámbito es el que
él usa y no le pertenece, por ser una condición
común a muchos que operan en él.
910. Las casas comunes nos recuerdan, lo que no siendo
propio, se ajusta a las exigencias de los demás.
911. Las casas comunes son los lugares apropiados para
la comunicación, de todas y cada una de las actividades
en que el ser se ve, en la necesidad de abordar por
espacio común.
912. Las casas comunes son las exigencias propias,
de la propiedad dirigida a los intereses del estado.
913. Las casas comunes son las que nos dan la ubicación
exacta de lo que está en propiedad privada y
publica.
914. Las casas comunes son las que se nos manifiestan
llenas de sentido común, al darle a cada cual,
la oportunidad de ver lo propio frente a lo ajeno y
lo ajeno en relación recíproca a una necesidad
común.
915. Las casas comunes son las que nos dan la oportunidad
de convivir en relación a una necesidad común.
916. Las casas comunes son las que se prestan a toda
iniciativa pública tendientes a buscar el interés
de lo que propicia, fuera de todo interés particular.
917. Las casas comunes son las que nos dicen, bajo
qué condiciones el ser ha de desenvolver todo
lo que está dado como condición común
a un mismo espacio, y en qué manera se ha de
compartir el mismo servicio que atiende a los intereses
comunes.
918. Las casas comunes nos privan del interés
común que se orienta hacia la casa privada y
establece el principio de la no trasgresión de
espacio, de tal modo que el ser no advierta la necesidad
de verse postergado, dentro de una exigencia, que no
es la que está en función de lo que tiene
y en función de lo que se da como disponibilidad
propia, es por lo tanto la condición, lo que
establece hasta donde se dan las condiciones de espacio
y las condiciones de disponibilidad.
919. Las casas comunes son, finalmente las que nos
llevan a comprender, que en la vida los escenarios no
siempre constituyen polaridades simples, sino que son
polaridades de asociación, de tal modo, que,
sus espacios se hacen reales, si ambos cuentan con un
espacio común, que permita el acceso de ambos;
en ello estriba que la condición común
de espacio, se pueda convertir en una realidad, realidad
que solo existe, cuando el ser se da cuenta, que el
espacio es una medida que queda sujeta a la posibilidad
de que él sea disponible por la vía de
acceso, caso contrario, la limitación se ve impuesta
con la no disponibilidad y ello lleva a la falta de
derecho común al espacio necesario a las exigencias
de la disponibilidad. Por ello el espacio se convierte
en una necesidad común, toda vez que ello significa
la participación consciente a una misma necesidad.
Recordemos: Casas de fuego.
920. Las casas de fuego son las que nos dan la pauta
de lo que va a ser el escenario propio a las actividades
personales.
921. Las casas de fuego son las que nos dicen, que
el ser, como persona, debe tener un espacio distinto
a las otras especies.
922. Las casas de fuego nos dicen, que el ser se halla
inmerso en un escenario en donde él se ve acorde
con su naturaleza.
923. Las casas de fuego son las que propician todos
aquellos escenarios que se ligan a la vida hogareña.
924. Las casas de fuego son aquellas que se dan, dentro
de lo que el ser es como persona que busca los lugares
apropiados a su ser.
925. Las casas de fuego son las que nos brindan los
escenarios que están acordes con la función
personal.
926. Las casas de fuego son las que están en
la apertura de los escenarios que hacen del ser, el
baluarte propio de la vida personal.
927. Las casas de fuego se nos dan como ambiente propio
a la naturaleza del ser, en donde se marcan todas aquellas
actividades que son significativas del desenvolvimiento
personal y jurídico.
928. Las casas de fuego nos brindan el albergue propio
a las necesidades humanas, en tanto y en cuanto, ellas
son las que nos marcan el escenario propio al desarrollo
de todo lo que está dentro del ser, como actividad
tendiente a la demostración del valor personal.
929. Las casas de fuego son aquellos escenarios que
están prodigados de atenciones múltiples,
dentro del desenvolvimiento social.
930. Las casas de fuego son aquellas que están
propensas a impartir condiciones propias, que reflejan
la necesidad de compartir el contenido personal, con
todo aquello que se da, dentro y fuera de la vida personal.
931. Las casas de fuego nos dan todas aquellas atenciones
que emanan del propio desenvolvimiento del ser, cuando
éstas son tomadas en función social, y
hacen de esa condición, lo que se puede aceptar
dentro de la esfera de las propias manifestaciones personales.
932. Las casas de fuego nos advierten de la necesidad
de acoplar, al ser, el seguro necesario a la convivencia,
y ello se da, siempre que signifique lograr los objetivos
del desenvolvimiento personal.
933. Las casas de fuego nos marcan, todas aquellas
circunstancias que se dan, dentro de lo que el ser es,
mientras constituya una unidad social, y esa unidad
se exprese por lo que él es, dentro de lo que
la unidad constituye un eslabón del medio en
que actúa.
934. Las casas de fuego se dan, por la mera coincidencia
de ser los exponentes propios, de lo que se da dentro
y fuera de lo que constituye la propia condición,
del que se expresa, sin contar si es o no el sentido
de lo que se propone. La condición se da si el
ser constituye su propia condición, de lo contrario,
no toma la constitución propia del desenvolvimiento
personal; las cosas se dan, por una mera yuxtaposición,
y ello se da, por simple agregado a lo que ya es la
condición de ser, dentro del escenario en que
se desenvuelve.
935. las casas de fuego se dan, dentro de lo que es
una condición personal, en la medida en que nos
proporciona el medio adecuado para hacer del ser, el
lugar apropiado a todas las manifestaciones humanas.
936. Las casas de fuego, se dan en el hecho y en la
causa que las determina, de tal modo, que ellas propician
las condiciones apropiadas a que el ser se vea, dentro
de esa programación.
937. Las casas de fuego se dan por el solo hecho de
que el ser humano se vea frente a lo que es y tiene
como condición personal de existir, encontrando
en el ser el lugar apropiado para que su escenario se
de conforme a sus necesidades.
938. Las casas de fuego son las que proveen la mayor
amplitud del escenario que el ser posee, en la medida
en que ellas constituyen el espacio de permanencia,
dentro del desenvolvimiento de la familia. Es por lo
tanto, un escenario en donde el ser se ve, como tal
y como tal se prolonga en la vida de los seres que lo
acompañan, por eso vemos en él, todas
y cada una de las posibilidades de desenvolvimiento
personal que atañe a su vida privada, y por ende
esta vida puesta también dentro de la actividad
social, toda vez que ella se prolonga en el medio en
que vive. Son por lo tanto las casas de fuego, el lugar
propio de la actividad hogareña.
939. Las casas de fuego nos entregan la actividad apropiada
a la esfera de todas aquellas actividades que están
en el ser y no encuentran cabida dentro de lo que el
ser es fuera de toda condición personal.
940. Las casas de fuego nos marcan los escenarios apropiados
a la actividad del ser, en donde éste se ve por
lo que es y por lo que tiene como condición de
ser.
941. Las casas de fuego se traducen por la propia experiencia
que tiene el ser, dentro del ámbito en que se
desenvuelve como instrumento apropiado al desenvolvimiento
de la especie a la cual pertenece.
942. Las casas de fuego traducen todas las condiciones
del ser, dentro del escenario en que son exigidas sus
virtudes.
943. Las casas de fuego son, finalmente, las que nos
dan el ámbito y el ambiente apropiado para que
el ser encuentre, que lo privado es de él, y
lo compartido es de quienes puedan llegar a él,
ya para compartir lo que le pertenece como propio, ya
para prolongar su propia condición con los demás,
por lo tanto, hemos de encontrar en las casas l-5-9
todos los ambientes y lugares en que el ser se ve como
persona y como ser disponible a los fines de la actividad
personal, lugares en donde él reconoce que tiene
la disponibilidad del medio, como desenvolvimiento personal.
Esto involucra todas las manifestaciones humanas en
donde él se ve como persona orientada hacia las
exigencias propias de la convivencia personal son por
lo tanto, las casas de fuego, una de las exigencias
mayores del ser.
Recordemos: Casas de tierra.
944. Las casas de tierra nos dan los escenarios adecuados
a nuestro desenvolvimiento material. Las casas de tierra
nos dicen que el ser, además de ser, tiene que
mantener las condiciones de ser y ese ser busca las
condiciones adecuadas para subsistir, y esas subsistencias
se nutre de aquellos factores que están al alcance
del ser y le pueden dar la comodidad de albergue, sustento
y protección.
945. Las casas de tierra son las que nos encaminan
hacia el lugar donde debemos morar y permanecer al abrigo
de las inclemencias del tiempo.
946. Las casas de tierra son las que se identifican
con todos aquellos escenarios que se encuentran en la
vida del nativo como recursos naturales de subsistencia.
947. Las casas de tierra son las que nos imponen la
necesidad de permanecer dentro de lo que se considera
el medio apropiado a los fines de la propia constitución
corporal, de tal modo que el ser se encuentra en donde
el se considera que subsiste pleno de seguridad material.
948. Las casas de tierra nos brindan las condiciones
adecuadas para desarrollar todas las etapas de la vida,
en donde él se da por lo que tiene y lo que toma,
en razón de lo que tiene, para hacer de ello,
la propia disponibilidad de lo que se da en sí,
como exigencia de mantenimiento personal a los fines
de la propia constitución y a los fines de las
propias disponibilidades de uso.
949. Las casas de tierra son las que están en
todo lo que se da, como condición de persistir
en el medio en que se vive.
950. Las casas de tierra son las que están dentro
de la porfía de existir porfía que no
es sino lo que el ser debe afrontar para no sucumbir
en el medio material en que se debe desenvolver.
951. Las casas de tierra son las que nos brindan el
albergue material, que permite desenvolver todas las
actividades del trabajo material.
952. Las casas de tierra nos dicen, que el ser esta
inspirado para conseguir su medio adecuado para el desarrollo
de la propia actividad, pero ello, solo si esa actividad
esta expresada como escenario. Es lo que ocurre con
la casa X al determinar al ser, que él es un
elemento que debe actuar conforme a las exigencias propias
de lo que se impone como escenario de trabajo.
953. Las casas de tierra nos señalan, que ellas
van buscando convalidar, todo lo que se da como promesa,
dentro de la vida material.
954. Las casas de tierra nos indican, que siempre el
ser es una posibilidad, si tiene la oportunidad de encontrarse
en un medio apropiado a su propio desenvolvimiento.
955. Las casas de tierra nos dirigen un ultimátum
a la propia existencia, toda vez que exigen que el ser
debe consolidar su posición material, si quiere
resolver la problemática de la vida material.
956. Las casas de tierra nos dan las posibilidades
de ver, bajo que condiciones se va a trabajar.
957. Las casas de tierra nos dicen, que el ser sucumbe
toda vez que no encuentra, que su propio deseo, se ve
violentado fuera de las seguridades de la materia.
958. Las casas de tierra son las que nos proporcionan
las condiciones adecuadas a la vida de manifestación
material.
959. Las casas de tierra nos dan la particularidad
de conciliar, lo que está dado por propia exigencia,
a los fines de la vida material.
960. Las casas de tierra nos dicen que el ser es vulnerable
fuera de la protección material.
961. Las casas de tierra nos consignan el favor de
aceptar sus exigencias, en tanto éstas sean satisfechas
con las mismas necesidades en que se expresan.
962. Las casas de tierra nos dan la oportunidad de
aceptar condiciones ecológicas adversas, siempre
que ello sea un paso a la recuperación de los
escenarios propios al deseo de manifestación.
963. Las casas de tierra se afianza, dentro de lo que
el ser se da como sujeto compuesto de materia y dentro
de lo que la materia se identifica como valor de manifestación
material.
964. Las casas de tierra se dan plenas de exigencias,
toda vez que ellas son responsables de lo que está
dado, dentro de su propia determinación.
965. Las casas de tierra son, finalmente, aquellas
condiciones que están dadas en el ser, para que
éste pueda llegar a la expresión mas densa
de la materia, y deje en sí, el contenido propio
de su manifestación y con ello, la experiencia
de la existencia en el mundo denso, mundo al que baja
por propia necesidad y mundo al que baja por propio
deseo, mundo al que se adhiere por desesperación
de su espíritu que busca la libertad en los designios
de la materia. Es por lo tanto importante comprender
que las casas se dan como escenarios obligados a la
subsistencia física, y por ello, las casas se
dan dentro de lo que el ser necesita como condición
distinta en lo que la materia se expresa, encuentra
así, el ideal de su propio desenvolvimiento material
y con ello, la seguridad de su propia subsistencia.
Recordemos: Casas de aire.
966. Las casas de aire son las que se nos dan plenas
de conocimiento, en la medida en que son los ámbitos
en donde el ser recoge y esparce los conocimientos,
asimilándose al concepto cósmico de la
existencia.
967. Las casas de aire son las que nos consignan el
mérito de ser los escenarios propios de la felicidad
humana, en la medida en que vuelven al hombre, en condición
distinta a lo que son los animales.
968. Las casas de aire son las que nos permiten alcanzar
los objetivos propios de las realizaciones de los conocimientos.
969. Las casas de aire son las que nos indican en que
momento nos vemos compelidos a aprender, y en que momento
a enseñar en la medida en que el ser es, el propio
protagonista de lo que aprende y enseña es por
lo tanto el reservorio de su propio saber, y el artífice
de todo cuanto se resuelva en él, en conocimiento.
970. Las casas de aire se plasman en el sentido de
las propias determinaciones cósmicas, en la medida
en que ellas nos señalan que el ser está
llamado a decir y hacer lo que está en su mente
poder concebir y obrar.
971. Las casas de aire se dan en todo el sentido de
la instrucción y en tal condición se muestran
como verdaderos reservorios de la proyección
mental.
972. Las casas de aire se agitan de toda impresión,
en la medida en que son las consecuencias de todo lo
que e da por impresión, al mundo en que el ser
se ve frente a lo desconocido.
973. Las casas de aire se dan, por lo que son, en la
medida en que lo que son, no son otra cosa que el recinto
apropiado para aprender y enseñar.
974. Las casas de aire se dan en el sentido de la creación
en la media en que ellas nos muestran, que el ser está
dotado para concebir y crear el lugar ideal para pensar,
lugar que se da a los fines del conocimiento.
975. Las casas de aire se juntan a las de tierra, para
establecer que la vida es un escenario de conocimientos.
976. Las casas de aire se juntan a todo lo que signifique
perpetuar el conocimiento que se da, en el medio en
que el ser se ve movido por el imperio de lo que sabe
y por todo lo que mueve a su curiosidad, es entonces
que se ve en la escena de lo que sabe y en la escena
de lo que aprende, sin dejar de ser el que transmite
lo que sabe de lo que aprende.
977. Las casas de aire se conservan según el
principio de la sustentación, haciendo de esa
condición lo que la condición impone,
de tal modo que él y la condición se vean
en una misma exigencia de integración intelectual.
978. Las casas de aire nos conmueven, toda vez que
ellas son los receptáculos del desenvolvimiento
de nuestras facultades, que nos permiten aliviar la
duda de la ignorancia que nos martiriza.
979. Las casas de aire nos dan las condiciones mínimas
indispensables para permanecer en el escenario de las
propias limitaciones intelectuales.
980. Las casas de aire son las que pregonan la proyección
en tiempo y espacio, del contenido propio a la emancipación
intelectual.
981. Las casas de aire nos dan plena vigencia de las
facultades insertas dentro del escenario en que el ser
se ve, en las necesidades de proclamar sus propias necesidades
de reconocimiento intelectual.
982. Las casas de aire nos dan finalmente, la facultad
de decir, que el ser está dotado de todo lo que
es la fuerza del intelecto que se da en plenitud, dentro
del escenario en que el ser se ve en un todo con una
respuesta al medio, en virtud de lo que sabe y aplica
como conocimiento dirigido a la obtención de
los fines de la vida, allí donde se da pleno
de conocimiento y allí donde se da pleno de exigencias
propias al conocimiento que está en esencia y
manifestación. Es por ello que las casas de aire,
se nos presentan con escaso margen de ensanchamiento,
en la medida en que ellas están dotadas de todo
lo que nos llega como imposición de tal modo,
que establecen condiciones que se toman de una exigencia
mayor, en la medida en que su deber no puede rebasar
los limites de la creación lugar en donde el
hombre queda circunscrito dentro de lo que la limitación
impone, y dentro de ello la condición mínima
de la existencia. or ello hemos de entender, que las
casas de aire, son escenarios limitados a los fines
de nuestra propia evolución y no hemos de encontrar,
dentro de ello, otra cosa que no sea, nuestra propia
programación a los fines que se dan, dentro de
lo que el ser necesita para subsistir es entonces que
él se da pleno de conocimiento pero ajustado
a la realidad de lo que es.
Recordemos: Casas de agua.
983. Las casas de agua se nos dan como escenarios propicios
al propio desenvolvimiento anímico en la medida
en que se nos da el espacio adecuado, para alegrarnos
dentro de lo que es el espacio divertido y dentro de
lo que es también el espacio del propio dolor
al mundo de los sentimientos.
984. Las casas de agua se nos dan en parecido, a todo
lo que está en la vida del ser como condición
de amar, sin la necesidad de tener la libertad de hacerlo
en cualquier lugar, por lo tanto, las casas de agua
se dan como condición aceptable a la necesidad
de amar y procrear.
985. Las casas de agua nos dan los escenarios típicos
de las manifestaciones humanas, en donde el ser se ve
pleno de lo que está en sus propias necesidades
de recoger, lo que otros dan como condición de
amar.
986. Las casas de agua se nos dan plenas de alegría,
toda vez que ellas son el recinto de las propias necesidades
humorales.
987. Las casas de agua se dan en condición de
ser, lo que ellas son a la luz de las necesidades físicas
de exteriorización de lo que el ser tiene como
condición de amar, en medio de lo que son sus
propias necesidades de subsistir a los impulsos de la
propia generación. Es por ello, el reservorio
de todo lo que se da como condición de ser, en
medio de lo que quiere existir por amor universal.
988. Las casas de agua son las que nos dan y nos cubren
de toda ilusión, en la medida en que ellas son
las que alberguan los sueños de la vida y las
emociones propias de lo que nos distraen de todo lo
que está fuera de nuestra ilusión.
989. Las casas de agua nos brindan la oportunidad de
ver, en el medio ambiente, el lugar apropiado para amar.
990. Las casas de agua son las que nos llenas de satisfacción,
toda vez que ellas guardan la felicidad que los seres
desparraman y se nos dan plenas de motivaciones, en
la medida en que ellas son las que nos inspiran a amar.
991. Las casas de agua son las que están a la
espera de todo lo que se da como agregado a los fines
de la propia necesidad espiritual, tomando esta necesidad,
como una prolongación del ser, dentro de lo que
él es, por lo que su alma imprime a sus propios
deseos.
992. Las casas de agua se nos dan abiertas a todas
aquellas inquietudes que se plasman en el deseo de ver
de sí, la realización de todo lo que es
y lo que desea ser dentro de las posibilidades del ser.
993. Las casas de agua se juntan para decir donde está
el ser que quiere amar y donde debe estar el que quiere
perdonar.
994. Las casas de agua se dan en unión, para
establecer que el ser está mas allá de
sí mismo, cuando anhela encontrar, en sí
mismo, el camino que lo lleve a encontrar su verdadero
deseo de amar.
995. Las casas de agua se encuentran en el sentido
de la propia plenitud, si ellas encuentran, que su condición
recoge los frutos que siembra el amor, que se da en
plenitud.
996. Las casas de agua son las que nos atormentan,
toda vez que el deseo se ve fallido, respecto de lo
que el ser encuentra, dentro de lo que busca en sus
propias intenciones.
997. Las casas de agua se dan en el contenido y en
el continente como una sola cosa, en la medida en que
encuentran el final de lo que es la vida, dentro de
lo que la vida exige del ser, toda vez que este se da
por lo que es, dentro de lo que su naturaleza exige
para amar, amor que se da pleno de regocijo cuando encuentra
que él es el que busca el amor que quiere cultivar
y él es la satisfacción de lo que ese
amor le puede dar.
998. Las casas de agua son los reservorios propios
de aquellas instancias de la vida, en que el ser se
ve frente a todo lo que quiere alcanzar.
999. Las casas de agua nos dicen, que el amor se da
pleno, en el sentido de la propia vocación, y
el encuentra que su ser, es el ser que ama por vocación.
1000. Las casas de agua se dan, finalmente, dentro
de una exigencia mayor, toda vez que él encuentra
que el amor no es una condición simple al ser,
sino que él está en el amor por imperio
del amor que está en los demás, y dentro
de ese amor, él se ve que no es más que
un deseo dentro de lo que él es; pero fuera de
lo que es, advierte que el amor está más
alla de lo que él quiere para sí; es encontes
que se confunde cno el amor que imparte y con el que
recibe, no sabiendo si el amor sale o llega a él,
pues está en él, sin saber por qué
sale y por qué llega. Es entonces que confunde
su existencia en todo lo que es y en todo lo que está,
por aquel amor, que es el amor universal, amor que está
en todos, y en todos espera ser, lo que él quiere
ser, el amor por los demás, amor que se confunde
y se da pleno de satisfacción y se encuentra
con aquel que estando en él, está en los
demás, y estando en los demás, está
en él, es por eso que ama de sí, lo que
está en sí amar, y es de sí lo
que el amor está en los demás.
De esta manera, y tras mil exposiciones didácticas
de altos conceptos de aplicación práctica,
y a veces reiterativas, damos fin a lo que nos hemos
propuesto en la primera parte de la astrología
práctica. Como se puede apreciar, la practica
astrológica cuenta con los recursos necesarios
para darle validez, a todo cuanto se ha expresado en
el transcurso de la Astrología Contemporánea,
dándole sentido racional, a todo cuanto constituye
afirmaciones propias del contenido astrológico
con que se expresa esta nueva forma de ver el conocimiento
astral. Esperemos que ello redunde en beneficio de las
grandes aspiraciones humanas, una de las cuales es la
de conocerse a si mismo, para luego conocer a los demás
y así tomar el sentido de la vida y con ello,
producir un cambio en la mentalidad de la humanidad,
ultimo objetivo de esta ciencia contemporánea.
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