Astro-Campus
Todos los artículos de este autor

Las mil definiciones...

.Fuente:OFFLINE
.Listado de artículos
.Listado de autores
.General
.Astropsicología
.Astrología Electiva
.Astrología Kármica
.Astrología Mundana
.Astrología Horaria
.Planetas
.Signos
.Partes, nodos, asteroides y
otros puntos
.Casas, cúspides y ejes
.Aspectos y configuraciones
.Técnicas
.Astrología de otras culturas
.Aforismos, grados y decanatos
.Astrología Médica
.Astrología y arte
.Miscelánea
.Primeros pasos
."No sólo de astro..."
LAS MIL DEFINICIONES POR LAS CUALES LA ASTROLOGÍA
SE HACE VÁLIDA (y VI)
Recordemos: La luna (primera parte).

766. La luna se da como satélite de la tierra y en su origen fue la brotación o la excrescencia de otro planeta. Ese planeta se llamó Eupidio y existió primero que la tierra y en ese entonces él se daba en órbita mayor de la tierra, Luego ocurrió que ese planeta se dio en órbita discordante con los demás planetas y por ese motivo sucumbió a los designios cósmicos. A partir de entonces desaparareció el planeta, y ese planeta dejó de sí lo que hay en la luna. La luna no existió como tal, sino que se formó después de la aparición de la tierra; ésta existió en el momento en que los restos del planeta desparecido empezaron a formar un nuevo núcleo y de ese núcleo se formó la tierra y de ella, se formó la luna en mitades desiguales.

767. La luna se formó en mitad pero nunca se agregó a la tierra, era entonces la razón por la cual, ya no podrían existir juntas. Siendo lo que fue la luna y siendo lo que es la tierra, ambas se dieron en una misma unidad cósmica, pero separadas para la función cósmica, es entonces que la órbita de la tierra queda justo en el sistema solar y la luna en perfecto equilibrio con la tierra. Así se dio la constitución definitiva y así la vemos como satélite de la tierra. Hoy la luna es la hermana menor de la tierra y ella siempre la acompaña para recordarle que ambas tiene un mismo origen, por eso es que la luna siempre se acuerda de la tierra y le señala, dentro de la órbita, que la hermana mayor le da a la menor la fuerza para existir y la menor se lo agradece, haciéndole saber de los peligros cósmicos, por eso de da en todo lo que le advierte, como ser planetario, que debe recorrer sus curvas sin alterar el sentido de la proyección por eso la hermana luna siempre se lo recuerda y la mantiene en órbita solar. Queremos dar de la luna, lo que la luna nos ofrece a la luz de los conocimientos cósmicos, y lo primero que debemos saber es como nace, a quien pertenece y por qué vive en el espacio cósmico adherida a la tierra.

768. La luna es la condición fija de la tierra, y dentro de esa condición expresa los atributos de la integración cósmica.

769. La luna se da en plena proyección espacial y dentro de ella, determina las variaciones propias de la integración espacial.

770. La luna se da en todas las condiciones del espacio, y dentro de ese espacio nos dice, que el ser se ve en el mismo, por una integración física que lo sustenta.

771. La luna se ve como condición de proyección espacial, en la medida en que está en abierta manifestación física a los designios del cosmos.

772. La luna se da por propia iniciativa, toda vez que ve, en su propia relación con la tierra, la posibilidad de encontrar, en el camino, la expresión propia del contenido espacial.

773. La luna se da en su condición de satélite, como todo lo que se expresa por asociación.

774. La luna interviene en el proceso de emancipación cósmica, toda vez que da a la tierra el equilibrio necesario para mantenerse en órbita.

775. La luna se proyecta según las exigencias de la mecánica celeste, y dentro de ella se da como la condición de cuerpo oscilante.

776. La luna se perfila en sus cuartos, como condición necesaria a la división cuaternaria, y dentro de ella marca sectores o fases en que la luna se expresa según el sentido de la polaridad. Por sus cuartos se da y se asemeja a las cuatro edades de la vida y dentro de ellos, están perfectamente marcados los cuartos ascendentes y los cuartos descendentes.

777. La luna se cubre de su posición órbital, mediante el balanceo terrestre y dentro de él encuentra su propio equilibrio.

778. La luna se opone, en el sentido de la proyección, toda vez que se da en atípodas direccionales a la posición del Sol, y dentro de ella la condición de cuerpo oponente a la gravitación universal.

779. La luna se expresa en el sentido de la conjunción, toda vez que encuentra la conjugación plena de la manifestación de la polaridad de sus cuatro aspectos de la polaridad de la tierra.

780. La luna se da plena de identificación con la tierra, cuando alcanza el plenilunio y se convierte en el espejo cósmico por el cual, la luna se ve en directa proyección con el Sol, es entonces que se produce la alianza luna-tierra y el sistema toma la orientación de su propia gravitación lunar.

781. La luna entra en receso, toda vez que se acerca al cuarto final de la manifestación de fases, es entonces que la luna adquiere el concepto de decrepitud y el sistema abandona el equilibrio para entrar en una faz de recesión.

782. La luna se da en pleno vigor, cuando logra alcanzar el cuarto de mayor proporción, y es entonces que se convierte en la antípoda que es capaz de decidir las correlaciones de la gravitación terrestre.

783. La luna se da en el sentido de la proyección, si ésta opone a su condición la de gravitación terrestre.

784. La luna se convierte en satélite para satisfacer las exigencias del sistema, en la medida en que logra la órbita exacta de manifestación terrestre, en donde se pueden dar las relaciones de continente, en relación con los fluidos existentes dentro de la constitución de la tierra.

785. La luna se proyecta según la órbita de la tierra, y dentro de ella se da según la constitución del zodíaco, dando a la tierra la oportunidad de verse en una sola órbita solar.

786. La luna es el génesis de todo lo que se da por provocación de tal modo, que toda vez que la luna se ve como una condición energética imprime en las especies existentes en la tierra, la fuerza necesaria para que el germen salga de su lugar de letargo.

787. La luna da a las especies, la condición de fructificar según el ciclo lunar, de tal modo, que luna y procesos biogenéticos se asocian para determinar una misma condición de existencia publica.

788. La luna provoca los nacimientos y alterna los estados de propagación de las especies, es la fuerza constante que despierta los gérmenes y los conduce a su emancipación embrionaria.

789. La luna se da de por si, dentro de lo que la fuerza cósmica le otorga, vale decir, que ella es por el caudal energético que expresa y no por la intervención cósmica que expresa.

790. La luna se da plena de manifestaciones dentro del zodíaco, y ese curso zodiacal toma cada uno de los campos energéticos y los proyecta sobre la tierra, dándole a éstos, la oportunidad de verse doblemente influenciables a través de ambos cuerpos celestes.

791. La luna se da en condiciones inmejorables de proyección, toda vez que transita dentro de los grados en que es coincidente la manifestación de los cuartos lunares.

792. La luna se da en cuerpo físico, para expresar sobre la tierra, la fuerza de atracción que ésta ejerce dentro del ámbito en que se dan las fuerzas del espacio.

793. La luna se da como cuerpo físico, atrayendo la masa física de todos los cuerpos que están en analógica constitutiva con la luna, determinando que tales cuerpos se vean en una misma relación de espacio físico de manifestación.

794. La luna traduce el fuego permanente de la bondad, en la medida en que es ella el factor de renunciamiento para hallar en su hermana, la tierra, la alianza necesaria para encontrar el equilibrio.

795. La luna se da en todo lo que es constitución física, y dentro de ella se satura de convencionalismos astrológicos, en la medida en que participa de todas las manifestaciones propias de la funcionabilidad de la tierra. Es así como se hace participe en más o en menos de lo que ya existe en la tierra.

796. La luna se da por si y por todo lo que se compromete astrológicamente.

797. La luna se convierte en el minutero por excelencia, en la medida en que marca a la tierra el momento preciso en que empieza y termina un proceso que está regulado en el espacio físico en que se desenvuelve.

798. La luna es el reloj de la tierra, en la medida en que permite contar períodos iguales sin excepción.

799. La luna se da en cronología con la tierra y por la tierra, y por tal motivo, se da y se expresa en todo el sentido de la sincronización.

800. La luna es el principio de toda advertencia periódica.

801. La luna es la consecuencia lógica de los ciclos que se establecen por propia revolución planetaria.

802. La luna es todo lo que está dentro del sistema al que pertenece y por el cual se conjuga a la tierra, para hacer de ésta, el equilibrio necesario a toda manifestación cósmica, hecho lo cual, ella vive según la función de la rotación y la traslación, permitiendo a la tierra tomar las influencias del zodíaco libre de la intervención lunar y segura de hallarse en curso orbital, dentro de lo que las distancias angulares le van marcando, a medida que hace su proyección espacial.

 

 

Recordemos: La luna (segunda parte).

803. La luna se da en el sentido de la propia composición y ella es en sí, lo que su constitución expresa.

804. La luna es una constitución que absorbe, todos los componentes físicos que se expresan según el sentido de la elasticidad.

805. La luna se da por lo que es, y ese ser, está dado por una constitución que imprime al movimiento, las más variadas posiciones geográficas, de tal modo que la variación, se da por propio desplazamiento dentro del campo en que se la ve actuar.

806. La luna es la consecuente del propio peregrinar zodiacal, en la medida en que se da en órbita menor sobre la tierra y pone sobre ésta, todas las influencias cósmica.

807. La luna se incluye dentro de los cuerpos celestes que dan a los movimientos, la alternancia necesaria para sacarlos según la propia progresión y siempre en el sentido de la propia proyección zodiacal.

808. La luna se libera de todo compromiso zodiacal, toda vez que toma el sentido de la traslación, dentro de lo que la órbita le marca y da a ésta, el propio sentido de la influencia zodiacal.

809. La luna se da según las alternativas del positivo y el negativo, y dentro de ella, todo se resuelve según el sentido de la propia gravitación lunar.

810. La luna no tuerce el sentido de la propia proyección, por no estar vinculada al sistema más que como componente del contenido lunar, por lo tanto, no se da por separado de la tierra, y queda adherida al compromiso de manifestación terrestre.

811. La luna se da libre de compromisos, en la medida en que ella no interviene, mas que en los procesos establecidos por la tierra.

812. La luna se da en un todo, cuando de ella depende la orientación propia que tienen los procesos, dentro de la alternancia zodiacal.

813. La luna permanece indiferente toda vez que ésta se ve en distancias angulares que no le afectan.

814. La luna transita el zodíaco y se ve envuelta en un programa terrestre, y hace de él, lo que está en él señalar como condición indispensable a la propia integración cósmica.

815. La luna interpreta los movimientos cósmicos según el propio sentido de la solidaridad.

816. La luna es el consecuente del antecedente que está en la tierra, y como tal, se expresa según el sentido de la propia orientación.

817. La luna antepone su propio influjo a los influjos de otros planetas, toda vez que es ella la que señala un acontecimiento que esta relacionado con la posición solar.

818. La luna se da, dentro de la posición solar, como variante a toda manifestación sentimental.

819. La luna integra el campo de cuerpos celestes que accede a la propia voluntad, para ver realizados los designios que están marcados dentro de la posición solar.

820. La luna y el Sol se encuentran dentro de un punto común, y él es, el que está marcado dentro de la órbita lunar, en la medida en que encuentra los puntos sensibles al Sol, es por lo tanto un encuentro real, toda vez que el Sol y la luna tienen relaciones zodiacales para hacer, de cada encuentro una posibilidad de obtener lo que ella quiere, en relación al curso normal del Sol, por lo tanto, el Sol y la luna se dan en una misma condición, toda vez que encuentran relaciones mutuas de acomodación y hacen de cada posición, la posibilidad de encontrar una relación mutua; ello hace que el Sol y la luna se confundan en la interpretación astrológica y se de a la luna el lugar del Sol, condición que hace que se falsee el verdadero sentido de la actuación lunar.

821. La luna y el Sol se dan en una relación común, pero eso no hace que una se constituya en el sustituto del otro, sino que la luna se da por si misma, en relación a la tierra y la tierra se da en relación solar, en la medida en que se constituye en eje del sistema solar, al convertirse en centro de las manifestaciones astrológicas; por lo tanto, la influencia solar y la lunar, solo se juntan para determinar posiciones concluyentes o excluyentes de los significados de la posición, pero no para determinar que el ser se ve impedido al ejercicio de la posición lunar, porque la posición solar esté demarcada por lo que la luna se da, dentro de la propia posición; por lo tanto debemos considerar a la luna, dentro de los términos de la proyección espacial y el Sol, dentro de lo que la tierra da por propia sustitución, a la propia progresión de ésta, dentro de lo que está marcado en la traslación de los movimientos espaciales.

822. La luna es un cuerpo que absorbe las corrientes cósmicas provenientes del Sol, y en tal sentido, se convierte en un factor de inducción por excelencia, esa inducción se da en más o en menos, según polariza la luna las fuerzas de progresión solar.

823. La luna se sitúa dentro de un cuadro, que fácilmente se convierte en el contenido de la propia influencia que recibe, de tal modo, que ésta se da por propia presencia, dentro del espacio que se la ve actuar.

824. La luna se da como factor esencial a los fines de regulación cósmica, en la medida en que se interpone entre el zodíaco y la fuerza que emana del propio Sol, haciendo de esta absorción, la fuerza necesaria para integrarse zodiacalmente y hacer de su intervención, la condición suficiente para que la fuerza zodiacal se convierta en la condición de la propia posición zodiacal.

 

 

Recordemos: La luna (tercera parte).

825. La luna es un ingrediente cósmico que entra en el trabajo astrológico de la siguiente manera:

1) La luna es dentro del tema, un elemento de polarización.

2) La luna se da, dentro del tema, como variante al mismo tema.

3) La luna se da, dentro del tema, para definir la condición expresada en la posición, se va a determinar por fluxión periódica o va a alternar con la posición solar.

4) La luna se da dentro del tema, con la posibilidad de abarcar el mundo sublunar.

5) La luna se da, dentro del tema, con las variantes propias de sus cuartos lunares.

6) La luna se da, dentro del tema, con la misma intensidad que si fuera un planeta de posición.

7) La luna se da, dentro del tema, con posición abierta, toda vez que ella indica los efectos de posición, y hace de ellos, la resultante de una actividad mayor o menor.

8) La luna se da, dentro del tema, con las variantes propias que se producen dentro de la proyección zodiacal.

9) La luna se da, dentro del tema, con intensidad variable, y esa intensidad se da según el curso ascendente o descendente a la propia iluminación lunar.

10) La luna se da, dentro del tema, con las variantes propias que le imprimen el acercamiento a otra constelación que se le opone por posición solar.

11) La luna se da, dentro del tema, con los reparos propios al estado cósmico del dispositor de la fuerza de posición.

12) La luna se da, dentro del tema, con todas las variantes y con todas las exigencias del aspectario.

13) La luna se da, dentro del tema, con todas las prerrogativas propias de un cuerpo celeste, que es capaz de polarizar la energía cósmica.

14) La luna se da, dentro del tema, con las exigencias propias de la mediación, en la medida en que ella constituye un estado de transición, y por el cual, puede alternar su condición activa de su posición sin alternación positiva o negativa.

15) La luna se da, dentro del tema, con una exigencia mayor, toda vez que alcanza el ciclo alternante con el Sol.

16) La luna se sumerge en la incomprensión del tema, toda vez que se la considera separada del Sol.

17) La luna se da plena de conocimiento cósmico, cuando se la junta al Sol, y se da en el tema, la conformidad de lo que puede establecer, dentro de lo que las polaridades pueden determinar en el tema.

18) La luna se da, dentro de la posición solar, como un agregado a los movimientos de éste, dentro del tema general.

19) La luna se da en ejercicio astrológico, toda vez que su posición y su distancia angular con el Sol, le dicen que está en plena vigencia su condición de cuerpo celeste orientado hacia una determinación.

20) La luna se da en todas sus funciones cuando logra su conjunción con el Sol; es entonces que se vuelve áltamente significativa la revolución solar, en torno a la revolución lunar, de tal modo que ésta alcanza a determinar las influencias por periodicidad, dentro de lo que la curvatura lunar puede determinar en su desplazamiento en órbita estelar al rededor de la tierra; es entonces que la luna alcanza posiciones que le permiten señalar los movimientos solares en relación a los lunares y las condiciones solares pasan a ser de la periodicidad lunar.

21) La luna se da según las leyes del espacio, y dentro de esas leyes ella se encuentra que está sometida a la doble influencia solar y terrestre.

22) La luna se interna dentro de su apreciación cósmica, en la medida en que es capaz de reflejar todas las condiciones del zodíaco, una vez que se halla independizada de toda consideración cósmica, de tal modo, que esa independencia le da la condición de poder actuar por separado de la atracción terrestre.

23) La luna permanece en posición aspectante, toda vez que el Sol no la alcanza dentro de sus propias determinaciones.

24) La luna se da dentro de la posición solar como una antípoda que ejerce su posición, a los efectos de poder alcanzar los designios de la posición.

25) La luna se la ve dentro del tema astrológico como una variante permanente a lo que la posición le señala.

26) La luna corre en el sentido de la proyección espacial, en la medida en que no ejerce, dentro de sus funciones más que una alternancia con los ciclos de su propia función, y hace de la posición, la posibilidad de establecer condiciones que ya están señaladas dentro de la posición.

27) La luna busca, dentro del tema básico en que se funda la astrológica no intervenir fuera de su condición alternante, de tal modo que nunca la veremos dentro de determinaciones específicas, de tal modo, que ella se ve en una sola función, y dentro de ella, las determinantes se dan en el ciclo lunar que ejerce dentro de su constitución.

28) La luna trasunta toda posibilidad de ejercer condiciones por separado, en la medida en que su constitución no le permite llegar a la propia determinación, sino que lo hace según las leyes de la alternancia de la posición, y se define en más o en menos de lo que la posición señala.

29) La luna se nos da, dentro del tema, con la fijeza propia de las fuerzas de posición.

30) La luna nos fija una condición, toda vez que ésta es partícipe de todas las influencias que están dadas en el Sol, por lo tanto las posiciones solares y lunares deben darse dentro de una misma consideración en el tema que nos ocupa.

31) Así como la luna fija condiciones, esas condiciones deben ser garantizadas por la relación solar que guarda con la luna.

32) La luna se junta al Sol para determinar ciclos alternantes a los movimientos de manifestación terrestre.

33) La luna y el Sol fijan condiciones mutuas de desenvolvimiento astrológico, en la medida en que el Sol y la luna se determinan por propia posición dentro del tema y hacen de esa consideración lo que está en sus respectivos estados cósmicos; es por lo tanto importante no descuidar en un tema, la relación Sol-luna, por ser de justificativa importancia lo que ha de ocurrir entre el tema de la posición solar y lo que ha de ocurrir con el tema de la posición lunar.

34) Hemos de dar finalmente de la luna los siguientes consejos, que harán de este satélite la posibilidad de establecer su verdadero valor utilitario, dentro del campo astrológico en que se desenvuelve el tema fundamental, que hace al ejercicio astrológico.

Al respecto diremos:

a) Nunca se considere a la luna en el tema, de tal modo, que no se la debe incluir en el concepto de planeta.

b) Siempre se la debe considerar en relación a la posición solar y sacar de esa posición, las conclusiones propias por asociación.

c) No se debe tomar a la luna con determinaciones que no están en la posición.

d) No debe alternarse la luna con otros planetas para realizar determinaciones, su carácter astrológico no se lo permite en razón de no ser un cuerpo independiente y con regencia propia.

e) No debe considerarse a la luna por separado del Sol.

f) No debe buscarse en la luna, las causales que modifican el curso natural terrestre de los procesos que se dan como ciclos fijos de ésta.

g) No se deben sumar a la luna, efectos, estados, u otra posibilidad que no esté marcada en la posición.

h) La luna, nunca, nunca debe ser motivo de valoración fuera de lo que el Sol señala dentro de su posición.

i) La luna se da en forma permanente y para cada ciclo lunar, de tal modo que la presesión de sus nodos, nos marcan los puntos sensibles, a través de los cuales, se dan en alternancia fija a lo que esta señalado dentro de la posición, por lo tanto los nodos lunares nos tienen que dar las pautas de lo que la luna tiene como condición sensible a trasladar dentro de su posición.

j) A la luna no se le debe dar valor astrológico fuera del Sol, y ello está dado, en virtud de que la luna es un satélite que obedece a los designios de la tierra, por lo tanto, y siendo la tierra un sustituto del Sol como posición geocéntrica al sistema astrológico cabe la sana reflexión de no atribuir a la luna, la condición de planeta capaz de realizar los atributos de las propias determinaciones zodiacales, por lo tanto, la luna se ve en el Sol, como la tierra en sustitución geocéntrica, de tal modo que el Sol y la luna se ven en una misma consideración astrológica, razón por la cual, y en virtud de mala interpretación de su rol, la luna ha pasado a ser la confusión de astrólogos modernos, al atribuir a este cuerpo celeste, regencia que no puede ejercer. Si tomamos a la luna en virtud de los principios que han motivado su formación, veremos que la astrolgía se convierte en una realidad, en la medida en que nos da una constante de variación dentro del zodíaco para hacer del Sol, la constante de manifestación terrestre en la propia sustitución que ésta hace del Sol, en el respectivo centro de manifestaciones astrológicas; por lo tanto y en virtud de que el Sol cede a la tierra la condición de centro de sistema, así la tierra se desprende de la luna para hacer, de ésta, el medio de relación permanente a esa condición de centro de sistema, de tal modo que el Sol y la luna pasan a ser una alianza que permite que el Sol siga siendo centro del sistema a través de la luna, y la tierra centro del sistema, por el cual, la astrología se hace valida al determinar las influencias cósmicas sobre sus respectivas áreas de desenvolvimiento astrológico.

 

 

Recordemos: Casas cardinales.

826. Las casas cardinales nos dan la posibilidad de albergar, todo el contenido propio de las fuerzas que buscan concretar, los escenarios propios de la integración individual.

827. Las casas cardinales nos dan la posibilidad de establecer, bajo que condiciones el ser ha de aceptar, las inclemencias propias de la vida de relación, en el sentido de la propia determinación de espacio.

828. Las casas cardinales nos dan la oportunidad de apreciar los escenarios, que más nos convienen a nuestro propio desenvolvimiento.

829. Las casas cardinales, nos dicen, que el ser se halla dentro de una posibilidad, al adquirir, lo que le es propio al desenvolvimiento de la naturaleza que tienen las cosas, en el ser que las conforma.

830. Las casas cardinales nos dan los pro y los contra, de todo lo que llega al nativo, como imposición del medio.

831. Las casas cardinales se manifiestan, en el sentido de encontrar las ventajas propias al albergue personal.

832. Las casas cardinales nos dicen del ser, en función al medio que le toca vivir.

833. Las casas cardinales nos dicen, de todos los inconvenientes que el ser puede encontrar allí, donde residen los que de alguna manera, les impiden la manera de vivir.

834. Las casas cardinales se dan, por el contenido propio a cada una de las circunstancias, que la vida pone como escenario del propio desenvolvimiento, sin considerar las alternativas que pueden dar, en el ser, la aceptación o rechazo de lo que el medio le impone.

835. Las casas cardinales se dan, por lo que son, en la medida en que ellas son las puertas de entrada a todos los escenarios en que el ser se ve libre de todo derecho a ejercer soberanía.

836. Las casas cardinales se dan, por lo que ellas son capaces de imponer, toda vez que el escenario se da, como una condición al ser que lo ha de tener que vivir.

837. Las casas cardinales son todas las posibilidades que tiene el ser, de alcanzar lo objetivos que se dan, dentro del espacio en que le toca actuar.

838. Las casas cardinales se dan, por lo que ellas imponen y en esa imposición, está la condición propia a que se ve compelida la fuerza a actuar, dentro de ese escenario.

839. Las casas cardinales dan las pautas propias, a la aceptación de toda consideración propia al ambiente en que le tocara vivir y desarrollar las actividades del ser, en tanto y en cuanto son condiciones impuesta.

840. Las casas cardinales se dan, dentro de una estricta lógica de aceptación y ello está dado por la relación que estas guardan con todo movimiento que tiende a aceptar lo que es impuesto, dentro de lo que el ser necesita para convivir con lo ajeno.

841. Las casas cardinales se dan como variantes a todos los escenarios que están frente al sujeto, y por los cuales él se ve en la necesidad de optar.

842. Las casas cardinales se dan dentro de una estricta exigencia de selectividad de medio.

843. Las casas cardinales se consumen, dentro de una exigencia propia de la vida, que se da dentro de un escenario, que no da los valores propios, sino los ajenos.

844. Las casas cardinales se dan plena de confianza, siempre que ellas impresionen, como medio y como forma de llegar a su aceptación.

845. Las casas cardinales se da, dentro de lo que podría ser, la más estricta confianza de aceptación, basada en los principios de apreciación al medio.

846. Las casas cardinales nos llevan a los escenarios, que están dentro de lo que el ser puede aceptar como condición de medio, y como condición de apertura a la convivencia humana.

847. Las casas cardinales se traducen, en toda la posibilidad que tiene el ser, de permanecer dentro de lo que se da como ambiente apropiado al propio desarrollo del sujeto.

848. Las casas cardinales nos dicen, que el ser se ve dentro y fuera de su propio ambiente, en la medida en que él es el propio ejecutor de la decisión del medio.

849. Las casas cardinales se dan, como aceptación y como rechazo, pero dentro de ello, está la disposición a permanecer o no, en lo que está marcado en ellas.

850. Las casas cardinales se confunden, como el propio medio, en la medida en que ellas son, la prolongación del ser, dentro de lo que constituye la propia constitución del medio ambiente en que el ser se va a introducir.

851. Las casas cardinales nos dicen, que el ser se ve frente a la su propia problemática, al aceptar o rechazar su ambiente.

852. Las casas cardinales se dan, por todo lo que está pleno de posibilidades físicas, y con ello va implícito lo que se da por propio agregado a lo que ya está dado como escenario de actuación.

853. Las casas cardinales nos confirman que el ser, está zambullido en su propia necesidad de aceptar lo que recibe, como medio adecuado a su propio desenvolvimiento.

854. Las casas cardinales se dan por lo que son, en la medida en que ellas son las que nos propician la oportunidad de elegir el medio adecuado para la permanencia física, dentro de lo que es el escenario de sus propias actuaciones.

855. Las casas cardinales se dan en un todo, dentro de lo que las variantes de escenarios permiten, por lo tanto dan la oportunidad de cambio de lugar.

856. Las casas cardinales nos perpetúan en el deseo de permanecer en determinado lugar.

857. Las casas cardinales se dan, definitivamente, como una condición que le toca vivir al ser y no puede cambiar, a menos que él pueda hacerlo en función de lo que le pertenece. Se da entonces la posibilidad de permanecer, dentro de un escenario como agregado o como en disponibilidad de lo que acepta o rechaza, dando así la oportunidad de ver al ser, dentro de la posibilidad de ser un agregado o un independiente, dentro de la aceptación o rechazo de lo que el medio le ofrece.

 

 

Recordemos: Casas fijas.

858. Las casas fijas se nos dan, como accesorios propios a la vida de relación en que el ser se ve compelido a mostrar su propio escenario de actuación, y se da en él, con pleno derecho de desenvolvimiento.

859. Las fuerzas fijas se nos dan, como la propia actitud del ser a dominar el medio en que vive.

860. Las casas fijas nos dicen, que el ser dispone lo que es propio, y la disponibilidad que él tiene, en el medio que lo rodea.

861. Las casas fijas se dan como dominio de espacio, y dentro de él, como soberanía ajustada a los deseos y exigencias del ser.

862. Las casas fijas se dan como alternativas de colocar al ser, dentro de lo que constituye su espacio vital y por el cual, él se perpetúa en propiedad.

863. Las casas fijas son las que nos dan, el escenario que no pertenece al prójimo.

864. Las casas fijas son los escenarios propios de aquel que se desenvuelve con entera prescindencia de los demás.

865. Las casas fijas son las que nos dan, los atributos propios de la propiedad física.

866. Las casas fijas son las que se perpetúan en la decisión propia de permanecer, dentro de lo que está dado como propiedad privada.

867. Las casas fijas son las que nos proporcionan la relación cuántica, de lo que el ser posee para su propio desenvolvimiento de espacio.

868. Las casas fijas son las que nos dan, la medida de lo que es propio, en relación al espacio ajeno.

869. Las cosas fijas son las que se dan por si solas, dentro de lo que ellas determinan, no dejando espacio libre para otro desenvolvimiento.

870. Las casas fijas son las que nos dan los atributos de la fijeza de espacio, y dentro de él, la posibilidad de encontrar el contenido propio de las necesidades físicas.

871. Las casas fijas, se dan, por todo lo que está en el espacio dirigido al propio fin.

872. Las casas fijas se dan, dentro de ciertas exigencias, en la medida en que ellas son partícipes de lo que está ajustado a la exigencia personal de desenvolvimiento y por lo cual el ser se halla atrapado en el espacio en que se da en acción.

873. Las casas fijas son las que nos atrapan dentro de ciertas exigencias de medio, al hacernos saber que el ser es por el dominio que guarda con el medio.

874. Las casas fijas son aquellas que no atentan contra la propiedad privada, sino que las dan como tenencia y resguardo a la propia decisión de quien la posee.

875. Las casas fijas son las que nos dan el lugar exacto, en el que el ser se ha de perpetuar, como ser ligado a su propio terruño.

876. Las casas fijas, son las que nos ponen condiciones, dentro de lo que el ser quiere ser, como ser movido por la necesidad de un escenario.

877. Las casas fijas se dan dentro de la más estricta exigencia, en la medida en que el que el ser se ve dentro de la posesión, como una condición a su propia naturaleza por lo tanto, se da en posesión de si mismo y se prolonga en todo lo que es su propio escenario de desenvolvimiento personal.

878. Las casas fijas dan al ser, la oportunidad de verse al mismo tiempo como propiedad y como espacio, por lo tanto, halla en el espacio y en la propiedad, la condición necesaria al ejercicio de lo que él desea hacer.

879. Las casas fijas se confunden con los escenarios propios de la actividad.

880. Las casas fijas son los escenarios, por los cuales, el ser se halla inmerso en sus obligaciones.

881. Las casas fijas son las pautas necesarias para llegar a ser artífices de sus propias pertenencias.

882. Las casas fijas se dan en todo, dentro de la más estricta exigencia de la consolidación, buscando siempre plasmar las exigencias propias de la vida terrenal, es por eso, que ellas se dan como escenarios que buscan dar al ser, las apropiadas condiciones para su propio desenvolvimiento. Por lo tanto, se han de dar en las casas fijas, las condiciones propias a aquel que busca plasmar sus propias aptitudes físicas.

883. Las casas fijas son aquellas que se dan, dentro de la propia lealtad, en la medida en que son los baluartes desde donde se manifiesta el ser.

884. Las casas fijas se nos dan, como atenuantes a las cardinales, en la medida en que son las que nos proveen la contraparte de los escenarios, que están marcados en las cardinales.

885. Las casas fijas son las que nos dicen, que el ser se da dentro de sus propias exigencias, buscando siempre consolidar la posición, de tal modo que el medio constituye un escenario propio a las exigencias del ser, por lo tanto, ello se da, dentro de la mas estricta exigencia de consolidación personal. Tenemos así, lo que se da en el ser como voluntad de exigir y lo que está en el ser como condición de aceptar, dándose la oportunidad, de que el ser se maneje por propia convicción de lo que necesita para vivir, vivencia que se da, como escenario apropiado a su desenvolvimiento, es por lo tanto una condición de existir en un medio apropiado a subsistir.

886. Las casas fijas se dan plenas de comodidades, en la medida en que representan las posibilidades posesivas del ser.

887. Las casas fijas se dan en un todo, como condición permanente a la necesidad de obtener, lo que constituye un patrimonio en disponibilidad, se da por lo tanto como una condición de medio, que busca la propia estabilidad, dentro de lo que la propiedad representa.

888. Las casas fijas son las que se dan, dentro y fuera del ser, toda vez que ellas se ajustan a la necesidad de la disponibilidad parcial o total, de lo que ellas representan como espacio a ocupar, dándose por lo tanto, como condición de disponibilidad a lo que se ofrece y se toma.

889. Las casas fijas nos dan la firmeza de espacio, y dentro de él, las posibilidades propias de exigir las consideraciones acordes con lo que establece la limitación del espacio. Es por lo tanto lo que nos da la posibilidad de encontrar lo propio, dentro de lo que la disponibilidad permite.

890. Las casas fijas son finalmente, el punto final de toda operación, en la medida en que ellas concretan el espacio en que vivimos.

 

 

Recordemos: Casas comunes.

891. Las casas comunes se dan por simple agregado a las otras casas, en la medida en que ellas suplen el contenido de las otras facilitando los escenarios comunes a la manifestación personal.

892. Las casas comunes nos obligan a entrar en los escenarios por la puerta común de todas las participaciones colectivas.

893. Las casas comunes son por la utilidad que brindan los espacios comunes en que se desenvuelven las distintas actividades humanas.

894. Las casas comunes son las que nos brindan el espacio societario que no está reservado a ninguno.

895. Las casas comunes son las que nos brindan amparo, en la medida en que son albergues destinados a las manifestaciones colectivas y traza el camino propio para darle realidad a lo privado.

896. Las casas comunes y los espacios comunes son los que dan oportunidad de la prescindencia del deseo de la posesión, en la medida en que esto limita su propia posesión, por falta de disponibilidad de espacio para llegar a lo propio.

897. Las casas comunes son las que nos brindan la oportunidad de establecer las condiciones propias a la manifestación comúm.

898. Las casas comunes son las que nos brindan la amistad, dentro del espacio en que éstas se desenvuelven con sentido común al trato.

899. Las casas comunes son las que nos dan el espacio apropiado a la propia manifestación de intereses comunes.

900. Las casas comunes son las que están provistas de todo lo que es espacio dirigido.

901. Las casas comunes son las que están en pleno desarrollo de las actividades que concurren al espacio, en que los seres se dan por propio agregado.

902. Las casas comunes son las que nos privan de toda posibilidad de espacio no compartido, en la medida en que nos señalan las propias limitaciones.

903. Las casas comunes son las que nos brindan la realidad de la posesión comunitaria.

904. Las casas comunes son las que nos dan la plena disponibilidad del espacio dirigido a la manifestación de los bienes comunes.

905. Las casas comunes son los escenarios apropiados para el desarrollo de las actividades encaminadas al bien común.

906. Las casas comunes son las que están dentro de lo que la exigencia social determina.

907. Las casas comunes son los reservorios donde permanecen los bienes comunes.

908. Las casas comunes son las múltiples formas en que se presenta la propiedad fuera de lo particular.

909. Las casas comunes son las que nos dicen que el ser tiene una condición dentro del ámbito en que se desenvuelve, y ese ámbito es el que él usa y no le pertenece, por ser una condición común a muchos que operan en él.

910. Las casas comunes nos recuerdan, lo que no siendo propio, se ajusta a las exigencias de los demás.

911. Las casas comunes son los lugares apropiados para la comunicación, de todas y cada una de las actividades en que el ser se ve, en la necesidad de abordar por espacio común.

912. Las casas comunes son las exigencias propias, de la propiedad dirigida a los intereses del estado.

913. Las casas comunes son las que nos dan la ubicación exacta de lo que está en propiedad privada y publica.

914. Las casas comunes son las que se nos manifiestan llenas de sentido común, al darle a cada cual, la oportunidad de ver lo propio frente a lo ajeno y lo ajeno en relación recíproca a una necesidad común.

915. Las casas comunes son las que nos dan la oportunidad de convivir en relación a una necesidad común.

916. Las casas comunes son las que se prestan a toda iniciativa pública tendientes a buscar el interés de lo que propicia, fuera de todo interés particular.

917. Las casas comunes son las que nos dicen, bajo qué condiciones el ser ha de desenvolver todo lo que está dado como condición común a un mismo espacio, y en qué manera se ha de compartir el mismo servicio que atiende a los intereses comunes.

918. Las casas comunes nos privan del interés común que se orienta hacia la casa privada y establece el principio de la no trasgresión de espacio, de tal modo que el ser no advierta la necesidad de verse postergado, dentro de una exigencia, que no es la que está en función de lo que tiene y en función de lo que se da como disponibilidad propia, es por lo tanto la condición, lo que establece hasta donde se dan las condiciones de espacio y las condiciones de disponibilidad.

919. Las casas comunes son, finalmente las que nos llevan a comprender, que en la vida los escenarios no siempre constituyen polaridades simples, sino que son polaridades de asociación, de tal modo, que, sus espacios se hacen reales, si ambos cuentan con un espacio común, que permita el acceso de ambos; en ello estriba que la condición común de espacio, se pueda convertir en una realidad, realidad que solo existe, cuando el ser se da cuenta, que el espacio es una medida que queda sujeta a la posibilidad de que él sea disponible por la vía de acceso, caso contrario, la limitación se ve impuesta con la no disponibilidad y ello lleva a la falta de derecho común al espacio necesario a las exigencias de la disponibilidad. Por ello el espacio se convierte en una necesidad común, toda vez que ello significa la participación consciente a una misma necesidad.

 

 

Recordemos: Casas de fuego.

920. Las casas de fuego son las que nos dan la pauta de lo que va a ser el escenario propio a las actividades personales.

921. Las casas de fuego son las que nos dicen, que el ser, como persona, debe tener un espacio distinto a las otras especies.

922. Las casas de fuego nos dicen, que el ser se halla inmerso en un escenario en donde él se ve acorde con su naturaleza.

923. Las casas de fuego son las que propician todos aquellos escenarios que se ligan a la vida hogareña.

924. Las casas de fuego son aquellas que se dan, dentro de lo que el ser es como persona que busca los lugares apropiados a su ser.

925. Las casas de fuego son las que nos brindan los escenarios que están acordes con la función personal.

926. Las casas de fuego son las que están en la apertura de los escenarios que hacen del ser, el baluarte propio de la vida personal.

927. Las casas de fuego se nos dan como ambiente propio a la naturaleza del ser, en donde se marcan todas aquellas actividades que son significativas del desenvolvimiento personal y jurídico.

928. Las casas de fuego nos brindan el albergue propio a las necesidades humanas, en tanto y en cuanto, ellas son las que nos marcan el escenario propio al desarrollo de todo lo que está dentro del ser, como actividad tendiente a la demostración del valor personal.

929. Las casas de fuego son aquellos escenarios que están prodigados de atenciones múltiples, dentro del desenvolvimiento social.

930. Las casas de fuego son aquellas que están propensas a impartir condiciones propias, que reflejan la necesidad de compartir el contenido personal, con todo aquello que se da, dentro y fuera de la vida personal.

931. Las casas de fuego nos dan todas aquellas atenciones que emanan del propio desenvolvimiento del ser, cuando éstas son tomadas en función social, y hacen de esa condición, lo que se puede aceptar dentro de la esfera de las propias manifestaciones personales.

932. Las casas de fuego nos advierten de la necesidad de acoplar, al ser, el seguro necesario a la convivencia, y ello se da, siempre que signifique lograr los objetivos del desenvolvimiento personal.

933. Las casas de fuego nos marcan, todas aquellas circunstancias que se dan, dentro de lo que el ser es, mientras constituya una unidad social, y esa unidad se exprese por lo que él es, dentro de lo que la unidad constituye un eslabón del medio en que actúa.

934. Las casas de fuego se dan, por la mera coincidencia de ser los exponentes propios, de lo que se da dentro y fuera de lo que constituye la propia condición, del que se expresa, sin contar si es o no el sentido de lo que se propone. La condición se da si el ser constituye su propia condición, de lo contrario, no toma la constitución propia del desenvolvimiento personal; las cosas se dan, por una mera yuxtaposición, y ello se da, por simple agregado a lo que ya es la condición de ser, dentro del escenario en que se desenvuelve.

935. las casas de fuego se dan, dentro de lo que es una condición personal, en la medida en que nos proporciona el medio adecuado para hacer del ser, el lugar apropiado a todas las manifestaciones humanas.

936. Las casas de fuego, se dan en el hecho y en la causa que las determina, de tal modo, que ellas propician las condiciones apropiadas a que el ser se vea, dentro de esa programación.

937. Las casas de fuego se dan por el solo hecho de que el ser humano se vea frente a lo que es y tiene como condición personal de existir, encontrando en el ser el lugar apropiado para que su escenario se de conforme a sus necesidades.

938. Las casas de fuego son las que proveen la mayor amplitud del escenario que el ser posee, en la medida en que ellas constituyen el espacio de permanencia, dentro del desenvolvimiento de la familia. Es por lo tanto, un escenario en donde el ser se ve, como tal y como tal se prolonga en la vida de los seres que lo acompañan, por eso vemos en él, todas y cada una de las posibilidades de desenvolvimiento personal que atañe a su vida privada, y por ende esta vida puesta también dentro de la actividad social, toda vez que ella se prolonga en el medio en que vive. Son por lo tanto las casas de fuego, el lugar propio de la actividad hogareña.

939. Las casas de fuego nos entregan la actividad apropiada a la esfera de todas aquellas actividades que están en el ser y no encuentran cabida dentro de lo que el ser es fuera de toda condición personal.

940. Las casas de fuego nos marcan los escenarios apropiados a la actividad del ser, en donde éste se ve por lo que es y por lo que tiene como condición de ser.

941. Las casas de fuego se traducen por la propia experiencia que tiene el ser, dentro del ámbito en que se desenvuelve como instrumento apropiado al desenvolvimiento de la especie a la cual pertenece.

942. Las casas de fuego traducen todas las condiciones del ser, dentro del escenario en que son exigidas sus virtudes.

943. Las casas de fuego son, finalmente, las que nos dan el ámbito y el ambiente apropiado para que el ser encuentre, que lo privado es de él, y lo compartido es de quienes puedan llegar a él, ya para compartir lo que le pertenece como propio, ya para prolongar su propia condición con los demás, por lo tanto, hemos de encontrar en las casas l-5-9 todos los ambientes y lugares en que el ser se ve como persona y como ser disponible a los fines de la actividad personal, lugares en donde él reconoce que tiene la disponibilidad del medio, como desenvolvimiento personal. Esto involucra todas las manifestaciones humanas en donde él se ve como persona orientada hacia las exigencias propias de la convivencia personal son por lo tanto, las casas de fuego, una de las exigencias mayores del ser.

 

 

Recordemos: Casas de tierra.

944. Las casas de tierra nos dan los escenarios adecuados a nuestro desenvolvimiento material. Las casas de tierra nos dicen que el ser, además de ser, tiene que mantener las condiciones de ser y ese ser busca las condiciones adecuadas para subsistir, y esas subsistencias se nutre de aquellos factores que están al alcance del ser y le pueden dar la comodidad de albergue, sustento y protección.

945. Las casas de tierra son las que nos encaminan hacia el lugar donde debemos morar y permanecer al abrigo de las inclemencias del tiempo.

946. Las casas de tierra son las que se identifican con todos aquellos escenarios que se encuentran en la vida del nativo como recursos naturales de subsistencia.

947. Las casas de tierra son las que nos imponen la necesidad de permanecer dentro de lo que se considera el medio apropiado a los fines de la propia constitución corporal, de tal modo que el ser se encuentra en donde el se considera que subsiste pleno de seguridad material.

948. Las casas de tierra nos brindan las condiciones adecuadas para desarrollar todas las etapas de la vida, en donde él se da por lo que tiene y lo que toma, en razón de lo que tiene, para hacer de ello, la propia disponibilidad de lo que se da en sí, como exigencia de mantenimiento personal a los fines de la propia constitución y a los fines de las propias disponibilidades de uso.

949. Las casas de tierra son las que están en todo lo que se da, como condición de persistir en el medio en que se vive.

950. Las casas de tierra son las que están dentro de la porfía de existir porfía que no es sino lo que el ser debe afrontar para no sucumbir en el medio material en que se debe desenvolver.

951. Las casas de tierra son las que nos brindan el albergue material, que permite desenvolver todas las actividades del trabajo material.

952. Las casas de tierra nos dicen, que el ser esta inspirado para conseguir su medio adecuado para el desarrollo de la propia actividad, pero ello, solo si esa actividad esta expresada como escenario. Es lo que ocurre con la casa X al determinar al ser, que él es un elemento que debe actuar conforme a las exigencias propias de lo que se impone como escenario de trabajo.

953. Las casas de tierra nos señalan, que ellas van buscando convalidar, todo lo que se da como promesa, dentro de la vida material.

954. Las casas de tierra nos indican, que siempre el ser es una posibilidad, si tiene la oportunidad de encontrarse en un medio apropiado a su propio desenvolvimiento.

955. Las casas de tierra nos dirigen un ultimátum a la propia existencia, toda vez que exigen que el ser debe consolidar su posición material, si quiere resolver la problemática de la vida material.

956. Las casas de tierra nos dan las posibilidades de ver, bajo que condiciones se va a trabajar.

957. Las casas de tierra nos dicen, que el ser sucumbe toda vez que no encuentra, que su propio deseo, se ve violentado fuera de las seguridades de la materia.

958. Las casas de tierra son las que nos proporcionan las condiciones adecuadas a la vida de manifestación material.

959. Las casas de tierra nos dan la particularidad de conciliar, lo que está dado por propia exigencia, a los fines de la vida material.

960. Las casas de tierra nos dicen que el ser es vulnerable fuera de la protección material.

961. Las casas de tierra nos consignan el favor de aceptar sus exigencias, en tanto éstas sean satisfechas con las mismas necesidades en que se expresan.

962. Las casas de tierra nos dan la oportunidad de aceptar condiciones ecológicas adversas, siempre que ello sea un paso a la recuperación de los escenarios propios al deseo de manifestación.

963. Las casas de tierra se afianza, dentro de lo que el ser se da como sujeto compuesto de materia y dentro de lo que la materia se identifica como valor de manifestación material.

964. Las casas de tierra se dan plenas de exigencias, toda vez que ellas son responsables de lo que está dado, dentro de su propia determinación.

965. Las casas de tierra son, finalmente, aquellas condiciones que están dadas en el ser, para que éste pueda llegar a la expresión mas densa de la materia, y deje en sí, el contenido propio de su manifestación y con ello, la experiencia de la existencia en el mundo denso, mundo al que baja por propia necesidad y mundo al que baja por propio deseo, mundo al que se adhiere por desesperación de su espíritu que busca la libertad en los designios de la materia. Es por lo tanto importante comprender que las casas se dan como escenarios obligados a la subsistencia física, y por ello, las casas se dan dentro de lo que el ser necesita como condición distinta en lo que la materia se expresa, encuentra así, el ideal de su propio desenvolvimiento material y con ello, la seguridad de su propia subsistencia.

 

 

Recordemos: Casas de aire.

966. Las casas de aire son las que se nos dan plenas de conocimiento, en la medida en que son los ámbitos en donde el ser recoge y esparce los conocimientos, asimilándose al concepto cósmico de la existencia.

967. Las casas de aire son las que nos consignan el mérito de ser los escenarios propios de la felicidad humana, en la medida en que vuelven al hombre, en condición distinta a lo que son los animales.

968. Las casas de aire son las que nos permiten alcanzar los objetivos propios de las realizaciones de los conocimientos.

969. Las casas de aire son las que nos indican en que momento nos vemos compelidos a aprender, y en que momento a enseñar en la medida en que el ser es, el propio protagonista de lo que aprende y enseña es por lo tanto el reservorio de su propio saber, y el artífice de todo cuanto se resuelva en él, en conocimiento.

970. Las casas de aire se plasman en el sentido de las propias determinaciones cósmicas, en la medida en que ellas nos señalan que el ser está llamado a decir y hacer lo que está en su mente poder concebir y obrar.

971. Las casas de aire se dan en todo el sentido de la instrucción y en tal condición se muestran como verdaderos reservorios de la proyección mental.

972. Las casas de aire se agitan de toda impresión, en la medida en que son las consecuencias de todo lo que e da por impresión, al mundo en que el ser se ve frente a lo desconocido.

973. Las casas de aire se dan, por lo que son, en la medida en que lo que son, no son otra cosa que el recinto apropiado para aprender y enseñar.

974. Las casas de aire se dan en el sentido de la creación en la media en que ellas nos muestran, que el ser está dotado para concebir y crear el lugar ideal para pensar, lugar que se da a los fines del conocimiento.

975. Las casas de aire se juntan a las de tierra, para establecer que la vida es un escenario de conocimientos.

976. Las casas de aire se juntan a todo lo que signifique perpetuar el conocimiento que se da, en el medio en que el ser se ve movido por el imperio de lo que sabe y por todo lo que mueve a su curiosidad, es entonces que se ve en la escena de lo que sabe y en la escena de lo que aprende, sin dejar de ser el que transmite lo que sabe de lo que aprende.

977. Las casas de aire se conservan según el principio de la sustentación, haciendo de esa condición lo que la condición impone, de tal modo que él y la condición se vean en una misma exigencia de integración intelectual.

978. Las casas de aire nos conmueven, toda vez que ellas son los receptáculos del desenvolvimiento de nuestras facultades, que nos permiten aliviar la duda de la ignorancia que nos martiriza.

979. Las casas de aire nos dan las condiciones mínimas indispensables para permanecer en el escenario de las propias limitaciones intelectuales.

980. Las casas de aire son las que pregonan la proyección en tiempo y espacio, del contenido propio a la emancipación intelectual.

981. Las casas de aire nos dan plena vigencia de las facultades insertas dentro del escenario en que el ser se ve, en las necesidades de proclamar sus propias necesidades de reconocimiento intelectual.

982. Las casas de aire nos dan finalmente, la facultad de decir, que el ser está dotado de todo lo que es la fuerza del intelecto que se da en plenitud, dentro del escenario en que el ser se ve en un todo con una respuesta al medio, en virtud de lo que sabe y aplica como conocimiento dirigido a la obtención de los fines de la vida, allí donde se da pleno de conocimiento y allí donde se da pleno de exigencias propias al conocimiento que está en esencia y manifestación. Es por ello que las casas de aire, se nos presentan con escaso margen de ensanchamiento, en la medida en que ellas están dotadas de todo lo que nos llega como imposición de tal modo, que establecen condiciones que se toman de una exigencia mayor, en la medida en que su deber no puede rebasar los limites de la creación lugar en donde el hombre queda circunscrito dentro de lo que la limitación impone, y dentro de ello la condición mínima de la existencia. or ello hemos de entender, que las casas de aire, son escenarios limitados a los fines de nuestra propia evolución y no hemos de encontrar, dentro de ello, otra cosa que no sea, nuestra propia programación a los fines que se dan, dentro de lo que el ser necesita para subsistir es entonces que él se da pleno de conocimiento pero ajustado a la realidad de lo que es.

 

 

Recordemos: Casas de agua.

983. Las casas de agua se nos dan como escenarios propicios al propio desenvolvimiento anímico en la medida en que se nos da el espacio adecuado, para alegrarnos dentro de lo que es el espacio divertido y dentro de lo que es también el espacio del propio dolor al mundo de los sentimientos.

984. Las casas de agua se nos dan en parecido, a todo lo que está en la vida del ser como condición de amar, sin la necesidad de tener la libertad de hacerlo en cualquier lugar, por lo tanto, las casas de agua se dan como condición aceptable a la necesidad de amar y procrear.

985. Las casas de agua nos dan los escenarios típicos de las manifestaciones humanas, en donde el ser se ve pleno de lo que está en sus propias necesidades de recoger, lo que otros dan como condición de amar.

986. Las casas de agua se nos dan plenas de alegría, toda vez que ellas son el recinto de las propias necesidades humorales.

987. Las casas de agua se dan en condición de ser, lo que ellas son a la luz de las necesidades físicas de exteriorización de lo que el ser tiene como condición de amar, en medio de lo que son sus propias necesidades de subsistir a los impulsos de la propia generación. Es por ello, el reservorio de todo lo que se da como condición de ser, en medio de lo que quiere existir por amor universal.

988. Las casas de agua son las que nos dan y nos cubren de toda ilusión, en la medida en que ellas son las que alberguan los sueños de la vida y las emociones propias de lo que nos distraen de todo lo que está fuera de nuestra ilusión.

989. Las casas de agua nos brindan la oportunidad de ver, en el medio ambiente, el lugar apropiado para amar.

990. Las casas de agua son las que nos llenas de satisfacción, toda vez que ellas guardan la felicidad que los seres desparraman y se nos dan plenas de motivaciones, en la medida en que ellas son las que nos inspiran a amar.

991. Las casas de agua son las que están a la espera de todo lo que se da como agregado a los fines de la propia necesidad espiritual, tomando esta necesidad, como una prolongación del ser, dentro de lo que él es, por lo que su alma imprime a sus propios deseos.

992. Las casas de agua se nos dan abiertas a todas aquellas inquietudes que se plasman en el deseo de ver de sí, la realización de todo lo que es y lo que desea ser dentro de las posibilidades del ser.

993. Las casas de agua se juntan para decir donde está el ser que quiere amar y donde debe estar el que quiere perdonar.

994. Las casas de agua se dan en unión, para establecer que el ser está mas allá de sí mismo, cuando anhela encontrar, en sí mismo, el camino que lo lleve a encontrar su verdadero deseo de amar.

995. Las casas de agua se encuentran en el sentido de la propia plenitud, si ellas encuentran, que su condición recoge los frutos que siembra el amor, que se da en plenitud.

996. Las casas de agua son las que nos atormentan, toda vez que el deseo se ve fallido, respecto de lo que el ser encuentra, dentro de lo que busca en sus propias intenciones.

997. Las casas de agua se dan en el contenido y en el continente como una sola cosa, en la medida en que encuentran el final de lo que es la vida, dentro de lo que la vida exige del ser, toda vez que este se da por lo que es, dentro de lo que su naturaleza exige para amar, amor que se da pleno de regocijo cuando encuentra que él es el que busca el amor que quiere cultivar y él es la satisfacción de lo que ese amor le puede dar.

998. Las casas de agua son los reservorios propios de aquellas instancias de la vida, en que el ser se ve frente a todo lo que quiere alcanzar.

999. Las casas de agua nos dicen, que el amor se da pleno, en el sentido de la propia vocación, y el encuentra que su ser, es el ser que ama por vocación.

1000. Las casas de agua se dan, finalmente, dentro de una exigencia mayor, toda vez que él encuentra que el amor no es una condición simple al ser, sino que él está en el amor por imperio del amor que está en los demás, y dentro de ese amor, él se ve que no es más que un deseo dentro de lo que él es; pero fuera de lo que es, advierte que el amor está más alla de lo que él quiere para sí; es encontes que se confunde cno el amor que imparte y con el que recibe, no sabiendo si el amor sale o llega a él, pues está en él, sin saber por qué sale y por qué llega. Es entonces que confunde su existencia en todo lo que es y en todo lo que está, por aquel amor, que es el amor universal, amor que está en todos, y en todos espera ser, lo que él quiere ser, el amor por los demás, amor que se confunde y se da pleno de satisfacción y se encuentra con aquel que estando en él, está en los demás, y estando en los demás, está en él, es por eso que ama de sí, lo que está en sí amar, y es de sí lo que el amor está en los demás.

De esta manera, y tras mil exposiciones didácticas de altos conceptos de aplicación práctica, y a veces reiterativas, damos fin a lo que nos hemos propuesto en la primera parte de la astrología práctica. Como se puede apreciar, la practica astrológica cuenta con los recursos necesarios para darle validez, a todo cuanto se ha expresado en el transcurso de la Astrología Contemporánea, dándole sentido racional, a todo cuanto constituye afirmaciones propias del contenido astrológico con que se expresa esta nueva forma de ver el conocimiento astral. Esperemos que ello redunde en beneficio de las grandes aspiraciones humanas, una de las cuales es la de conocerse a si mismo, para luego conocer a los demás y así tomar el sentido de la vida y con ello, producir un cambio en la mentalidad de la humanidad, ultimo objetivo de esta ciencia contemporánea.

http://www.astropsicogalactica.com.ar

Volver al principio del artículo>>

 
.
.
.
.
webmaster@astro-campus.com
.
.