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Tauro y Escorpio, signos de poder
Luego del cosmogónico Big Bang de
Aries, la desaceleración natural de la energía
produce materia, y comienza un proceso de estabilización
que crea mundos, con latentes posibilidades de vida.
A partir de Einstein, podemos afirmar que la materia
es energía que vibra a velocidades muy bajas.
Y viceversa, la materia vibrando a altísimas
velocidades se transforma en energía.
Tauro (primer signo de Tierra) traduce psicológicamente
esta desaceleración e inercia con fines de materialización,
como un deseo de acumulación y sustanciación;
que más que un deseo es una verdadera necesidad.
De ahí la inexorabilidad y la potencia del signo
del toro. Las necesidades más primarias están
representadas por este sector del Zodíaco.
Todo ser vivo debe incorporar a su organismo sustancias
de otros organismos vivientes, cosa que en el ser humano
se hace a través de la boca. Sigmund Freud descubre
que la estructura más básica de la psiquis
se forma en una etapa muy temprana, a la que llamó
etapa oral.
Chupar, lamer, morder, cortar, arrancar, masticar y
tragar son los pasos necesarios para incorporar biológicamente
las sustancias que el organismo requiere. Esta incorporación
implica un placer psicológico y físico
que trasciende el mero hecho de la alimentación.
Para ello las piezas dentarias son fundamentales, y
en el caso de las especies carnívoras (como los
humanos), se usan los incisivos y los caninos, cuya
eficacia es de vital importancia en los predadores.
Todos estaremos de acuerdo que si de predadores se trata,
el ser humano gana por varios cuerpos, ya que al estar
en la cima de la cadena alimentaria, ninguna otra especie
puede predarnos, salvo la nuestra
o la de algún
ser sobrenatural.
Roger Caillois en su análisis del mito de la
mantis religiosa relaciona la necesidad de alimentación
con el placer sexual.
Marcel Roland, en un artículo donde define a
la mantis como el felino de los insectos, escribe:
La mantis religiosa mata al macho al aparearse
y lo devora, hecho éste que ha impactado al hombre
por su cercana relación al acto sexual humano.
Los naturalistas reconocen en el insecto la forma extrema
de la estrecha conexión que une con frecuencia
la voluptuosidad sexual y la voluptuosidad nutritiva.
En el hombre existe al menos una característica
representativa de la conexión entre la nutrición
y la sexualidad: la mordida de amor en el momento del
coito. En el mito de Adán y Eva, es la mordida
a la manzana el símbolo sexual del pecado original.
Durante las relaciones sexuales de los protozoarios
(en la base de la escala de los seres vivos) un organismo
es completamente absorbido por el otro. El acoplamiento
es en cualquiera de los casos una pérdida de
inmortalidad, un factor profundo de muerte; es por ello
que el estado que sigue a la satisfacción sexual
completa se parece al fallecimiento y que en los seres
inferiores la muerte sigue inmediatamente a la procreación.
Desde el punto de vista de la matriz astrológica
esto no es ninguna novedad. Permite trasladarnos desde
Tauro hacia el misterioso Escorpio. De hecho, las costumbres
nupciales de algunos escorpiones son similares a las
de estos insectos: la hembra se come al macho luego
de la cópula. El escorpión es un tipo
de arácnido, y como tal, no puede estar genéticamente
muy lejos de ese tipo de araña llamada viuda
negra.
Alimentación y sexo son seguramente las fuerzas
más poderosas que dominan a cualquier ser vivo,
son pura manifestación de la naturaleza, como
las tormentas y los terremotos.
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Es sugerente notar
que la vinculación entre nutrición,
placer y muerte puede darse también cultural
y geográficamente. En la ciudad de Buenos
Aires, el cementerio de la Recoleta se encuentra
rodeado de coquetos Cafés y restaurantes,
centros de exposiciones de arte y de diseño.En
París, el cementerio Picpus está
pegado al Viaducto de las Artes, poblado
de galerías de arte, locales de artesanías
y distinguidos restaurantes. En Chicago, los restaurantes
se enlazan frente al St. Adalbert Cemetery.
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Escorpio (segundo signo de Agua) es la octava etapa
en el eterno recorrido zodiacal. Simboliza el momento
en que la forma surgida en Cáncer,
y consciente en Libra de la existencia de un otro, intenta
la fusión de los opuestos. Para que la fusión
sea efectiva, cada uno de los participantes debe morir
para que surja otra cosa. Esto que aparece no es igual
a ninguno de los participantes, pero tampoco es totalmente
distinto. Aquí la carga psíquica es mucho
más pesada que en la etapa de Tauro. La sexualidad
entendida escorpianamente (la pequeña muerte
como llaman los franceses al orgasmo) se relaciona a
un placer psíquico más que orgánico.
En Tauro la sexualidad es instintiva, dirigida por la
naturaleza para la conservación de la especie.
En Escorpio se juegan los deseos ocultos, los anhelos
inconfesables y las ansias de poder y dominación
psicológica. El ego surgido en la etapa de Leo
confronta en Escorpio con su propia sombra.
Cuanto más racional, luminosa e ilustrada sea
la consciencia, la sombra aparecerá supersticiosa,
oscura, monstruosa y hasta demoníaca.
Un escalofrío sorprende nuestro científico
mundo, es el aliento del vampiro.
La pulsión sexual del vampiro va directo a la
yugular de su víctima para saciarse. Se puede
notar también la anatómica correlación
existente entre la zona genital -que la tradición
astrológica le adjudica a Escorpio- y la sensible
zona de la garganta, regida por el signo de Tauro.
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