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Claudio Ptolomeo
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El egipcio Claudio Ptolomeo
(100-178 d.C.) vivió en Alejandría
en la época del dominio romano. Siguiendo
las ideas de Aristóteles se convirtió
en el creador del universo medieval.
Las obras fundamentales que nos ha legado son el
Almagesto, de orden astronómico y el Tetrabiblos,
astrológico. En este último, Ptolomeo
realiza un trabajo de compilación de todo
el saber astrológico antiguo, organizándolo
y sistematizándolo; cosa que nunca se había
realizado con anterioridad. |
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En la Edad Media, el poder de la Iglesia cristiana se
encargó de disolver el desarrollo de las ideas
filosóficas originarias del mundo griego. En el
año 529 la Iglesia cierra la Academia de Platón
en Atenas. Los conventos tuvieron el monopolio de la enseñanza,
la reflexión y la experimentación científica.
Uno de los llamados padres de la Iglesia fue San Agustín
(354-430), quien estudió astrología en su
juventud, transformándose luego en su principal
enemigo. Su crítica tiene tanto argumentos lógicos
como espirituales. El golpe más fuerte lo da cuando
toca el tema de los gemelos o los mellizos, y la abismal
diferencia dada en el destino que viven. El determinismo
de la astrología de la época chocaba con
la idea del libre albedrío, núcleo del cristianismo.
San Agustín sostenía que cuando los astrólogos
hacían predicciones acertadas era porque estaban
asistidos por demonios, deseosos de que las almas renuncien
a su libre albedrío. Este pensamiento continúa
aún hoy en muchas personas que ven pecaminoso el
querer inmiscuirse en asuntos que van más allá
de lo que entienden como normal, metiéndose
en los asuntos de Dios. Tanto en ese momento como ahora,
era habitual considerar a la astrología como un
prosaico método de adivinación en lugar
de una filosofía astral como lo fue en sus inicios.
A medida que el cristianismo se iba imponiendo en el mundo
romano, la astrología era relegada a un lugar cada
vez menos importante, hasta desaparecer casi totalmente
a partir de la invasión visigoda a Roma en el 410.
Simultáneamente a la introversión
mística dada en Europa, el impulso de los
árabes comenzaba a ser notable. La cultura islámica
tomó de los griegos la filosofía, la medicina,
la astrología y las ciencias, dándole
a Aristóteles un lugar protagónico.
Muchos textos astrológicos griegos que el occidente
latino había perdido, fueron traducidos al árabe
gracias a astrólogos y filósofos como
Al-Kindi, Abu-Maschar y Masha-allah, donde sus nombres
y sus aforismos aparecen en mucha bibliografía
europea posterior. Los Tetrabiblos de Ptolomeo fueron
traducidos en el 1138. Desgraciadamente la traducción
del griego al árabe y del árabe al latín
introdujo muchos errores debido a la misma estructura
del lenguaje; errores que se fueron perpetuando hasta
hace pocos años. En este momento equipos interdisciplinarios
compuestos por astrólogos y filólogos
están traduciendo directamente originales griegos,
mostrando de otra manera el saber astrológico
de antaño.
En definitiva, la astrología se vio beneficiada
por los enormes adelantos de las matemáticas
y del álgebra, propios del mundo islámico.
Los llamados partes arábigos son desarrollados
por ellos a partir de su uso por los astrólogos
helénicos.
El Renacimiento trajo consigo una nueva manera de acercarse
a la realidad: la investigación de la naturaleza
basada en la observación, la experimentación
sistemática y la experiencia. Surge el llamado
método empírico, propio del conocimiento
científico. Galileo Galilei (1564-1642) dijo:
el libro de la naturaleza está escrito
en un lenguaje matemático.
La astrología se vio directamente beneficiada;
los adelantos técnicos perfeccionaron la confección
e interpretación de los horóscopos, que
fueron aprovechados a su vez, por reyes y papas. Vale
como ejemplo la fecha elegida para la Coronación
de Isabel 1ra, calculada por el astrólogo británico
John Dee, cuando los tránsitos del Sol, Venus
y Júpiter aspectaban favorablemente a esos mismos
planetas en la carta natal de Isabel (quien se las arregló
para mantener unida a Inglaterra durante 44 años
bastante complicados).
En el año 1543 se publica el libro Sobre las
revoluciones de los orbes celestes del astrónomo
polaco Nicolás Copérnico. Esta obra comienza
a cambiar la visión que el mundo tenía
de sí mismo; demostrando mediante la observación
y las matemáticas, que la Tierra (junto con los
demás planetas) gira alrededor del Sol. Este
cambio de paradigma habilitó una nueva cosmovisión,
donde la Tierra (y por ende el ser humano) dejaba de
ser el centro del Universo como hasta entonces se creía.
La oposición de la Iglesia no se hizo esperar
demasiado.
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