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Hemos llegado al primer signo zodiacal con representación
humana: Géminis. El número 2 romano que
lo simboliza, es la estilización de la figura
de dos niños o o de dos adolescentes.
Luego del impulso inicial de Aries y la fuerza para
consolidar de Tauro, nos encontramos con la posibilidad
de que la vivencia se torne palabra y aquí se
abren dos caminos posibles: reflexionar sobre el mito
de Cástor y Polux y pensar sobre el fenómeno
humano del lenguaje, para luego intentar una síntesis
que nos permita la comprensión. Y ya estamos
en territorio geminiano: planteo, pensar por varios
carriles posibles y llegar a una conclusión que
nunca será el final del proceso reflexivo sino
el inicio de un nuevo recorrido.
Cuenta la mitología que Leda queda embarazada
de un señor que como todo señor de la
época, se va a alguna de las largas y cruentas
guerras con las que matizaban el tedio de la vida cotidiana.
Zeus anhelaba establecer una relación amorosa
con dicha dama pero era rechazado una y otra vez. Dueño
de una enorme creatividad, resuelve convertirse en cisne
y no me pregunten cómo, accede al lecho de Leda.
De manera que ella da a luz a dos gemelos, que si bien
en apariencia eran iguales, tenían una enorme
diferencia: uno era mortal y el otro poseía la
inmortalidad que le otorgaba el ser hijo de un dios.
Los griegos no sabían nada de genética,
pero poseían una imaginación notable...
Volviendo a nuestro tema, el lenguaje presenta una
dualidad similar. "Las palabras se las lleva el
viento" dice la sabiduría popular en relación
a esas frases intrascendentes que mueren al poco tiempo
de nacer, pero también el lenguaje tiene, en
la voz del poeta o del pensador, una vida eterna.
Pero la comunicación, enlaza de otra manera
con el mito de los gemelos juguetones y traviesos como
cuentan que eran Cástor y Polux. Las palabras
muestran y esconden simultaneamente, hablamos para decir
y para no decir.
Este rasgo contradictorio y paradojal del pensamiento,
genera la duda (etimologicamente significa dualidad),
que no siempre es incapacidad para elegir una dirección,
sino anhelo de seguir dos caminos en forma simultánea.
Dudo, luego existo, dice cualquier geminiano que se
precie de tal.
Géminis "celeste" intentará
fusionar los contrarios en una síntesis superior,
intentará llegar a una meta a través de
un cuestionamiento constante que le permitirá
arribar a alguna verdad. Géminis "terrestre",
por el contrario mostrará la grieta que se suscita
por el enfrentamiento de los contrarios en conflicto
o al menos en disidencia, y jugará con las ideas
como un niño entretenido en hacer chocar de frente,
una y otra vez, a sus autitos.
De acuerdo con la correspondencia que los astrólogos
árabes establecieron entre los signos y el cuerpo
humano, a Géminis le otorgaron la regencia sobre
las manos (2) y los pulmones (2).
Si observamos a una criatura de poca edad, vemos que
primero toca, reconoce a través de las manos
los objetos de su realidad inmediata. El paso siguiente
es tocar y nombrar, luego prescinde del tacto y ya puede
enunciar aunque el objeto esté ausente. Este
camino que va de la percepción concreta de las
cosas a la idea abstracta, de las manos a las palabras,
es el camino de todo proceso de pensamiento y conocimiento.
En cuanto a los pulmones, sus movimientos de inspiración
y expiración - equivalente al tomar y dejar de
las manos - en el proceso de la respiración,
genera un continuo desdoblamiento en dos fases. Por
otro lado, paradojalmente, nada es más íntimo
y profundo que el aire que sale de nuestro interior
pero que a la vez es compartido entre todos. Como el
discurso que surge desde un convencimiento íntimo
pero necesita del interlocutor para terminar de significarse
en el diálogo.
Y así como respirar no se efectúa de
una vez y para siempre, sino que es un proceso continuo
para mantenernos vivos, el pensamiento es para Géminis
tan vital como el aire para sus pulmones.
En concreto, este signo nos presenta el riesgo y la
alegría de ser niños eternos. Como ellos,
posee una mente alerta, curiosa, con capacidad de asombro
y de preguntar el por qué de cada nueva situación
que se le presenta.
La capacidad de atención es breve, capta facilmente
y pronto necesita otro estímulo para no aburrirse.
Como consecuencia, anhela frecuentes cambios - de medio
ambiente, de actividades, de ideas - tornándose
muy difícil decidir cuál es la verdadera
vocación ya que su versatilidad los hace aptos
para muchas cosas pero también inestables y superficiales.
Y aunque anhele establecerse emocionalmente, se le
hace difícil lograrlo en tanto percibe los lazos
afectivos como límites para su libertad personal
y ansia de movilidad.
Si la vida lo ata a la rutina, siempre le queda el
recurso de viajar con la mente, con la literatura, o
con las historias que puede fabular. Su esencia está
más cerca del marinero viviendo de puerto en
puerto, conociendo otras gentes y otras costumbres que
del seguro empleo bancario.
El mundo de la comunciación, sea oral o escrita,
es su territorio creativo. Y si bien carece de tesón
y profundidad para internarse en el campo del pensamiento
sistemático, es un buen divulgador de conocimientos.
Su espíritu travieso y juguetón le otorga
cierto sentido del humor que unido a la necesidad de
trasmitir ideas, pueden convertirlo en docente, periodista
o vendedor.
Sus puntos débiles se relacionan con la falta
de constancia, de perseverancia, y con la tendencia
a racionalizar desentendiéndose del mundo de
las emociones, los sentimientos y todo "lo que
no se entiende ni es lógico". Corre el riesgo
que el exceso de inquietud, de tensión mental,
de gasto de energía en los saltos y cambios de
rumbo de su vida, lo lleven a vivir con un alto nivel
de stress.
Bueno, finalmente, el Marqués de Sade no parecía
muy preocupado por no comprender el mundo sutil de las
emociones, ni Johnny Westmuller (Tarzán) ni David
Rockefeller nacidos ambos el mismo día que el
"divino marqués", perdieron el sueño
por ello. Otros geminianos ilustres fueron o son: Paul
Gaughin, Pancho Villa, W. Whitman, J. Kennedy, Rainiero.
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