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Leo, el segundo signo de Fuego. Y si Aries, como signo
cardinal, responde a la chispa, al inicio del fuego,
aquí, en tanto signo fijo, encontramos al fuego
ya prendido, con llama constante y luminosidad estable.
Traducido a la conducta humana, los arrebatos de iniciativa
ariana, se transforman en una confianza en sí
mismo que permite mantener la voluntad y el entusiasmo
de manera continua, convirtiendo a Leo en un líder
natural capaz de sostener en alto la moral de sus seguidores.
En sus orígenes, el león era un símbolo
de raíz semítica, babilonia para ser más
precisos, y era considerado un animal regio, que tiraba
del carro de la "gran madre" (¿por
esta razón a Cáncer le sigue Leo en el
zodíaco?). Por representar a los reyes despóticos
de la Mesopotamia, se lo asocia con el poder, la gloria
y la violencia. Estas mismas cualidades hace que los
egipcios creyeran que un león presidía
las inundaciones del Nilo que sucedían entre
julio y agosto.
El gráfico que representa a Leo, nos remite
al porte y la elegancia con que el rey de la selva lleva
su melena. Pero como no todo lo que reluce es oro, vale
la pena recordar que mientras el león la va de
centro del universo, es la leona quien caza y cuida
la cría.
En algunos leoninos se nota claramente esta actitud
de "rey león" que permite en forma
displicente que los demás se hagan cargo de sus
necesidades, actitud que se le debería agradecer
porque es un honor atender a "tan importante señor".
Más que leones, parecen gatos consentidos por
amos complacientes donde no se entiende bien quién
está al servicio de quién.
Al igual que Cáncer, necesita rodearse de gente
pero a diferencia del signo de agua que lo precede,
no se impregna del clima emocional del entorno, sino
que su vitalidad, simpatía y calidez, lo convierte
en el eje alrededor del cual se van reuniendo los demás
como las mariposas en torno a la luz.
En su cercanía, se respira alegría, por
cuanto ejercita como táctica de vida mantener
alejado los dolores, los sufrimientos y los conflctos
psíquicos propios y ajenos. Valora la voluntad
que muchas veces utiliza como pantalla evitativa de
situaciones de angustia que no puede tolerar. Por momentos,
es genuinamente optimista, pero también es negador
y hasta maníaco para disimular lo que considera
que son debilidades humanas indignas de mostrarse.
En el cuerpo humano, rige la espalda que, entre otras
cosas, nos permite mantener la cabeza erguida, con dignidad
y también el corazón, ese punto de luz
del cual emana la vida.
Desde lo personal, podríamos describirlo como
orgulloso, intensamente individualista, necesitado de
sobresalir, de ser lo mejor posible y ser reconocido
y apreciado por sus aportes únicos, originales
y creativos.
Hacer algo bien y ser respetado por ello es un parámetro
central de su conducta, tolerando mal estar en el conjunto,
formar parte de la tropa, recibiendo órdenes
o directivas de otros, que por supuesto siempre serán,
frente a su mirada, mediocres e indignos de ocupar el
papel de jefes.
Sienten una necesidad intensa de poner su sello personal
a todo lo que hacen y dirigir el timón de su
propia vida, a la vez que adueñarse de un lugar
donde puedan brillar, expresarse creativamente y probar
su capacidad de liderazgo.
Albergan grandes sueños y la determinación,
el espíritu, la vitalidad y el entusiasmo para
lograrlos. Dueño de un corazón noble y
romántico, se deslumbra por las escenas coloridas,
dramáticas, teatrales, donde pueda ser el protagonista
gozoso o sufriente, pero siempre el protagonista. El
mundo es un escenario y sueña con un gran papel
(que no es lo mismo que un papelón).
Anhela recibir el aplauso de un público fiel
que se deslumbre con su actuación, aunque el
público se reduzca a una sola persona. Esta veta
infantil, lúdica, es su gran virtud pero también
un punto de debilidad que lo lleva, a veces, a situaciones
inadecuadas movido por la necesidad de atrapar la mirada
y la admiración de los demás.
Le es indispensable que alguien crea en su persona
y en sus sueños, y su aparente independencia
y confianza en sí mismo, suele trastabillar cuando
sospecha que no logra la aprobación, el amor
y el reconocimiento de quienes lo rodean. La indiferencia
puede convertirse en el peor de los castigos para Leo.
Vive en "estado de enamoramiento" con la
vida, con el corazón exaltado y sabe hacer sentir
alguien especial y elegido cuando vuelca su afecto en
otra persona.
Intensamente leal, defenderá a sus seres queridos
hasta el final, como el capitán del barco que
será el último en abandonarlo en caso
de naufragio, y si es necesario, está dispuesto
a hundirse con él. Siguiendo con la imagen del
capitán, no perdonará la traición,
ni la ofensa a su orgullo personal.
No duda en ser el "fuerte" en las relaciones
y no comparte ni protagonismo ni responsabilidades,
razón por la cual, facilmente cae en situaciones
de competencia o dominio.
Los puntos a favor de la personalidad leonina, son
el amor y el gusto por la vida, la capacidad creativa
y su actitud cálida y generosa. Los puntos en
contra es la tendencia a ser excesivamente egocéntricos,
siempre preocupados por la impresión que causan
y por expresar su creatividad olvidando que existe otros
seres y otras personalidades que no están obligados
a girar alrededor de su ser. Corren el riesgo, por ser
tan autoreferenciales de cometer la torpeza de ser un
Luis "el Rey Sol" y no ver que se viene la
Revolución Francesa munida de guillotina...
En el equipo campeón de las estrellas leoninas
juegan de delanteros, el astronauta Neil Amstrong, el
industrial alemán Alfred Krupp, el actor Robert
de Niro y Napoleón Bonaparte. De medio campistas,
el monje Rasputín, los directores de cine Román
Polansky y Alfred Hitchcock y de defensores, el "rolling"
Mike Jagger, el campeón mundial de boxeo Carlos
Monzón, Fidel Castro y en el arco, Benito Mussolini.
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